Cosas mías

December 30, 2005

Hal Clement: Misión de gravedad

Bajado de Internet.
[No he encontrado edición en papel]

Nada más comenzar te sientes un tanto confundido hasta que te das cuenta del punto de vista desde el que se está narrando, pero enseguida coges el hilo y te sumerges en una lectura bastante intensa por lo singular del planteamiento y de la acción.

La novela es enormemente entretenida, la acción está dosificada lo justo para que te apetezca continuar leyendo hasta acabar por completo el libro.

No voy a comentar nada del argumento para dejar que sea el lector quien se maraville de todo lo que va sucediendo; tan sólo diré que se trata de ciencia ficción hard, de que aparecen extraterrestres y de que éstos son tanto o más inteligentes que los humanos, aunque menos evolucionados.

Y nada más.

December 22, 2005

Paul Sussman: El Guardián de los Arcanos

Filed under: Lecturas, Literatura
Círculo de Lectores, 2005
84-672-1180-6

The Last Secret of the Temple

Dentro del género puesto de moda con la novela El código da Vinci, esta obra sobresale por la seriedad con que ha sido tratado el tema, lo que conduce, indudablemente, a un desarrollo mucho menos fantasioso y mesmérico que sus hermanas. Quizás no le guste a mucha gente, pero lo cierto es que el tema esotérico y el desarrollo de la acción están perfectamente equilibrados, de menos a más, hasta la apoteosis y explicaciones finales.

Dentro del más profundo estilo policiaco y con una prosa ágil y dinámica, sencilla, el libro comienza con la muerte de un misterioso personaje en unas ruinas egipcias; la investigación, llevada a cabo por un policía experto e incorruptible, irá adentrándonos en mil y una facetas de la vida del moderno Egipto, Palestina e Israel, pues Sussman no duda en mostrarnos la visión de todas las partes en el eterno conflicto de Oriente Medio, con las luchas político-religiosas sin fin.

Y es que en esta novela podemos encontrar de todo. Misterios de los cuales vamos haciéndonos nuestros barruntos y que terminan demostrando la enorme sagacidad del lector (al más puro estilo de Sherlock Holmes), otros no tan fáciles de adivinar y otros más que el autor reserva para el golpe de efecto final, inimaginables pero no desagradables.

Y en medio de todo esto, luchas políticas, sociales, elementos de la actualidad más candente y terrible. Podemos situarnos en el pensamiento de un palestino suicida, de un judío no practicante, de un árabe musulmán, de una periodista socialmente inadaptada… El lector se da así cuenta del gran problema que existe en la zona, pues ve con otros ojos que todas las partes tienen sus razones para realizar los actos que llevan a cabo.

El final me parece demasiado políticamente correcto, quizás un requisito editorial, quizás fiel reflejo de los deseos y anhelos del autor y de mucha otra gente, quizás, simplemente, una forma como cualquier otra de terminar un libro de acción, política y misterio.

December 17, 2005

Vicki Sherpa. Una maestra en Katmandú, Victòria Subirana

Filed under: Lecturas, Literatura
Círculo de Lectores, 2002
84-672-0138-X

Victòria Subirana Rofríguez, 2002

Hay libros que despiertan en el lector una sensación de amor o de odio irracionales, una sensación de que lo que estás leyendo te gusta tanto que te ves incapaz de dejarlo, o justo la contraria, en la que apenas puedes aguantar el tono insufrible del mismo, desagradándote tanto el contenido como el continente, es decir, el tema y la forma en que ha sido escrito.

Pero lo curioso es que este libro ha despertado en mí ambos sentimientos simultáneamente, en una especie de situación en que odias algo pero que no puedes dejar de tenerlo o de mirarlo. Y es que Vicki es mucha Vicki. Mezcla de niña pijo tonta y consentida y de persona profundamente apenada e interesada en las miserias humana, decide viajar al Nepal a fundar una escuela para niños pobres con la misma determinación y alegría con que uno se va a la panadería a comprar el pan.

Independientemente de la labor social realizada por esta chica, el libro adolece de ciertos descuadres temporales y cierta falta de rigurosidad, pues unas veces no sabes dónde estás y otras te quedas pasmado ante las contradicciones –supongo que aparentes-, caprichos y situaciones un tanto estrambóticas.

