Cosas mías

January 29, 2006

Jules Verne: El soberbio Orinoco

Filed under: Lecturas, Verne, Jules

Ediciones Orbis, S. A., 1988
84-402-0148-6 y 84-402-0149-4
Edición de Pedro Heredia

RBA Coleccionables, 2002
84-473-3007-9
Edición de Saénz de Jubera

Le Supérbe Orénoque, 1898

Lectura 004/2006

La traducción en las dos ediciones consultadas es casi idéntica, excepto el cambio de ciertas palabras y expresiones que al final terminan significando lo mismo, por lo que considero ambas como perfectamente válidas. La ventaja de la Orbis consiste en la separación en dos volúmenes -como el original-, y el amplio contenido en grabados, de los que la segunda casi carece. Por otro lado, la de RBA está encuadernada en tapa dura símil cuero, con punto de lectura y la fuente es mucho más agradable y espaciada.

Obra de la segunda etapa -no por la fecha de publicación sino por el contenido-, lo que prima es la aventura sobre el positivismo y la ciencia aunque, siendo sinceros, aventura hay poca. Tenemos a un sargento francés llamado Marcial y a su sobrino Juan de Kermor en el Orinoco, en un viaje de búsqueda paterna que remontará el río hasta casi sus fuentes. La aventura está, pues, en el remontar el río, con las vivencias ocurridas y las descripciones de paisajes y paisanos, tan caras al autor.

El lado científico viene de dos exploradores, también franceses, que se unen a la expedición; pero lo que le podría haber dado a Verne alas para, de boca de los exploradores, describir ampliamente se queda en absolutamente nada. Lo mismo que exploradores podrían haber sido vendedores de lechugas.

Y la vis cómica, prontamente abandonada, nos la traen tres geógrafos que discuten sobre qué afluente es el origen del Orinoco (cada uno de ellos tiene su favorito), sin recordar que, aparte de los afluentes, ya hay un río llamado Orinoco, que viene de mucho más arriba de la incorporación de los citados afluentes. La discusión se tornará si cabe más absurda en el último capítulo del libro, cuando Juan los vuelve a encontrar.

También hay un malo maloso, que no aparece hasta pasada más de media novela, un tanto deslavazado y artificial, seguramente impuesto ahí por motivos del guión. Porque no hay novela de aventuras sin trama amorosa y sin malo que complique las cosas.

Por supuesto, hay misterio, un misterio que el lector avispado desvelará enseguida. Y aquí tengo dos teorías. La primera, que considero la menos problable, es que Verne quiso esconder al lector el golpe de efecto final, pero que lo hizo tan mal que transparentó el asunto. Pero lo más probable es que el autor lo quisiera así, para interesar aún más al lector, hacer más interesante una acción casi inexistente y deslavazada, pues esta novela no tiene la fuerza de otras.

No vamos a desvelar el final, pero sí diremos que, como toda obra verniana, el final es un final feliz, con la chica casada, el padre encontrado y los malos muertos. Y quien lea el libro no podrá acusarme de haberlo hecho.

Los personajes son planos, un poco menos los dos exploradores pero al final más planos que de costumbre, y los diálogos pobres, muy pobres. Falta gancho, intensidad, nudo. Por un lado tenemos al sargento Martial o Marcial, buen nombre para un vigilante, militar de profesión. Y el padre Esperante, padre en ambos sentidos, oculto, esperando (de ahí el nombre) la llegada de su retoño en los confines más recónditos de la selva.

Una de las cosas que me he dado cuenta leyendo este libro es que Verne era ecologista. Ya lo he dicho en los comentarios a otras obras: en todas ellas, y siempre que puede, predice el agotamiento de los recursos naturales por la sobreexplotación; en este caso se trata de los huevos de tortuga.

January 22, 2006

Henry Kamen: La Inquisición española

Filed under: Lecturas

RBA Coleccionables S.A, 2005
84-473-3636-0
The Spanish Inquisition, An Historical Revision, 1997

Lectura número 003/2006

Quien espere un relato lleno de escenas de terror, de historias de atrocidades y maldades se va a equivocar totalmente, pues este no es un libro de esos. En él tampoco se narra el devenir inquisitorial, año a año, de la institución, y menos aún contiene listas de inquisidores y un desarrollo secuencial de los hechos.

