Yo, Julio Verne, J. J. Benítez
84-320-4201-2
Jar Jar Bentíntez, 1988
Estaba dudando entre poner el tíulo del post tal y como está ahora, y entre nombrar al autor como Jar Jar Bentintez, simplemente para evitar futuras discusiones, o, incluso, no ponerlo. Pero he de hacerlo, porque si no, reviento. En su momento me jodió mucho gastarme el dinero en una biografía de Jules Verne escrita por este elemento, más que nada por ir a engrosar sus arcas monetarias, repletas de dinero gracias a engaños y a otras zarandajas.
El libro se encuentra dividido en dos partes, una primera introducción con una sarta de imbecilidades numerológicas y de las otras, y la supuesta autobiografía del insigne bretón, supuestamente escondida en El testamento de un excéntrico, según el propio Benítez. Pero vayamos por partes.
INTRODUCCIÓN
Qúe desperdicio de casi 70 páginas, completamente llenas de tonterías, a cual de ellas peor. Empieza informándonos de la gestación de este trabajo de investigacón, de cómo en un ir y venir comienza a interesarse por Jules Verne, y del descubrimiento de su secreto, del que no nos cuenta nada. Lógico, si no existe, pero así se hace el intersante, sin saber que ese tipo de recurso literario está más obsoleto que el coche de caballos. Y encima, primeras contradicciones: dice que desde sus comienzos siembre había comentado el hecho de que le gustaría superar a los 65 volúmenes de la producción de Verne (p 21), pero sin embargo, un poco antes dice que Verne fue completamente desconocido (salvo alguna lectura juvenil) para él. ¿En qué quedamos?
Seguimos leyendo. En un vuelo de avión se le ocurre LA IDEA, con mayúsculas. Él es el continuador de Verne, su heredero espiriutal. Lástima de que no exista ninguna forma escrita de expresar mi absoluto descojone sobre el tema. ¡Pero si no le llegas a la altura de la suela de los zapatos! Pretender igualarte a Verne es equivalente a pretender que yo me iguale con Shakespeare o con Cervantes. Y no hablemos del abismo que te separa; en Verne todo está comprobado, es ciencia infusa, tu no escribes más que tonterías relativas a ovnis, apariciones y manchas en la pared con forma de culos, lo tuyo es la ciencia difusa (y que me perdonen por llamarlo ciencia), y cuanto más difusa, mejor. Y el que vendas libros sólo da una idea del nivel cultural de este nuestro país.
Pero si lo de antes se le puede perdonar, lo siguiente, no. Comienza a tomar nombres por aquí, nombres por allí, números por aquí, números por allí, de tal modo que ni siquiera él mismo se entera… para acabar encontrando en El testamento de un excéntrico una supuesta autobiografía… Casi nada. Pero lo bueno del asunto, diciendo que sus libros deben ser interactivos, no da la solución, sino que deja al lector que la descubra. Permitidme que me carcajee un rato.
BIOGRAFÍA
En el texto, ignoro a qué cuento, hay párrafos escritos en negrilla y separados por estrellas de David; supongo que no se trata mas que de otra estupidez más del Benitez.
El comienzo es bastante risible; tras la autopresentación de Verne, Benítez se autovaticina como seguidor y reencarnación de Verne, tema que irá apareciendo en otros lugares del texto, estropeando por completo la continuidad de la narración porque, hay que reconocerlo, el libro está bien escrito (independientemente, claro está, del contenido).
Benítez pone en boca de Verne palabras entresacadas de sus cartas, pocas, y consigue un ambiente bastante centrado en lo que quiere contar: la vida de Verne.
Pero comete varios errores, algunos ya reconocidos, cosa que invalida por completo el hecho de que el texto sea una autobiografía del autor, errores como la escapada a los once años o la de la vuelta forzosa a medio viaje a Europa del norte por el nacimiento de su hijo Michel.
Y es que Benítez, en su afán por contar cosas, cuenta hasta las que se sabe no fueron, y añade otras más, para completar si cabe, el ya extenso (y falso) anecdotario verneano.
Pero lo más risible de todo son esos accesos misticomesiánicos puestos en boca de Verne, fiel reflejo del pensamiento íntimo del autor; si ya de por sí son risibles, el colmo se alcanza cuando despotrica de España (a un Benítez alemán querría yo ver), o cuando piensa que el verdadero sueño del Verne era hablar de Jesucristo, dios (yo siempre lo escribo con minúscula) y de los misterios mesméricos de algún trasñochado borracho. En fin. Si verne levantara la cabeza menudo capón le iba a dar.
Las 260 páginas del libro no caben dentro de El testamento de un excéntrico ni comprimidas con zip; y es una lástima, porque la biografía se deja leer, es interesante y si le quitamos todas esas tonterías místicas, hasta queda creíble. Pero qué le vamos a hacer, Benítez seguirá siendo Benítez, aunque se documente ampliamente (hay que reconocérselo).