Y pongo un ejemplo. Al principio del libro, cuando Vicki está enseñando en la primera escuela, le arma un pitote de miedo al director del centro con el tema de los uniformes y de la puta corbatita; luego, cuando ella tiene escuela propia, lo primero que hace es diseñar un uniforme para sus alumnos. ¿En qué quedamos? ¿Es beneficioso que los chicos lleven uniforme o no? ¿Qué problema hay en que lleven corbata?, porque no dices el motivo por el cual es malo.

Y otro. Te vas a Nepal por tus medios, trabajas en la escuela del señor Pemba, y de repente aparecen por arte de birlibirloque ciertas clases en la universidad. ¿Qué universidad?

Y otro, este genérico. Parece ser que Vicki se fue por esos lares sin saber nada de la cultura a donde se dirigía, pues hasta de las castas se asombra, tema que hasta yo mismo conozco, y eso que no me importa nada el tema y el único libro de corte hindú que he leído ha sido “Siete años en el Tibet”.

Y luego están esos cambios de humor bruscos, esas variaciones instantáneas entre el escándalo más absoluto y la maravilla más emocionante.

Vive un año en Nepal. La van a expulsar y ella no quiere irse. Decide casarse para que no lo hagan, y un año después de casada coge y se vuelve a Barcelona por voluntad propia. En fin.

Y no sigo…

En defensa de Vicki he de decir que es una chica sin pelos en la lengua, con una determinación fría y quirúrgica en lo que a ella le interesa (en ese momento, porque de repente puede cambiar de opinión), que despotrica con bastante sentido y denuncia en este libro muchas cosas, tanto en España como en Nepal.

Por cierto, según Sacri Buesa la invasión China del Nepal no se produjo. Hay que joderse. Menos mal que el libro es un regalo y sirve para colaborar, que si no lo devuelvo.

December 16, 2005

La misteriosa llama de la reina Loana, Umberto Eco

Filed under: Lecturas, Literatura
Círculo de Lectores, 2005
84-672-1095-8

La misteriosa fiamma della regina Loana, 2004

Si hay que reconocerle algo a Eco es la profundidad y originalidad de sus novelas (quitando, claro está, El Péndulo de Foucalt). Y en este caso nos ocurre lo mismo. Por boca de un amnésico, Eco recorre un mundo mágico, centrado en los libros, lleno de esa maravilla que nos emociona al recordar lecturas pasadas y queridas.

No se trata de un mero recorrer un libro detrás de otro, sino de un encadenamiento maravilloso, una mezcla de buena literatura, con el imperecedero recuerdo de lecturas infantiles y juveniles, acompañado de imágenes, fotos y portadas de la época.

Pero Eco no sólo nos habla de libros, sino también de periódicos, tebeos –recordemos que en épocas pretéritas la palabra comic no existía- y música. Todo ello escrito en un bello tono retrospectivo mezclando vivencias y fantasías, enlazándolo todo en un continuo fluir suave, dulce y profundo.

Reconocemos en este libro a un Umberto Eco fino, sensible y dotado del don necesario para transmitir ese sentido de la maravilla que nos embarga cuando entramos en un ático lleno de polvorientos cachivaches, sean propios o ajenos.

Pero no todo ha de ser dicha. Las dos primeras partes son así; la tercera, no. Menos mal que es la más corta de las tres. En esta tercera parte nos cuenta vivencias personales –pues ya ha recobrado la memoria nuestro personaje- mezcladas con sensaciones oníricas e irreales, cayendo el interés en picado hasta perder por completo ese tono inigualable y fenomenalmente fluido. Como si el autor se hubiese cansado.

Mezclado entre los comentarios sobre libros, revistas y demás Eco nos cuenta cómo fue la época situada antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial en el norte de Italia, comparando noticias y jugando un poco con lo que la censura dejaba pasar y lo que no.

En fin, que se trata de un buen libro aunque el final desmerezca un poco. Eso sí, sólo si te gustan los libros que hablan de literatura.

El título de la novela tiene relación con la versión italo-fascista de una de reconcido renombre, a la que en mi opinión Eco no le hace justicia; su autor fue Henry Ridder Haggard, y el título de la misma lo dejo como ejercicio para clase.

December 11, 2005

La Fontana de Oro, Benito Pérez Galdós

Santillana Ediciones Generales, 2003
84-03-09472-8

Del Fondo Editorial Aguilar, Obras completas de Benito Pérez Galdós, vol II, pp 5-183

Galdós teje alrededor de la tertulia de La Fontana de Oro, una trama en la que mezcla por igual los acontecimientos del devenir histórico con las vicisitudes personales de los personajes que la pueblan; pese a ser la primera novela escrita por él, ya se muestra el Galdós que todos conocemos en su justo –y espectacular- esplendor.

