Nueva Guía de la Ciencia, Isaac Asimov
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Asimov’s New Guide to Science, 1984
Es agradable releer viejas glorias, aunque consten de más de mil cien páginas de letra densa y condensados e intensos contenidos. Pero todavía es más agradable ir recordando cómo ese libro despertó en mi la pasión por la ciencia; realmente, este libro no fue el que lo hizo, sino una edición anterior, más obsoleta todavía, conocida como Introducción a la Ciencia y editada por la revista Muy Interesante, tapa dura de color rojo y en dos tomos.
El libro es un resumen global de todos los conocimientos científicos -por oposición a los tecnológicos- que se conocián en la época del autor, masticados y tranformados para que cualquier lector sin estudios sea capaz de entender y maravillarse de la magia de la cienca; entremezclados con la evolución histórica de los mismos, Asimov nos da una versión un tanto excesivamente sansimoniana de la investigación científica, tanto en el ámbito de las ciencias físicas como en el de las químicas, biológicas, sociales y naturales.
La visión de Asimov es optimista, demasiado optimista, en contraposición con la lectura de Una breve historia de casi todo, que refleja de forma mucho más realista el diario devenir de la investigación científica, con sus disputas, envidias y diatribas varias. Ignoro si Asimov era consciente de ello, pero lo cierto es que su visión de la ciencia fue relativamente simplista, optimista y basada más en el razonamiento que en el azar y las casualidades.
De todos modos, para quien quiera tener una visión completa del saber humano, este es su libro. Que lo lea, pero que lo lea con cierto escepticismo y rigor crítico. Y para muestra un botón. Los griegos acertaron en la teoría atomística porque fue una de tantas y tantas teorías expresadas por ellos; es por tanto, un mero acierto dentro de infinitas tonterías y sinsentidos. Con esto quiero decir que ciertos autores nos hacen ver los aciertos de alguien mientras que ocultan los errores, de forma que la visión global queda sesgada y poco seria.
Curioso es, también, ver cómo la ciencia ha superado ampliamente ciertos temas que en el libro quedan como grandes misterios sin resolver, como la existencia de agujeros negros, la explicación de los quasares o de las enanas marrones. Mientras lees el libro te dejan un cierto sabor “arcano”, de ancianidad bien llevada.
Curiosidades.
En el final de la página 791 y principio de la siguiente hay unas frases que me han dejado helado, no por el texto en sí, sino por la conformidad implícita del autor con ellas. Ahí van: “No obstante, y pese a todo, Shockley, el coinventor del transistor, obtuvo cierta notoriedad por sí mismo al mantener la idea de que los negros eran significativamente menos inteligentes que los blancos, debido a sus factores genéticos, por lo que todos los intentos para mejorar a los negros, concediéndoles una igualdad de oportunidades, se hallaban abocados al fracaso. El psicólogo gremanobritánico Hans J. Eysneck también apoyó este punto de vista.” Luego pasa a otros menesteres. Siento verdadera vergüenza ajena, no por el texto en sí, puesto que si Shockley lo dijo no hay que ocultarlo, sino por la falta de sensibilidad de Asimov ante el tema. Personalmente creo que eso no es cierto, pero, aunque hipotéticamente lo fuera, eso de no dar igualdad de oportunidades, junto con la temática del párrafo se acerca asintóticamente al pensamiento que llevó a cometer cierto holocausto… recordemos que Asimov es judío.
Y como no podía ser menos para Asimov, que se cita a sí mismo como un ser lleno de vanidad y egocentrismo en otros lares, incluir sus tontas tres leyes de la robótica en plena discusión sobre robots y autómatas, encajadas con calzador y sin mucho sentido dentro del discurso. Página 1118.

pasenmen un resumen de esta obra
Comment by leandro — February 25, 2007 @ 5:25 pm