De hecho, la Inquisición no aparece como tal hasta el tercer capítulo, en el que se cuenta su gestación e inicios, problemáticos en algunos lugares -y no por lo que nos imaginamos, sino por diferencias legales, estatuarias e impositivas de un gobierno central todavía peor visto que el actual-. En los dos primeos Kamen nos cuenta el estado social en el que se encontraba la España medieval previa a la expulsión de los moriscos de 1492, de las inter-relaciones entre las tres culturas -llamémolas así- imperantes, a saber: la cristiana, la mahometana y la judía. Y todo esto explicado según el contexto y zona geográfica, porque no es lo mismo hablar de moriscos en Andalucía que en Cataluña.

Luego nos da un trazo generalista sobre los hechos políticos e históricos de la Inquisición, de su economía, sus motivos y sus inquietudes, puesto que estamos hablando de una organización fuertemente jerarquizada y social de contenido no sólo religioso sino también político y económico. Se nos explica cómo se financiaba, los motivos que la llevaban a actuar como lo hizo y de su problemática interna.

Y ya en los capítulos finales nos cuenta las relaciones con la sociedad, lo que se pensaba de ella, cómo actuaba (esto es, cómo se llevaba a cabo un proceso completo), la idiosincrasia de los actos de fe. Y por supuesto el tema de las brujas, en el que, en contra de lo que comunmente se cree, la mayoría de inquisidores y eclesiásticos consideraban a las brujas como enfermas mentales con exceso de imaginación.

El libro finaliza con un capítulo relativo a la falsa imagen de la Inquisición que ciertos poderes fácticos han ido creando a lo largo de la historia, intentando (y por desgracia consiguiendo) desvirtuar la realidad hasta límites insospechables. Veamos algunos elementos sobre esto.

En primer lugar está el tema de la quema de herejes, que no es tan fuerte como siempre se ha dicho. Cierto es que hubo quemas, pero no tantas ni tan abundantes como en las inquisiciones de otros países, y esto independientemente del hecho de que en la época quemar a alguien -vivo o muerto- era un castigo como cualquier otro y no algo eminentemente fuerte. Hablamos, claro está, de la época. El segundo tiene que ver con los encarcelamientos, y siempre hablando desde el punto de vista histórico, las prisiones inquisitoriales eran menos lóbregas, menos infectas y en general mejores que las de los gobiernos y otros estamentos; de hecho, algunos presos se hacían pasar por herejes para recibir mejor trato. Y es que al parecer el trato dado a los presos era mucho más humanitario y justo que el equivalente no inquisitorial.

El tema de la tortura también ha sido mitificado y modificado. Por lo menos en España se aplicaba poco, y siempre cuando no había otro remedio e intentando evitar el derramamiento de sangre y la muerte, cosa que en otros lugares no se cumplía; existía una componente de terror psicológico mas que de físico.

A los presos no se los condenaba si no había razones justificadas; aunque normalmente la denuncia anónima servía para el encarcelamiento, si luego no había pruebas más contundentes el preso volvía a ver la luz pero, eso sí, con su bolsa algo disminuida, pues los gastos de mantenimiento iban a su costa.

En cuanto a la magia, posesiones demoníacas y demás, al menos en España, existía un buen grado de excepticismo sobre la veracidad de todo ello. Al parecer la mayoría de los inquisidores mayores, ampliamente instruidos, pensaban que todo ello no era otra cosa que imaginaciones de los propios afectados, más una enfermedad mental que real. Se quemó a gente por ello, pero menos que en otras partes de Europa y, desde luego, en mucha menor cuantía de lo que la tradición afirma.

La Inquisición era una institución de ciudad, apenas llegaba a las zonas ruales, y si llegaba era tarde y mal. En ciertos lugares de España la desconocían, y en otros como Cataluña, simplemente la ignoraban. En las comunidades pequeñas, más o menos cerradas, los inquisidores tenían poco que hacer, pues, basada en la delación anónima, en esos lugares no se producían.

Poco hay de cierto en el afán de lucro que se le ha impuesto; si bien es cierto que, como en todo estamento social siempre hay ovejas negras, en general no se expropiaba para enriquecer a la sociedad, sino más bien para financiarse lo justo y para pagar la manutención de los propios presos.