Novela estrictamente realista, el autor va imbricando con mágica destreza los hechos personales dentro de una serie de acontecimientos históricos reales, como fue el intento de instaurar una monarquía absolutista mediante el asesinato de los principales dirigentes, reunidos en la casa de uno de ellos para tratar asuntos de estado.

Un joven político de provincias se ve arrastrado al centro de la conspiración casi sin quererlo, a causa de su tío, agente del Rey, que es el artífice de todo el asunto. Pero el desarrollo paralelo de una trama amorosa –amorosa para la época bienpensante- hace que este chico se de cuenta de lo que ocurre y consiga abortarlo todo.

Y no podemos olvidarnos del aspecto humorístico, representado esta vez por las tres damas venidas a menos, artífices de la religión y de la rectitud honorable… hasta que ciertos acontecimientos desencadenan escenas verdaderamente hilarantes, llenas de fino humor y, por qué no, sátira al más alto nivel. Y es que Galdós se las pinta solo para estas escenas, aunque hemos de reconocer que no son las de Torquemada.

December 8, 2005

Aventuras de un niño irlandés (o Pequeño Bonachón), Jules Verne

RBA Coleccionables S. A. Biblioteca Julio Verne, 2003
84-473-3005-2

P’tit Bonhome (trad. de Sáenz de Jubera)

¿Quién ha dicho que Verne escribe para niños, que su literatura es poco menos que conformista y adecuada para la gente bienpensante? Desde luego, quien se haya atrevido a afirmar tales cosas es que no ha leído esta novela.

Publicada en 1893 en el Musee, se trata de una desesperada llamada para solucionar la terrible miseria en la que vive la comunidad irlandesa, fuertemente sometida por los ingleses, representados en los grandes terratenientes que dominan con la espada a las pobres gentes que apenas consiguen sustentarse con lo poco que les dejan. Y no son mis palabras, sino las del propio Verne, volcadas en muchos lugares dentro de la novela.

Quizás Hetzel se escandalizó, quizás lo dejó pasar por ser fiel reflejo de la triste realidad, pero en esta obra Verne no se muerde la lengua: llama a cada cosa por su nombre, sin eufemismos, y la miseria brilla por su presencia, así como los juicios sociopolíticos. Estamos ante un Verne extremadamente duro, cruel, ardientemente fijado en denunciar la degradación social y moral a la que ha llegado la sociedad católica irlandesa bajo la férula protestante anglicana.

Y es aquí donde encontramos, quizás, la justificación. En la época en la que escribió esto, Verne ya odiaba a los ingleses y a lo que representaban; se le presenta así el medio justo de despotricar y quedar bien. Añadamos que para el autor los irlandeses son todos católicos y los ingleses protestantes y tendremos todos los datos necesarios para juzgar.

Pero no todo iba a ser un camino de rosas, no. En este libro se nos presenta también, claramente, la forma que Verne tiene de tratar al dios de los cristianos. Creo reconocer que la palabra dios no aparece en ningún lugar de la novela; cuando se tiene que referir a él, siempre emplea circunloquios o lo llama “providencia”.

Aparecen otros temas recurrentes, pero en menor medida. El viaje iniciático está claramente bosquejado en la propia persona de Hormiguita, desde su más tierna infancia y el gran cúmulo de penalidades como primera etapa. En la segunda, Hormiguita se desplaza a la vez que va consiguiendo superarse a sí mismo, construyéndose a su alrededor toda una serie de seguridades y defensas, y en la tercera es cuando se convierte en todo un hombre, al pasar felizmente la prueba del naufragio. ¿Qué cuál es el premio? Pues la felicidad en el matrimonio, el éxito comercial y el haber encontrado a todos aquellos que le ayudaron en su devenir.

No he encontrado ninguna referencia, y creo que hasta ahora nadie lo ha nombrado, pero esta novela es un tributo a Dickens, a los personajes típicamente dickensianos y a su forma de contar. El subtítulo podría haber sido “una novela al estilo de Dickens”.

Quizás, amigo lector, el título de la novela te resulte extraño o incluso desconocido. Yo al menos también lo he visto traducido como Pequeño bonachón, traducción mucho más cercana al título original de P’tit Bonhomme.

