Cosas mías

February 26, 2006

Simon Singh: El enigma de Fermat

Filed under: Lecturas, Ciencia

Planeta, Booket Divulgación, nº 3051, 2004
81-08-04679-9
Fermat’s Last Theorem, 1997
Rústica, 317 páginas.

Lectura número 0012/2006

Singh nos explica la resolución del último teorema de Fermat, realizada por Andrew Wiles hace no mucho tiempo. Para ello comienza con el teorema de Pitágoras (que es la expresión más simple del mismo) y, de forma gradual, va explicando todo lo necesario para entender los conceptos que envuelven la resolución del teorema. Evidentemente no explica la resolución, puesto que al parecer ésta sólo es entendida por un puñado de los mejores matemáticos actuales.

El discurso es a veces pesado, pues Singh se repite continuamente, volviendo tediosamente hacia atrás y adelante en el tiempo, y al principio de la secciones vuelve a contar casi con las mismas palabras lo que ya ha hecho, como ocurre en los documentales norteamericanos, que tras la pausa de la publicidad retoman, reiterativa y retrospectivamente, el tema.

Es una obra enfocada para no matemáticos, y los conceptos que explica son completamente entendibles por cualquier lego, incluso los apéndices con desarrollos un poco más técnicos y rigurosos, por lo que en algunas partes se vuelve, otra vez, tedioso para quien tenga los conocimientos necesarios.

Pero todo eso no quita belleza ni fuerza al libro, que termina con una recopilación de otros elementos de una sencillez aparente similar al teorema de Fermat pero que todavía se encuentran sin explicar.

Y en la última sección comenta brevemente lo que constituye realmente el misterio de todo este asunto, y es la posible resolución de Fermat, que, desde luego, no es la de Wiles. Se barajan dos opciones sino tres; la primera y más probable consisten en que Fermat obtuvo una demostración errónea; en la segunda se baraja la posibilidad de que se haya obviado algo evidente y que la explicación sea mucho más sencilla, a la altura de cualquier alumno de bachillerato actual, y la última (que no aparece en este libro pero que he visto reflejada en otros lugares), en la que Fermat debe estar partiéndose de risa en la tumba a costa de los miles de matemáticos que han intentado demostrarla, aunque si es cierto, ésta se le debió de cortar de golpe un día de mayo de 1993.

En los siguientes párrafos voy a explicar por encima la demostración, lo que estropea en cierta medida la lectura del libro; el autor ha expuesto los detalles de forma ascendente, de menor a mayor tensión, por lo que la lectura es equivalente, dentro de un límite, claro, a la lectura de una novela de misterio, por lo que no recomiendo seguir leyendo si quieres mantener viva la tensión del libro. Y por favor, quien la lea que no me pregunte detalles más allá de los que aparecen en el libro, pues mi desconocimiento sobre el tema es total.

El último teorema de Fermat dice que la ecuación xn + yn = zn para n>2 tiene como única solución x=y=z=0. Gherard Frey llegó a demostrar que la ecuación era equivalente a la expresión y2 = ax2 + c que se corresponde a una posible ecuación elíptica. Añadió que si se demostraba la pertenencia de dicha expresión a las ecuaciones elípticas, el teorema de Fermat sería entonces falso y cierta la conjetura de Taniyama-Shimura, que relaciona las ecuaciones elípticas con las expresiones modulares.

Y viceversa, o que si la conjetura de Taniyama-Shimura es cierta, entonces la conjetura de Fermat es cierta (esto, es, que no existe solución aparte de la trivial). Pero la conjetura de Taniyama-Shimura está íntimamente relacionada con muchos avances matemáticos de las últimas décadas, y si se demuestra que es falsa, todo ese edificio se derrumbaría.

La conjetura afirma que para cada ecuación elíptica existe una expresión modular y viceversa, pero se encontraba sin demostrar, aunque se creía cierta. De este modo, encontrando una expresión modular equivalente a una elíptica, podría operarse fácilmente con la modular y así resolver la elíptica.

