Cosas mías

June 25, 2005

La Piedra Lunar, Wilkie Collins

Filed under: Lecturas
Leído: Edición Electrónica bajada de por ahí
Disponible: Editorial Bruguera, Libro Amigo, 1512/1023
84-02-09820-7

Moonstone, 1868

Relectura que, para mi propia tristeza, no ha resistido el paso del tiempo. Considerada como la primera novela de corte netamente policíaco (recordemos que anteriormente Edgar Allan Poe escribió dos cuentos precursores del género, y recordemos también la cercanía temporal de otra gran obra policíaca como es El misterio del cuarto amarillo de Gaston Lerroux, así como las inigualables obras de Conan Doyle sobre Sherlock Holmes -próximas relecturas todas-), el género no está formado todavía, pero ya la obra engloba casi todos, sino todos, los elementos que conforman a este tipo de narraciones.

Por un lado tenemos el misterio irresoluble, que en este caso es la desaparación de un diamante de proporciones gigantescas, cuyo nombre da título a la obra. Por otro, una serie de posibles sospechosos en mayor o menor grado, formados por los habitantes de una finca inglesa típicamente decimonónica, criados incluidos. Luego, un sospechoso mayor que es a todas luces inocente, para seguir en escala descendente hasta el último habitante de la casa e incluso algunos vecinos. También está el investigador famoso y de penetrante inteligencia, quien, primero de todo hace aparecer a la policía como estúpida y más tarde se equivoca él mismo. Y, por supuesto, el malo es quien menos sospecha el lector.

Como vemos la obra es precursora de todas las del género, aunque se encuentra narrada de una forma un tanto original y poco utilizada en la actualidad. Igual que en La dama de blanco, los hechos se van describiendo según la narración del personaje más importante del momento, consiguiendo así un collage que diversifica la lectura, aunque en esta obra los estilos entre los diferentes narradores son más uniformes, con la posible excepción del mayordomo Betterdge, su Robinson Crusoe y su punto de vista del mundo un tanto peculiar y misógino.

La obra es larga, da vueltas sobre sí misma y, para más decepción, no se dan todos los datos para que el atento lector pueda resolver el misterio -o al menos acercarse a él. Detallista, barroca, dieciochesca, dickensiana (cómo no), quizás no hubiera sobrevivido al tiempo si no fuera el precursor del género policíaco.

Una anotación, para beneficio del autor: la Piedra Lunar, robada de un santuario hindú, retorna al mismo, no por voluntad de los propietarios europeos (ladrones ellos), sino por la astucia de los cuidadores originales de la piedra, cerrando así el círculo. Si el autor hubiera querido, habrían atrapado al los poseedores originales, pero, quizás para no atentar contra la ideología centrada en el europeismo del bienpensante lector de la época en que fue escrita, y sin emisión de juicio de valor alguno por parte del escritor, Collins justifica indirectamente a los hindúes ladrones, pero los castiga con una penitencia mayor por haber matado a cierto europeo. Y, por supuesto, la piedra es restituida, cerrando magistralmente la novela y compensando a todos.

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