Hormiguita es un niño huérfano al que nadie quiere y es recluido en una casa para huérfanos tras haber sido rescatado de un malvado feriante y recluido en una casa para huérfanos en Irlanda. Allí no vive mucho mejor que con su anterior amo, o incluso la vieja de la que huyó anteriormente, pero al menos otro de los chicos lo protege y finalmente lo rescata cuando la casa se incendia por negligencia de otros chicos.

Una actriz de moda lo recoge como si fuera un muñeco –para ella no es más que otro de sus caros caprichos- y lo tiene unos meses, hasta que lo obliga a actuar y el chico, creyendo que el escenario es la realidad, huye.

Es entonces recogido por unos agricultores pobres, que le dan comida y techo; Hormiguita se lo agradece ayudando todo lo que puede, pero llegan malas cosechas y son brutalmente echados de sus tierras por no poder pagar. Hormiguita, en el desorden consiguiente se pierde y comienza a vagar de un lugar a otro, hasta que es acogido como grrom del hijo de un lord inglés residente en la zona, pues éste le entrega un cartapacio con datos vitales que el noble había perdido.

Cansado de ser el juguete de su amo, decide escapar y con el dinero conseguido como pago comienza a comerciar, vendiendo y comprando. También encuentra a un compañero, fiel reflejo de sí mismo. Es aquí cuando Hormiguita consigue ir levantando cabeza y llegar a ser, al final, un hombre de pro.

Infintas podrían ser las citas recogidas del libro, por lo que vamos a mostrar sólo unas cuantas del principio, como forma de resumen:

“Son los tales, niños huérfanos o abandonados por sus padres, que la mayor parte no han conocido. Nacidos en el arroyo y recogidos en las calles, a las que volverán cuando tengan edad para trabajar. [Aparte] ¡Qué degradación moral! ¡Qué aglomeración de larvas humanas destinadas a convertirse en monstruos!, porque de aquellos granos arrojados al azar entre piedras, ¿qué podrá salir?”
“Algunos estaban enfermos, y como acabamos de ver, estos niños daban un gran contingente a la mortalidad, lo que no era una gran pérdida a juicio del médico.”

“Pero los criados les hubiesen echado como a los perros, o lo que es peor, como a los mendigos, pues en rigor los perros pueden recibir alguna caricia…”

“Entonces, en vez de tender la mano, preguntaba si había algún recado que hacer, evitándose al menos la vergüenza de mendigar. Un encargo a aquel chico de cinco años ya se sabía lo que representaba, y alguna vez le arrojaban un pedazo de pan que él tomaba llorando. ¿Qué queréis? El hambre…”

December 7, 2005

Isaac Newton, una vida, Richard S. Westfall

Filed under: Lecturas, Ciencia
Cambridge University Press, 2000
0-521-47737-9

The Life of Isaac Newton

Este libro es un resumen de otro, todavía más extenso, que el autor decidió abreviar, eliminando todas las citas técnicas y cortando las exposiciones sobre los trabajos de Newton, dejando sólamente lo imprescindible para entender el desarrollo de los acontecimientos. Aun así, algunas páginas resultan un tanto arduas de seguir, por lo técnicas o detallistas, ya que nos encontramos con una de las biografías más rigurosas y amplias que he podido leer hasta ahora.

Aquí veremos al Newton genial, único, mente privilegiada y lúcida donde las haya, y también al Newton retraído y monomaníaco, profundamente antisocial, amén del mezquino, manquinador sin escrúpulos, dominante. Lo veremos en sus comienzos, aislado, huyendo de la fama y del reconocimiento; lo veremos inmerso en los más absurdos estudios alquímicos y bíblicos; y también lo veremos machacando a muerte a sus enemigos, reinando como un emperador absolutista sobre la comunidad científica inglesa y casi mundial.

Tras un repaso a toda la genealogía conocida, Westfall no cuenta que Newton nació en una acomodada familia de la campiña inglesa, pero que desgraciadamente no conoció a su padre, que murió antes de nacer él. A los 3 años, su madre se casa de nuevo y deja al niño al cuidado de sus abuelos en la mansión de Woolsthorpe, parte de un futura herencia paterna. Junto a la hacienda, su madre le compra más tierras y, una vez vuelta a enviudar, retorna a Wollsthorpe a vivir cun su hijo.