Wiles decidió intentar resolver el enigma de Fermat demostrando la validez o no de la conjetura. Para ello tomó un enfoque diferente al habitual y, en lugar de equiparar una ecuación con una expresión, lo que hizo fue equiparar sus términos uno a uno.

Primero demostró que el primer término de cualquier ecuación elíptica se correspondía con el primer término de cualquier expresión modular mediante la teoría de grupos de Galois, pero ahí se detuvo por falta de ideas y de conocimientos. Bueno, lo que demostró es que el primer elemento de la serie E que representa a cualquier ecuación elíptica es equivalente al primer elemento de la serie M de cualquier expresión modular).

Atascado, dividió las ecuaciones elípticas en familias y encontró el recientemente publicado método de resolución de Kolyvagin-Flach y lo aplicó demostrar que un elemento n de la serie E de cualquier ecuación elíptica es equivalente al mismo elemento n de la serie M de cualquier expresión modular dentro de una misma familia. Repitió lo mismo para cada familia. Tarea nada fácil, a la que le ayudó un colega, simulando unas clases sin alumnos para comprobar la validez de lo utilizado, pues Wiles no estaba familiarizado con el método citado.

Pero en la revisión técnica del artículo surgen dudas, y una de ellas bastante importante que derriba parte de la demostración, pero tras un año de intensa investigación el propio Wiles es capaz de bordear el asunto combinando el método de Kolyvagin-Flach con el de Iwasawa, que había rechazado anteriormente.

Demostrando que la conjetura de Taniyama-Shimura es cierta, también se demuestra que el teorema de Fermat cumple lo que el propio Fermat afirmó, y salva a muchos matemáticos de tener que arrojar a la papelera cientos de teoremas y avances basados en la conjetura.

February 23, 2006

Michael Drosnin: El código secreto de la Biblia

Planeta, Booket nº 3017, 2005
84-08-06198-4
The Bible Code, 1997
Rústica, 244 páginas

Lectura número 0011/2006

En justa medida no debería contar esto como lectura, pues apenas he llegado a la mitad del libro, cosa extraordinaria en mi, pero el asunto supera mis fuerzas. Leer a Benítez puede ser toda una aventura, pero leer a este tío es el summum de la subnormalidad más evidente. De todas formas, con lo leído, basta.

Si se toma la edición más antigua de la biblia hebrea, se le quitan los espacios y símbolos, queda una secuencia de unas trescientas mil letras, secuencia en la que, según el autor, se encuentra resumido todo el pasado y el presente de los acontecimientos del devenir humano. Permitidme que me tire al suelo y me carcajee hasta el colapso. No por la afirmación en sí, sino por las intenciones.

Veamos, es muy posible que agrupando las letras de la forma que Drosnin nos muestra se puedan encontrar los citados mensajes, tan posible que no es necesaria una biblia para hacerlo, pues valdría cualquier libro. Tan sólo hay que agrupar las letras convenientemente. Con 304805 letras es difícil no encontrar lo que queremos y también que aparezcan todas esas coincidencias.

Pero ante esto me surgen muchas cuestiones, de las que voy a exponer una cuantas de ellas:

¿Por qué no aparecen frases completas y sí palabras sueltas? Pues porque estadísticamente es mucho más fácil que aparezca la palabra “coche” que “el uno de enero de 1964 Richard Nixon será asesinado mientras viajaba en su coche”.

Cuanto más extenso es el texto, más separadas están las letras y más grande es el pedazo que las contiene, así como cuando la palabra es compleja, como “Shoemaker-Levi” (aparte de que no sé cómo se pueden traducir 8 símbolos hebreos por esa palabra). ¿Cómo se dice atómico en hebreo antiguo? ¿Y autobús? ¿O Watergate?

En el capítulo cuarto afirma que Nentanyahu moriría antes de finalizar su mandato, cosa que no es cierta, pues todavía continúa vivo.