Con todo esto no quiero defender en ningún modo a la Inquisición, nada más lejos de la realidad, pero sí que es justo colocar las cosas en su lugar, porque lo que no es cierto, nos guste o no, no lo es y ya está. Tampoco quiero adscribirme fuertemente a lo expresado en el libro, más que nada porque pienso que el relato de hechos históricos dice más de quién los relata que de los hechos en sí, aunque este libro parece bastante serio. Simplemente he contado lo que he leído, intentando poner lo menos de mi parte, aunque creo que eso es imposible.

January 20, 2006

Christopher Paolini: Eldest (Serie Eragon II)

Filed under: Lecturas

Círculo de Lectores, 2005
84-672-1556-9
Eldest, 2005

Lectura número 002/2006

Continuamos las aventuras de Eragon justo en el mismo instante en el que se detuvieron en el libro anterior, aunque de forma que no resulta un comienzo excesivamente brusco, pues aunque la acción prosigue como si nada, se trata de un nuevo comienzo, en el que nuestro personaje continúa su aprendizaje iniciático.

Con la misma prosa suave, lineal, dulce, Cristopher nos lleva de viaje por el reino elfo y el enanil, explicando modos de vida, como preludio a la continuación de la enseñanza de Eragon, esta vez a un nuevo nivel superior y algo más maduro, pero marcado por una adolescencia insegura e imperativa, cumpliendo cierto paralelismo con lo que suponemos es la vida real del joven autor.

Ahora tenemos tres hilos argumentales, que se unirán en la apoteosis final, épica batalla típica del género… Si el primer libro finaliza tras una batalla, éste también lo hace, por lo que nos atrevemos a afirmar que el siguiente (y todavía no publicado), acabará en la madre de todos los combates, en el que el bien triunfará definitivamente sobre el mal, o al menos eso esperamos, porque uno no está para leerse con la misma intensidad e inocencia muchos volúmenes, al igual que hizo con la serie de la Dragonlance (que decidió dejar de leer al decimoctavo libro, empachado de por vida de la historia de Krynn).

Ya lo dijimos en el comentario al anterio tomo, en esto de la fantasía heroica, o espada y brujería, está todo -o casi todo- inventado, haciendo, claro está, un aparte para separar la obra de Martin. La mayor diferencia que vemos sobre otros universos similares consiste en la vida de los elfos, algo más lógica y basada en una hipotética ciencia eragoniana, por ponerle un nombre. También debemos tener en cuenta que estos libros han sido escritos por un adolescente, y tendremos que esperar a la madurez del autor para determinar si es capaz de introducir sonoras y mágicas novedades en el género.

Volviendo al tema de los finales, nos vemos obligados a decir que este nos ha gustado poco. Típico en este género es arrastrar las aventuras de forma artificial y artificiosa para mantener la producción cual serial radiofónico (quizás estas obras sean la continuación del folletón, que podríamos llamar librón), pero aquí el asunto colma el vaso (y no me refiero a la promesa de futuras aventuras de los dos hermanos, no), sino a ciertas escenas acaecidas en la batalla. Salvo que el siguiente tomo lo aclare, nos parece demasiado forzosamente alargado. Demos tiempo al tiempo, como dijo aquél.

Obra entretenida como su predecesora, se deja leer casi sin darnos cuenta, un poco larga de más desde nuestro punto de vista -unas 800 páginas- pero, no obstante, justa y equilibrada.

January 7, 2006

Marcel Brion: Leonardo Da Vinci. La encarnación del genio

Filed under: Lecturas, Ciencia

Ediciones B. Byblos, 2146/1, 2005
84-666-2164-4
Léonard de Vinci, 1995

Lectura número 001/2006

No tengo muy claro que este sea un buen libro, más que nada porque no se ajusta a lo que espero de una biografía. Si uno espera una narración más o menos secuencial de la vida de Leonardo, se equivoca de medio a medio, pues en esta el autor salta de aquí para allá, centrado sobre todo en la descripción de sus obras pictóricas, olvidando casi el aspecto biográfico -dónde, cuándo y con quién estuvo- si no es para poder centrar la composición de sus lienzos.

