Marcel Brion: Leonardo Da Vinci. La encarnación del genio
Ediciones B. Byblos, 2146/1, 2005
84-666-2164-4
Léonard de Vinci, 1995
Lectura número 001/2006
No tengo muy claro que este sea un buen libro, más que nada porque no se ajusta a lo que espero de una biografía. Si uno espera una narración más o menos secuencial de la vida de Leonardo, se equivoca de medio a medio, pues en esta el autor salta de aquí para allá, centrado sobre todo en la descripción de sus obras pictóricas, olvidando casi el aspecto biográfico -dónde, cuándo y con quién estuvo- si no es para poder centrar la composición de sus lienzos.
Aparte de ello, las descripciones llegan a ser en algunos momentos mortalmente soporíferas, con disquisiciones y desvaríos múltiples que poco o nada tienen que ver con el tema; sin embargo, las pocas veces en las que no habla de pintura, el libro se convierte en una lectura enormemente amena y entretenida. Y todo ello a pesar de ciertos cambios bruscos de tema sin haber terminado el anterior, incluso dentro del mismo párrafo… A veces te quedas un poco perplejo por el abandono de un tema a medio.
Y otra cosa un tanto desagradable -pero no mucho, pues ya sabemos qué toca-, son las referencias a otros libros suyos; pero no se trata simplemente de que los nombre, sino de que si quieres enterarte de esta o aquella faceta o etapa, pues te toca pasar por caja. Podría haber quedado mucho más elegante una breve descripción de lo que se quiere contar y una indicación para ampliar el tema, en lugar de esto ya lo conté en tal libro y no voy a hacerlo en este.
A ratos ameno, a ratos soporífero, el autor escribe más para sí que para otros, pero no por eso la obra deja de tener contenido y de ser interesante, no, pues entre los enormes e interminables párrafos encontramos muchas joyas escondidas, interseantes y profundamente estudiadas.
Más que una biografía -ya lo he dicho antes-, es un estudio de los temas pictóricos vincianos, con descripciones densas y sabias (esto último lo suponemos, pues desconocemos en gran medida el tema), quizás maravillosas para un experto en el arte del lienzo, pero un tanto desquiciantes para un profano.
Independientemente de lo anterior, y casi con la misma profundidad, Marcel también nos habla del Vinci personal, de su infatigable afán de aprenderlo todo, de conocer hasta el último aspecto de un tema; se detiene, claro está, en lo conocido, dejando abierto lo desconocido. ¿Viajó a Oriente, conocía temas esotéricos, fue un iniciado? Pues como no se sabe, Brion así nos lo cuenta, apartándose -y apartando- tantas tonterías como se han dicho sobre el biografiado, pero dejándonos un pequeño resquicio por si hubiera algo de verdad en todo ello.
Otro tema que trata -y descarta- es la posible homosexualidad de Leonardo, aunque más adelante vuelva un poco sobre el asunto: “Cualquier curiosidad indiscreta acerca de la vida privada del artista se convierte en escándalo y chismorreo. Dejo de lado, pues, lo que se refiere a la pretendidad homosexualidad de Leonardo; fuera homosexual o no, la cosa no nos interesa lo más mínimo.” Posteriormente hará incapié en el afán actual de conocer hasta la más nimia cosa de la vida privada de una persona, alejándose de él y criticándolo.
El libro termina con una pequeña cronología y con las citas insertadas en el texo.
