Cosas mías

September 5, 2005

La jangada, Jules Verne

Filed under: Lecturas, Verne, Jules
RBA Coleccionables, 2002
84-473-32748-5

La jangada. Huit cents lieues sur l’Amazone, 1870 approx.

La edición leída es la más fiel al original en lo poco que he podido consultar. Existe otra edición, de la Editorial Molino (Tapa dura y portada en color amarillo), en la que la traducción difiere en bastante detalles, aunque en lo general sigue la misma línea. Parecer ser que J. M. Huertas (traductor de la edición de Molino), puso algo de su magín a la hora de realizarla, porque algunos párrafos son algo más largos que en la edición francesa, todo eso a pesar de la declaración de intenciones que aparece en la contraportada de la colección.

Publicada en 1880, forma parte del ciclo en el que predomina la aventura sobre los avances científicos, pero todavía sin olvidar la precisión geográfica, botánica y faunística. En este libro no hay ciencia, sólo geografía, mucha geografía, y antropología, aunque ambos temas se encuentran presentes en menor medida que en sus obras del primer ciclo.

Un Capitán de los bosques brasileño, que después sabremos se llama Torres, se encuentra muy lejos de su zona de influencia, y encima ha sido robado por mono, que es matado por el hijo de Juan Garral, de vacaciones en la hacienda de su padre junto a un amigo militar, pero de caza por los alrededores cuando ayuda a Torres.

Juan Garral ha heredado una facienda en las cercanías de Iquitos, en el Alto Amazonas, como consecuencia de su boda con la hija del anterior dueño, y a pesar de su desconocida filiación.

Todo esto es motivo para que Verne nos cuente muchas cosas sobre el Amazonas, sus habitantes (indios, portugueses y extranjeros), así como los medios de transporte y la economía de la zona, puesto que Juan Garral y toda su familia va a descender por el río hasta Belém en una jangada, compuesta de troncos para su venta, y cargada con otros productos también con el fin de ser vendidos en destino.

Pero antes de comenzar el viaje, por una de esas casualidades, se cruzan de una forma un tanto tragicómica –tema tan caro al autor- con Fragoso, un peluquero barbero venido a menos. Lo curioso del asunto es que Fragoso estaba intentando suicidarse. En una lectura rápida o infantil, parece que simplemente se había enredado en la liana, pero lo cierto es que se trataba de un intento de suicidio, abortado por los dos cazadores. También son un poco escatológicas las descripciones de la recuperación del cadáver de Torres, que aparecerán casi al final del libro. Para que luego digan que Verne escribió para niños. Sumemos la prohibición de cazar que una de las mujeres les hace a los hombres antes de encontrar a Fragoso, que éstos respetan. Casi nada, dada la ideología de Verne.

Se ha dicho que los viajeros vernianos llevan la casa a cuestas, como caracoles burgueses, y esta novela no iba a desmentir el hecho; en la jangada se han construido toda una serie de edificios para uso de la familia y de los criados, como si no se estuvieran desplazando: “En pocos días, el interior estuvo enteramente arreglado de modo que se creería estar en la misma casa de la hacienda, y no se hubiera deseado otra para vivir sedentariamente…”. Jules Verne dedica nada más y nada menos que dos capítulos para describir la jangada y sus disposiciones.

Durante el viaje se inicia un romance, apenas apuntado por el autor, entre la criada de la hija de Juan Garral y Fragoso. Así que, sin quererlo ni beberlo, a la llegada a Belém, habrá dos bodas: hija (con el militar amigo) y criada; aunque no tengan mucho brillo en esta novela, los criados y los indios del patrono son como de la familia (otro tópico en el burgués Verne). Respecto a la trama amorosa, está presente pero no aparece; el lector sabe de los prometidos, pero no hay escenas de ambos juntos ni nada que se le parezca.

El camino discurre sin problemas hasta la llegada a Manaos, aunque durante el mismo, sin saber quién es, recogen a Torres y posteriormente sufren el ataque de unos cocodrilos, felizmente solventado.

A la entrada de Manaos, Torres se quita el velo, y primero cuenta la triste historia de Juan Dacosta, acusado de un crimen que desde el primer momento sabe el lector que el citado no cometió, para luego acusar a Juan Garral de ser Dacosta y chantajearlo pidiéndole la mano de Minha, su hija. Juan Dacosta, asqueado, le dice que no y Torres huye. Al día siguiente se iban a celebrar las bodas de forma adelantada, pero llega la justicia de Manaos y arresta a Juan. Y aquí acaba la primera parte del libro.