Newton es un chico tremendamente inteligente pero solitario, travieso en extremo, y siempre está peleándose y vengándose de sus compañeros y familiares, y sus travesuras a veces son terribles, dada su inteligencia. Comienza el colegio en el último puesto, pero enseguida avanza hasta ser el primero de la clase. Mañoso, construye maquetas de todo, artefactos que funcionan y que lo abstraen hasta casi incluso de comer. Ya de pequeño mostraba los inicios de lo que sería toda su vida cuando está inmerso en un proyecto. Prefiere jugar con las niñas, por lo que todavía se aísla más de sus compañeros.

Una vez terminados sus estudios vuelve a la hacienda para ocuparse de ella, pues ese es el destino al que su familia aspira, pero Newton es demasiado distraído, le atraen otras cosas completamente diferentes a la gestión, se olvida de sus tareas y prefiere encargárselas a otros. Esto, junto a la opinión de sus maestros, motiva que ingrese en la universidad.

En junio de 1661 entra en Cambridge como sizar (o estudiante sirviente); pronto destaca en ciencias -justo la orientación contraria a la universidad, más orientada hacia la teología y estudios más clásicos-, destandiendo los estudios oficiales, que le resutan sin sentido. No obstante, cuando ve que si no pasa los exámenes no continuará estudiando, se esfuerza y al final conseguirá pasar, quizás ayudado un poco por las influencias de Barrow, que cree en él, o de Babbington, que posteriormente lo utilizará de puntal político.

Desde sus comienzos de estudiante escribe en una serie de cuadernos, en lo que lo organiza y anota todo; gracias a ellos ahora se conoce tanto sobre sus cosas y sus obras. Ya en su juventud anota sus dispcrepancias sobre temas matemáticos y de óptica; lee a Descartes -que no le gusta- y en sus experimentos sobre óptica llega a meterse agujas por detrás de los ojos para experimentar con los efectos de la luz, o a quedarse medio ciego de tanto mirar el sol.

Los años 1664-1666 son los años de la peste en Europa, y el college permanece prácticamente cerrado, por lo que Newton retorna a su casa durante largos períodos de tiempo. Es en esas estancias en su casa solariega, una vez conseguido a duras penas su Bachiller en Artes, en donde comenzará a sentar las bases de sus tres grandes áreas de estudio, el invento del análisis, de la gravitación y de sus revolucionarias ideas sobre óptica. En esos momentos ya trabajaba fuera de de los conocimientos de cualquier otro científico, llenando más y más cuadernos con notas, estudios y artículos completamente originales y únicos. Es lo que ha dado en llamarse el anno mirabilis newtoninano.

En 1667 pasa a ser fellow, y posteriormente Barrow lo sentará en su propia cátedra de matemáticas cuando él se vaya a otros menesteres. Es la época en la que comienza a intersarse por la química, para pasar casi instantáneamente a la alquimia. Y también es la época en la que se le empieza a conocer fuera de la unversidad, con carteos que odia y que lo hacen retraerse todavía más si cabe. En la óptica avanza hasta el límite con los medios de la época, finalizando definitivamente sus estudios sobre ella; en el futuro todo lo que diga ya lo había experimentado en esas fechas, y los únicos avances serán la escritura de libros sobre el tema y refinación y correción de sus cálculos.

Odia comunicarse con otros, y que cuestionen sus ideas, que él ve completamente limpias y evidentes, sin errores (como así fue en la realidad), pero la insistencia de conocidos, entre otros Barrow y Collins, lo convencen para que publique un pequeño opúsculo sobre el método de las fluxiones, así como que continúe con las conversaciones por carta. Entre los inventos de esa etapa se encuentra el telescopio reflectante, que junto a la publicación de su teoría de los colores lo ponen en el candelero científico. Ya nunca más será desconocido, y desde entonces tendrá que comunicase con unos y otros. La Royal Society le encarga la fabricación varios telescopios realizados según su sistema, y también envía las especificaciones de los mismos a Huygens.

Los conflicos y las dudas de otros investigadores se intensifican, y Newton se muestra cada vez más y más enfadado por tener que explicar una y otra vez lo que para él es obvio, por tener que proponer y desarrollar experimentos que demuestren sus ideas y que invaliden las de sus oponentes. También es ahora cuando Leibniz ve sus estudios sobre las fluxiones, lo que llevará a las disputas posteriores sobre la prioridad del cálculo.

