Cosas mías

July 17, 2005

Criptonomicón, Neal Stephenson

Filed under: Lecturas
Ediciones B, Nova, 148, 151 y 154, 2002
84-666-0621-1, 84-666-0710-2, 84-666-0863-X

Cryptonomicon, Pedro Jorge Romero, 1999

Releer este libro me ha servido para que me guste más de lo que me gustó en la primera lectura que hice. Esto suele reslutar bastante raro en mi caso, así que la obra queda indefectiblemente unida a otras como Dune, El Mundo de Río, Mundo Anillo, Forastero en tierra extraña y pocas más.

La novela son dos novelas en una, casi independientes excepto por ciertos guiños -por citar al prologuista- que Stephenson nos va dejando caer como si no vinieran a cuento. En la primera se nos narran las vicisitudes de cierta gente durante la Segunda Guerra Mundial, y en la segunda, los descendientes de éstos, llevan a cabo otras acciones más acordes con los tiempos actuales, pero con el mismo exotismo. Y si quieres saber más de la trama, pues te lees el libro (bueno, los tres tomos).

Ya se ha dicho hasta la saciedad, pero yo voy a repetirlo. Estoy bastante enfadado con Ediciones B por lo que han hecho con el libro, partiéndolo en tres tomos y vendiéndolos independientemente. Entiendo que la obra es excesivamente larga para caber en un sólo tomo, pero resulta que mi anterior lectura fue Nueva Guía de la Ciencia, más de 1100 páginas en solo tomo que no resulta inmanejable ni excesivamente pesado. Y si hacemos caso a otras editoriales como Gigamesh, con su Tormenta de Espadas (próxima lectura), te venden el libro en dos tomos y a un sólo precio (otra cosa es que tiendas listillas los partan y los vendan por separado, léase El Corte Inglés de Alicante).

El libro es maravilloso en cuanto a desarrollo y contenidos, con ese paralelismo entre el Waterhouse de la Segunda Guerra Mundial y el actual, Bobby Shaftoe, el super marine raider y los Shaftoe actuales, el impertinente Enoch Root, que no es otro que el Judío Errante de cierta tradición judeocristiana (recordemos que dicho personaje se le suele aparecer a cristianos), mostrando lo último de la alta tecnología en las dos épocas, todo sueño de un hacker actual, ver cómo se las ingeniaban los criptoanalistas europeos en la Segunda Guerra Mundial.

Y es que este libro combina lo mejor de la novela histórica, ciberpunk, y otros géneros, para convertirse en un palimpsesto casi mágico, con escenas apoteósicas e irrepetibles, como el estudio que Waterhouse hace de sus masturbaciones, las de Bobby haciendo cosas completamente incomprensibles para él -pero no para nosotros-, o el encarcelamiento del Waterhouse moderno en una prisión asiática, así como la unidad de RAM que Waterhouse construye con tubos llenos de mercurio, y otras muchas más.

Nueva Guía de la Ciencia, Isaac Asimov

Filed under: Lecturas, Ciencia
Plaza & Janés Editores, Los Jet de Plaza & Janés, 136/23, 1985
84-01-49673-X

Asimov’s New Guide to Science, 1984

Es agradable releer viejas glorias, aunque consten de más de mil cien páginas de letra densa y condensados e intensos contenidos. Pero todavía es más agradable ir recordando cómo ese libro despertó en mi la pasión por la ciencia; realmente, este libro no fue el que lo hizo, sino una edición anterior, más obsoleta todavía, conocida como Introducción a la Ciencia y editada por la revista Muy Interesante, tapa dura de color rojo y en dos tomos.

El libro es un resumen global de todos los conocimientos científicos -por oposición a los tecnológicos- que se conocián en la época del autor, masticados y tranformados para que cualquier lector sin estudios sea capaz de entender y maravillarse de la magia de la cienca; entremezclados con la evolución histórica de los mismos, Asimov nos da una versión un tanto excesivamente sansimoniana de la investigación científica, tanto en el ámbito de las ciencias físicas como en el de las químicas, biológicas, sociales y naturales.

La visión de Asimov es optimista, demasiado optimista, en contraposición con la lectura de Una breve historia de casi todo, que refleja de forma mucho más realista el diario devenir de la investigación científica, con sus disputas, envidias y diatribas varias. Ignoro si Asimov era consciente de ello, pero lo cierto es que su visión de la ciencia fue relativamente simplista, optimista y basada más en el razonamiento que en el azar y las casualidades.

De todos modos, para quien quiera tener una visión completa del saber humano, este es su libro. Que lo lea, pero que lo lea con cierto escepticismo y rigor crítico. Y para muestra un botón. Los griegos acertaron en la teoría atomística porque fue una de tantas y tantas teorías expresadas por ellos; es por tanto, un mero acierto dentro de infinitas tonterías y sinsentidos. Con esto quiero decir que ciertos autores nos hacen ver los aciertos de alguien mientras que ocultan los errores, de forma que la visión global queda sesgada y poco seria.

Curioso es, también, ver cómo la ciencia ha superado ampliamente ciertos temas que en el libro quedan como grandes misterios sin resolver, como la existencia de agujeros negros, la explicación de los quasares o de las enanas marrones. Mientras lees el libro te dejan un cierto sabor “arcano”, de ancianidad bien llevada.

Curiosidades.

En el final de la página 791 y principio de la siguiente hay unas frases que me han dejado helado, no por el texto en sí, sino por la conformidad implícita del autor con ellas. Ahí van: “No obstante, y pese a todo, Shockley, el coinventor del transistor, obtuvo cierta notoriedad por sí mismo al mantener la idea de que los negros eran significativamente menos inteligentes que los blancos, debido a sus factores genéticos, por lo que todos los intentos para mejorar a los negros, concediéndoles una igualdad de oportunidades, se hallaban abocados al fracaso. El psicólogo gremanobritánico Hans J. Eysneck también apoyó este punto de vista.” Luego pasa a otros menesteres. Siento verdadera vergüenza ajena, no por el texto en sí, puesto que si Shockley lo dijo no hay que ocultarlo, sino por la falta de sensibilidad de Asimov ante el tema. Personalmente creo que eso no es cierto, pero, aunque hipotéticamente lo fuera, eso de no dar igualdad de oportunidades, junto con la temática del párrafo se acerca asintóticamente al pensamiento que llevó a cometer cierto holocausto… recordemos que Asimov es judío.

Y como no podía ser menos para Asimov, que se cita a sí mismo como un ser lleno de vanidad y egocentrismo en otros lares, incluir sus tontas tres leyes de la robótica en plena discusión sobre robots y autómatas, encajadas con calzador y sin mucho sentido dentro del discurso. Página 1118.

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