Alianza Editorial. Comunicación, 2004
84-206-5736-0
Ramón Alberch Fugueras y José Ramón Cruz Mundet, 2004
Curioso libro este, escrito por dos españoles. Dentro de una temática de los más variada, el denominador común a todos los pequeños artículos que lo componen es el documento, bajo cualquiera de las formas en que pueda presentarse.
Los manuscritos del Mar Muerto. Interesante resumen sobre cómo fueron encontrados, amén de toda la trayectoria y vicisitudes hasta llegar a la actualidad; la polémica que encierran, no sólo por ser lo que son, sino también por el trato y ocultismo con que se han tratado.
Falsarios y falsificaciones que han hecho historia. La trayectoria de la falsificación de documentos, sobre todo relativos a cuestiones de herencias y genealogía, desde los primeros tiempos de las tablillas con escritura cuneiforme hasta la actualidad, con algunos ejemplos típicos. Nada sobre falsificación de documentos electrónicos.
La averiguación de nuestros antepasados. El más flojo de todos los artículos, habla sobre genealogías, empresas dedicadas a ello y algo de historia sobre las mismas.
Archivos hundidos mas no perdidos. Aquí se centra en los barcos españoles del Siglo de Oror, barcos hundidos por las fuerzas de la naturaleza o humanas, sobre los rescates de tesoros, el negocio que hay sobre ello, y ejemplos cercanos sobre cómo se busca y encuentra un barco hundido, no en el mar, sino buceando entre los legajos y papeles almacenados en cientos de lugares. Las personas que se dedican a ello y lo provechoso que puede resultar.
El asunto del oro nazi. Este es muy fuerte, y sin pelos en la lengua, los autores se tiran de cabeza a documentar los hechos por todos conocidos -pero por casi nadie reconocidos- sobre la desaparición del patrimonio de los desaparecidos en los campos de concentración, de los fondos de oro de las naciones conquistadas por los alemanes, y de los propios fondos que, una vez terminada la guerra, fueron a parar a diversos lugares. Suiza, Argentina, España, colaboradores directos o indirectos sobre el tema, todos culpables, que encima se niegan a reconocer derechos, destruyen documentos y, cuando ya no pueden más, reconocen a regañadientes lo que es un secreto a voces. Un escándalo mayúsculo que apenas se puede ocultar.
Boix y el juicio de Nuremberg. Curioso este artículo, y que por lo menos a mi me pilla un poco por sorpresa. Resulta que un tal Francesc Boix, catalán y fotógrafo de oficio, se ve internado en el campo de concentración alemán de Mauthausen y, gracias a su oficio, sacó fotos de muchas cosas. Recibida la orden de destruirlas cuando los alemanes perdieron la guerra, en lugar de ello, con ayuda de otros prisioneros, las puso a buen recaudo; luego esas fotos sirvieron para demostrar que ciertos indeseables sí que estaban donde decían que no, y asi, durante el Juicio de Nurenberg, gracias a Boix, fueron condenados.
El oscuro placer de eliminar documentos. Algunos desastres informáticos. Este también tiene sus más y sus menos. Tradición de la España de charanga y pandereta (que dijo aquél), del escribiente de mano izquierda fácil y despreocupado, del político con equvocadas atribuciones y peores intenciones, la idea de la destrucción de documentos no es mas que una via para comunicar toda una serie de desastres, desinformaciones y cosas peores ocurridas especialmente en España pero también en otras partes del mundo. La guerra de Iraq y la destrucción de los fondos documentales estatales, así como otros países y otras guerras y no tan guerras. Estos dos artículos han de leerse de corrido para hacerse esperpéntica idea de lo que nuestros mal llamados padres de la patria hacen por nosotros el también mal llamado pueblo llano.
El valor económico del patrimonio documental. Y si no éste. Si ya eramos pocos, parió la burra. ¿Por qué será que Telefónica de España (siempre jodiendo) aparece cada vez que se habla de venta de bases de datos a terceros? No lo sé, pero en España es así. También habla de los spammers, de la acumulación de datos críticos de los ciudadanos y de su venta. De la Ley de Protección de Datos, etc. Vamos, digno de leerse.
Los archivos en la literatura y los medios de comunicación. Este es el peor de todos, quizás obviable, pues es un denso escrito que nos cuenta la aparición de documentos y documentalistas, archivos y archiveros (casi no puedo resistir la tentación de poner archivistas), dentro de la literatura y demás medios de comunicación. En fin, un canto al archivero de pro.