En la segunda ya no hay viaje; se trata de la historia de la espera de la llegada de la confirmación de la sentencia desde la capital y la resolución de un criptograma. Creo que es la única novela de Verne en la que el viaje (iniciático o no), se ve interrumpido de esta manera. Mientras que en otras obras el viaje es el fin, en ésta es el medio.

En esta novela no hay personajes encriptados (excepto, quizás, Fragoso), pero en su lugar lo que hay es un criptograma. Dedica dos capítulos a explicar las formas y los métodos para su resolución, así como los intentos del juez Jarríquez para resolverlos, aunque el enigma está presente en toda la segunda parte.

Homenaje a Poe y su Escarabajo de Oro, que Verne cita en el propio texto, como no podía ser menos dada la admiración que sentía por el autor norteamericano; hay, sin embargo, una anécdota que embargó a Verne de estupor. La novela, como era habitual, se iba publicando por entregas semanales en revistas, por lo que nadie salvo los impresores, el autor y Hetzel podían conocer la solución al mensaje encriptado; sin embargo, pocas semanas después de comenzada la publicación, alguien ya lo había resuelto, incluso sin disponer de la palabra clave para ello, cosa que dejó patidifuso a Jules.

Al final, como es lógico, todo se resuelve correctamente, y los protagonistas continúan viaje hasta Belém, descrito muy someramente en las últimas páginas.

La historia tiene moraleja, aunque no se presente como tal. Se trata de la oposición entre Fragoso y Torres. Mientras que el primero es bueno y triunfa (de hecho averigua sin saberlo la clave para resolver el acertijo), el segundo es malo y muere.

Fragoso en inglés significa rocoso, duro como la piedra, casi lo mismo que en portugués, aunque por otro lado también es un apellido normal. Torres también implica sensación de fuerza, de solidez, dureza. Se trata, pues, de una batalla entre dos elementos duros, resistentes, pétreos; con Verne sólo podría triunfar, claro está, Fragoso.

Un tema que creo ha pasado desapercibido por los estudiosos de Verne es la cuestión ecológica. Verne es un rabioso ecologista, en la mayoría de sus obras no para de afirmar que tal o cual animal va a desaparecer si se sigue sobre explotando; en esta, las tortugas y los manatíes son sus defendidos. Qué lástima que no emita juicios de valor sobre esto, sino que simplemente se dedique a citarlo.

Desde mi punto de vista la novela sólo tiene un inconveniente, que se salva gracias al honor de la familia Dacosta; cuando Torres se pone farruco en el capítulo veinte, si en lugar de echarlo lo atrapan, nada hubiera ocurrido, o al menos las cosas se hubiesen desarrollado de diferente forma.

El itinerario del viaje es sencillo de seguir: tan sólo hay que comenzar en Iquitos y descender por el río Amazonas, pasando por Tabating (frontera Brasil-Perú), Sao Paulo de Oliveira (2 de julio), San Antonio de Izá (8 de julio), Tonantes (9 de julio), Jutaí, Fuente Boa (18 de julio), desembocadura del río Tifé (25 de julio), lago Coary (2 de agosto), Boca del Purús (14 de agosto) y finalmente, Manaos. Estas son las referencia que aparecen en las páginas 450 y 451 del Gran Atlas Mundial Ilustrado Geographica, de Köneman en la edición de 2003.

“-Pero si todo sirve en la naturaleza –preguntó la joven-, ¿para qué sirven los mosquitos?
“-Para hacer la felicidad de los entomólogos –Respondió Manuel-, …

“-Sí, señor Benito, pero yo lloro riendo.

“Ya se sabe que la guerra fue durante largo tiempo el más seguro y el más rápido medio de civilización.”

“… , pero los maridos encontraban ridículo gastar algunos reis para satisfacer los caprichos de sus coquetas medias naranjas.”

“Lo que les decía era lo que dicen todos esos charlatanes que ponen sus servicios a la disposición del público, y que son Fígaros españoles o peluqueros franceses. En el fondo el mismo aplomo, el mismo conocimiento de las debilidades humanas, el mismo género de chanzas desgastadas, la misma exterioridad divertida, y por parte de aquellos indígenas, el mismo embobamiento, la propia curiosidad e igual credulidad que la de los papanatas del mundo civilizado.”

“Se ha perseguido tanto a aquellos pobre cetáceos, que empiezan a ser bastante raros…”

“Si se añade a eso que el animal es de una captura relativamente fácil, no admirará que la especie tienda a su completa desaparición.”

“-Dejad obrar a la justicia de los hombres y esperad la justicia de Dios”

“Afortunadamente era soltero, pues de otro modo la señora Jarríquez hubiera pasado algunos malos ratos.”

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