Vicki Sherpa. Una maestra en Katmandú, Victòria Subirana
84-672-0138-X
Victòria Subirana Rofríguez, 2002
Hay libros que despiertan en el lector una sensación de amor o de odio irracionales, una sensación de que lo que estás leyendo te gusta tanto que te ves incapaz de dejarlo, o justo la contraria, en la que apenas puedes aguantar el tono insufrible del mismo, desagradándote tanto el contenido como el continente, es decir, el tema y la forma en que ha sido escrito.
Pero lo curioso es que este libro ha despertado en mí ambos sentimientos simultáneamente, en una especie de situación en que odias algo pero que no puedes dejar de tenerlo o de mirarlo. Y es que Vicki es mucha Vicki. Mezcla de niña pijo tonta y consentida y de persona profundamente apenada e interesada en las miserias humana, decide viajar al Nepal a fundar una escuela para niños pobres con la misma determinación y alegría con que uno se va a la panadería a comprar el pan.
Independientemente de la labor social realizada por esta chica, el libro adolece de ciertos descuadres temporales y cierta falta de rigurosidad, pues unas veces no sabes dónde estás y otras te quedas pasmado ante las contradicciones –supongo que aparentes-, caprichos y situaciones un tanto estrambóticas.
Y pongo un ejemplo. Al principio del libro, cuando Vicki está enseñando en la primera escuela, le arma un pitote de miedo al director del centro con el tema de los uniformes y de la puta corbatita; luego, cuando ella tiene escuela propia, lo primero que hace es diseñar un uniforme para sus alumnos. ¿En qué quedamos? ¿Es beneficioso que los chicos lleven uniforme o no? ¿Qué problema hay en que lleven corbata?, porque no dices el motivo por el cual es malo.
Y otro. Te vas a Nepal por tus medios, trabajas en la escuela del señor Pemba, y de repente aparecen por arte de birlibirloque ciertas clases en la universidad. ¿Qué universidad?
Y otro, este genérico. Parece ser que Vicki se fue por esos lares sin saber nada de la cultura a donde se dirigía, pues hasta de las castas se asombra, tema que hasta yo mismo conozco, y eso que no me importa nada el tema y el único libro de corte hindú que he leído ha sido “Siete años en el Tibet”.
Y luego están esos cambios de humor bruscos, esas variaciones instantáneas entre el escándalo más absoluto y la maravilla más emocionante.
Vive un año en Nepal. La van a expulsar y ella no quiere irse. Decide casarse para que no lo hagan, y un año después de casada coge y se vuelve a Barcelona por voluntad propia. En fin.
Y no sigo…
En defensa de Vicki he de decir que es una chica sin pelos en la lengua, con una determinación fría y quirúrgica en lo que a ella le interesa (en ese momento, porque de repente puede cambiar de opinión), que despotrica con bastante sentido y denuncia en este libro muchas cosas, tanto en España como en Nepal.
Por cierto, según Sacri Buesa la invasión China del Nepal no se produjo. Hay que joderse. Menos mal que el libro es un regalo y sirve para colaborar, que si no lo devuelvo.
