Choque de Reyes, George R. R. Martin
Ediciones Gigamesh, 2003
84-932702-2-9
A Clash of Kings, 1998
Segundo volumen de la monumental Canción de Hielo y Fuego, mera continuación de los hechos acaecidos en el primer volumen de la saga; en este segundo tomo, todos los comentarios realizados para el primero son perfectamente válidos, salvo algunas pequeñas excepciones. Pero antes de nada, un inciso:
Si no has leído el libro, no sigas porque, aunque lo que pueda desvelar de la trama es poco, quizás prefieras entrar de forma inocente en las casi novecientas páginas que conforman este segundo volumen. Y dicho esto, volvemos al asunto.
El título del primer libro es Juego de Tronos, perfectamente aplicado y que describe lo que vas a encontrar en la novela: tramas dentro de tramas dentro de tramas, todas ellas organizadas alrededor del Trono de Hierro. Este segundo volumen se intitula Choque de Reyes y, como tal, ahora hay hasta cuatro reyes diferentes que se disputan los territorios de los Siete Reinos, guerrean entre sí fieramente y se matan unos a otros. Enmedio, hijas, hijos, bastardos y amigos que viven o mueren sin tener culpa. Como la vida misma.
Pero ahora nos vamos adentrando más y más en los motivos de cada uno de los personajes, qué les motiva a comportarse de como lo hacen, y cómo lo justifican. Y este es, quizás, el principal motivo por el que me gusta esta obra: hay personajes buenos y malos (vistos desde nuestro punto de vista occidental y algo -que no mucho- mas civilizado), como es típico en toda obra de este género, y encima están perfectamente caracterizados, en el sentido de que no son ambiguos ni cambian según los tiempos o sus intereses; se trata, sin duda, del eterno enfrentarse entre el bien y el mal. Pero lo curioso es que cuando el autor te pone en el punto de vista de los malos, te das cuenta de que hacen lo que hacen porque no tienen otra salida. No se trata de no encarcelar a este o a aquel, no. Todo el meollo reside en que las circunstancias los obligan a ser así. Pongamos un ejemplo: Cersei. El rey es su hijo, lo tiene que proteger, así como a sus otros familiares; es cierto de que no son hijos de Robert, pero casi no es culpa de ella; la cuestión es que se encuentra ahí y es así como tiene que actuar. La otra opción es la muerte o el destierro o algo peor.
Una de las cosas que menos me gusta es la forma en la que Martin alarga el tema. Lo tiene que contar todo -o casi-, hasta cosas que podríamos omitir sin problema en aras de una mayor brevedad. Pero no, las vidas de todos los personajes han de ser (y estar), completas. Casi nada. A veces empalaga, a veces llega a cansar un poco, pero son tantas y tantas las las cosas que pasan, que es casi imposible no describirlas.
Otro detalle: si cogemos a un personaje y sólo leemos sus capítulos, tenemos una historia completa e independiente. Quizás no de todos ellos, pero sí de los más importantes, como un palimpsesto, al estilo de Wilkins o de Frank Herbert, pero mucho más conseguido.
Ya para terminar, este libro está lleno de acción, de guerras, de incidentes, de muertos… Tanto, que al final las cosas está mucho más deterioradas que al término del primer volumen. Si esto sigue así, veremos quién queda vivo, y cómo, al final del tercer tomo, último publicado en castellano hasta la fecha.