La década de 1660 la dedica en exclusiva al estudio de la alquimia, desocupándose por completo de otros temas, lo que le lleva a entablar amistad con otros alquimistas famosos y a entrar en sociedades secretas. De sus notas se observa que se dedicó con el mismo método y ahínco a estos estudios que a los otros más serios.

Y a partir de 1670 y hasta 1675 a la alquimia añade la investigación teológica, que lo convertirá en arrianista, lo que en la época y lugar en el que vivió se consideraba una herejía bastante seria; y esto ocurre justo cuando se tiene que ordenar sacerdote o abanonar el cargo. Menos mal que Barrow, una vez más, lo ayuda, y consigue del rey un mandamiento para que la cátedra de matemáticas pueda estar ocupada por un laico.

Su madre enferma gravemente y Newton ha de volver a Woolsthorpe a cuidarla y a hacerse cargo de la hacienda. También su amigo y compañero de habitanción, Wickins, se va del college porque ha conseguido un destino mejor. Wickins fue su amanuense durante más de 20 años, y la despedida se produce sin más, y ya nunca más se volverán a ver. Aquí algunos biógrafos quieren ver más de lo que hay, pero lo cierto es que si lo hubo, fue meramente ideal.

Continúa con la alquimia, que lo va llevando sin querer hacia la gravitación, tema en el que lo introducirá Halley a base de insistencia; también conoce a Leibniz, que ha viajado a Londres. Y será Halley quien lo fuerce a escribir los Principia, su obra cumbre. Pero primero ha de solventar muchas dudas, ha de terminar de inventar el análisis y luego lo ha de aplicar a la gravitación. Pero al final todo se soluciona, insistimos que gracias a las presiones del Halley, y el libro sale a la luz.

Y esto supone la consagración final de Newton dentro de los mayores genios de todos los tiempos, cosa que ya reconocían sus propios coetáneos. La fama es inmensa, el reconocimiento universal… pese a que nadie entiende bien el libro, cosa que ha venido sucediendo hasta la actualidad. Aquí Westfall aprovecha para contarnos detalladamente la gestación del libro, las etapas que llevaron a Newton a componerlo y las diferentes versiones y borradores que se conservan. Podemos asistir, pues, al nacimiento de las Tres Leyes gracias a las tres revisiones del libro y a las miles de notas del autor.

Publicado el libro, Newton está exhausto, y se produce un cambio tremendamente importante en su persona, tras una fuerte crisis interna, de la que al final consiguen sacarlo sus atemorizados amigos. Con motivo de unos incidentes religiosos (el rey Jacobo II quería forzar la entrada de un católico en la universidad), Newton se revela como un político hábil y capaz. Se va a Londres e interviene en sesiones del Parlamento, se abre a nuevos conocimientos y a nuevas experiencias. Y en 1697 es nombrado Director de la Casa de la Moneda, puesto figurativo hasta la época, que Newton tomará y transformará, así como a la institución, en una máquina productiva y bien engrasada. Ocupará el puesto hasta su muerte.

Pero no sólo de eso vive Newton, pues también es nombrado presidente de la Royal Society, sociedad que convertirá en un feudo personal y de la que se servirá para atacar a aquellos que no comulguen con sus ideas. Es la época de las reuniones intensas, de resolver problemas en una noche que otros han dedicado media vida, de la lucha por la prioridad del desarrollo del análisis con Leibniz, de los experimentos semanales. Y Westfall dedica un capítulo entero a describir la pugna por la prioridad con Leibniz, de las jugadas un tanto sucias que cometió Newton; y otro más para describir la etapa de la Royal Society, con la también interesante pugna entre Newton y Flamsteed. Mientras el primero quería los datos del segundo para perfeccionar su Teoría de la Gravitación, el segundo quería ver publicada su obra sin interferencias; al final Newton ha de escribir la segunda edición de sus Principia sin la ayuda de los datos de Flamsteed, y éste último muere sin ver publicado el libro que contenía los estudios y cálculos de toda su vida, y todo por una cuestión política. Y es aquí en donde vemos al Newton más bajo y más rastrero.

En sus últimos años Newton publica una tercera edición más o menos igual a la segunda, así como una nueva versión de la Óptica, muy mejorada. Pero Neton es ya muy mayor, y mente no es lo que era. Al final, un día de marzo, cae enfermo y termina falleciendo el 20 de marzo de 1727

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