Aparte de ello, las descripciones llegan a ser en algunos momentos mortalmente soporíferas, con disquisiciones y desvaríos múltiples que poco o nada tienen que ver con el tema; sin embargo, las pocas veces en las que no habla de pintura, el libro se convierte en una lectura enormemente amena y entretenida. Y todo ello a pesar de ciertos cambios bruscos de tema sin haber terminado el anterior, incluso dentro del mismo párrafo… A veces te quedas un poco perplejo por el abandono de un tema a medio.

Y otra cosa un tanto desagradable -pero no mucho, pues ya sabemos qué toca-, son las referencias a otros libros suyos; pero no se trata simplemente de que los nombre, sino de que si quieres enterarte de esta o aquella faceta o etapa, pues te toca pasar por caja. Podría haber quedado mucho más elegante una breve descripción de lo que se quiere contar y una indicación para ampliar el tema, en lugar de esto ya lo conté en tal libro y no voy a hacerlo en este.

A ratos ameno, a ratos soporífero, el autor escribe más para sí que para otros, pero no por eso la obra deja de tener contenido y de ser interesante, no, pues entre los enormes e interminables párrafos encontramos muchas joyas escondidas, interseantes y profundamente estudiadas.

Más que una biografía -ya lo he dicho antes-, es un estudio de los temas pictóricos vincianos, con descripciones densas y sabias (esto último lo suponemos, pues desconocemos en gran medida el tema), quizás maravillosas para un experto en el arte del lienzo, pero un tanto desquiciantes para un profano.

Independientemente de lo anterior, y casi con la misma profundidad, Marcel también nos habla del Vinci personal, de su infatigable afán de aprenderlo todo, de conocer hasta el último aspecto de un tema; se detiene, claro está, en lo conocido, dejando abierto lo desconocido. ¿Viajó a Oriente, conocía temas esotéricos, fue un iniciado? Pues como no se sabe, Brion así nos lo cuenta, apartándose -y apartando- tantas tonterías como se han dicho sobre el biografiado, pero dejándonos un pequeño resquicio por si hubiera algo de verdad en todo ello.

Otro tema que trata -y descarta- es la posible homosexualidad de Leonardo, aunque más adelante vuelva un poco sobre el asunto: “Cualquier curiosidad indiscreta acerca de la vida privada del artista se convierte en escándalo y chismorreo. Dejo de lado, pues, lo que se refiere a la pretendidad homosexualidad de Leonardo; fuera homosexual o no, la cosa no nos interesa lo más mínimo.” Posteriormente hará incapié en el afán actual de conocer hasta la más nimia cosa de la vida privada de una persona, alejándose de él y criticándolo.

El libro termina con una pequeña cronología y con las citas insertadas en el texo.

January 2, 2006

Christopher Paolini: Eragon (Serie Eragon I)

Círculo de Lectores, 2005
84-672-0928-3

Eragon, 2002

Quién se hubiera imaginado que un crío de quince años –al menos él mismo se proclama con esa edad- haya podido escribir esta obra por sí mismo. Si es cierto, cosa que dudo, tenemos en ciernes a un escritor de fantasía heroica, que posiblemente supere, en el futuro, al gran Martin. En los agradecimientos de ésta –y más aún en los de la siguiente novela de la serie- se deja entrever que el chico sólo ha puesto la idea y una serie de garabatos que han sido ampliamente reelaborados por padres y editores (Hola, “maestro de las comas”). Con esto no quiero afirmar gratuitamente lo anterior, sino que se trata simplemente de mi opinión, apenas entrevista. Ojalá me equivoque, porque si es así, tenemos a un gran, gran escritor en ciernes.

Fantasía heroica al más puro estilo Dragonlance, menos Tolkien del que podría suponerse, el libro nos narra el viaje de iniciación (y también iniciático) de un joven granjero en una aldea perdida; de la huída de su casa, de su crecimiento personal y espiritual hasta su época de adulto, pero un adulto muy real, con sus dudas y sus carencias, que todos las tenemos, todo ello mezclado con apasionantes aventuras.

Los elementos iniciáticos están presentes en todo el libro hasta casi el final, hasta la prueba que lo introduce de lleno en la etapa de adulto sin estar preparado para ello (¡qué fiel reflejo de la realidad, inmerso en una obra de la más pura fantasía!).

Imaginamos al adolescente escritor sufriendo la misma transformación que su personaje, introduciéndose en el mundo adulto como consecuencia de escribir un libro –él mismo casi nos lo dice en la introducción a su siguiente novela, Eldest-; ¿y qué es el hecho de escribir una obra sino un duro viaje delante del ordenador o del papel en blanco? La correlación y correspondencia entre las dos cosas es casi mágica y maravillante.

Los temas son los de siempre, aunque no tan “dragonlancianos” ni tan “tolkianos”; suavemente vamos trasladándonos de ver humanos a ver a su contrapartida mala –una especie de goblins/draconianos/trolls y variantes-, a ver dragones, elfos y enanos (estos dos últimos infaltables en una obra de esta temática) y a otros seres un tanto indefinidos e indefinibles.

La prosa, eminentemente suave, delicada, nos va llevando a lo largo de la acción hasta el final de las casi seiscientas páginas del libro, en la apoteosis final que no podría ser otra cosa mas que una épica batalla entre el bien y el mal, amén de otra no menos épica entre el héroe bueno y el héroe malo, con un post-final organizativo y explicador. Vamos, como todas y cada una de las novelas del género, sin desviarse ni un ápice del tan manido hilo argumental en el que sólo cambian los personajes y los lugares, manteniendo todo lo demás invariable.

El final queda abierto para el siguiente volumen, del que hemos citado algo ya. Recientemente publicado, Eldest continúa la saga.

No íbamos a mencionarlo, pero el argumento adolece de ciertos fallos que te llevan a pensar en que cierto personaje lleva a cabo un juego doble; pero como ya he dicho, son eso, errores argumentales. Aún teniendo que desvelar algo de la trama, diremos que cuando Eragón es salvado por su compañero en Gil’ead, las acciones de éste último no están nada claras, máxime cuando dice pagar una fortuna en sobornos para introducirse en el castillo, habiéndose demostrado con anterioridad que no tiene una simple moneda en su haber. Pero vamos a concederle esta licencia –y otras menores- al señor Paolini, que nos ha hecho leer un ameno y entretenido libro de un género en el que no esperábamos nada nuevo; aunque no es nuevo, al menos se deja leer amablemente y te lleva al final casi sin darte cuenta, que no es poco.

Poul Anderson: La nave de un millón de años

Ediciones B, Byblos Ciencia Ficción, 2005
84-666-2315-9

The Boat of a Million Years, 1989

Mezcla entre novela histórica y ciencia ficción (o más bien novela histórica de ciencia ficción), nos encontramos con breves cuentos narrados a lo largo de toda la historia de la humanidad con el denominador común de que los personajes son siempre los mismos, o casi: se trata de ciertos humanos que, por motivos que ellos mismos desconocen, son extraordinariamente longevos.

El tema tiene algunas similitudes con Los Inmortales, al menos con el primer film de todos, antes de que el tema se degrade en un maremagnum de idioteces argumentales y elementos pseudo mágicos carentes de todo sentido. Y también se acerca, pero sin alcanzar, el tan querido tema de la inmortalidad tratado por Heinlein en la serie de novelas y cuentos en los que aparece Lazarus Long. Posiblemente, y casi sin temor a equivocarnos, la obra de Anderson esté basada en la de Heinlein pero sin llegar a alcanzar las cotas de ésta.

Porque la novela es un tanto pobre. Pobre en cuanto a contenido por la brevedad de los relatos, algunos de ellos meros pasatiempos del autor –quizás publicados separadamente como cuentos autónomos anteriormente-, y pobre en cuanto a profundidad argumental y de contenidos. Y también pobre el tratamiento de la parte que nos adentra en el futuro, con razas alienígenas levemente descritas, y capítulos totalmente surrealistas y psicodélicos.

Quizás se salve de la quema porque dentro de la superficial cobertura del elemento alienígena, éstos son bastante más creíbles que los de otros autores, más que nada por la extrañeza de sus costumbres y formas de vida, aunque no muy separadas de ciertas culturas orientales.

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