Y no sólo eso sino que miente descaradamente: afirma que Newton se pasó la mayor parte de su vida realizando esta búsqueda en la Biblia, cosa que es manifiestamente incorrecta, pues el problema de Newton con la religión era su afiliación, profundamente herética respecto a la época; sus estudios sobre ella se centran en establecer genealogías y fechas, como bien se puede leer en la biografía más completa que existe de él, la de Westfall.

Con esto no quiero dudar de que esos mensajes se encuentren en la Biblia, no, sino de la validez de los mismos; es muy posible que se puedan componer palabras de esa forma casi con cualquier texto, y si no, recordemos esas sopas de letras que tienen un texto y palabras simultáneamente. El autor podría haber analizado las obras completas de Shakespeare y haber obtenido el mismo resultado.

Añadiría que al parecer, el hebreo antiguo es un idioma enormemente críptico y matemático (en el sentido de que un mismo símbolo puede significar varias cosas, a gusto del consumidor) y que facilita enormemente estos cálcuos, como bien es sabido por la Cábala y sus estudiosos.

En fin, como dijo un personaje de ficción: “tonto es el que hace tonterías”, a lo que yo añado “que también es el que las escribe”.

February 21, 2006

Elizabeth Moon: La velocidad de la oscuridad

Ediciones B, Col. Nova nº 183, 2005
84-666-2139-3
The Speed of the Dark, 2003
Rústica, 390 páginas.

Lectura número 0010/2006

Difícil me resulta hacer el comentario de este libro, y no por un motivo, sino por muchos, porque se trata de una obra diferente, especial, única. Y encima porque me ha gustado más allá de cualquier consideración.

Lou Arrendale es un hombre, autista de alto rendimiento, expresión cuyo significado podría ser el de un autista casi normal, pero con limitaciones que impiden su integración total dentro de la sociedad. Lou trabaja en una compañía farmacéutica junto a otros de su misma condición, en lo que al parecer es una sección destinada al cálculo molecular; tiene amigos que son personas no autistas, que lo valoran independientemente de sus limitaciones e incluso él está enamorado de una chica que le corresponde.

Es en este contexto en el que se desarrolla la acción, narrada en primera persona mediante el pensamiento de Lou, por lo que llegamos a captar las limitaciones de su mente, pero terminamos dándonos cuenta de que éstas no son tal, sino que se trata de una visión diferente (y en cierto modo más lógica) de la sociedad.

Y es que Lou, pese a ser autista, es un genio en reconocimiento de patrones, memorización y, en general, ciencias. Y una de las cosas que convierten a este libro en algo especial es que el lector las ve y las comprende; de hecho, en todo momento, el lector es Lou.

Muchas son las cosas que la autora nos quiere decir y, magistralmente, lo consigue; quizás la primera de todas consista en demostrarnos que una persona disminuida física o psíquica continúa siendo un ser humano perfectamente válido y con todos sus derechos, sobre todo si es útil a la sociedad, como es el caso de Lou. Y, siguiendo el razonamiento, otras personas normales no son, precisamente, un dechado de bondad y necesitan corrección. Ya lo entenderá quien lea el libro.

Lou es sensible, más sensible que la mayoría, y sufre enormemente por ello, y la autora es capaz de reflejarlo fielmente en el texto; vemos con los ojos de Lou y lo que es todavía más maravilloso, llegamos a sentir lo que Lou siente y nos identificamos con sus problemas y sus ideas.

La acción se lleva a cabo en un futuro tan cercano, que la problemática vertida en el libro es completamente actual. Sin embargo -y es un “sin embargo” enormemente flojito-, existen elementos un tanto irreales, como la actuación policial, demasiado bonita para ser cierta; nuestro personaje se encuentra inserto en una sociedad excesivamente utópica, a mi modo de ver, pero eso no quita ningún valor a la novela, sino que simplemente es un hecho más.

El libro es bastante profundo, pero no tanto como para resultar pesado de leer; más bien resulta incluso más ameno por ello. De la lectura, sin ánimo de ser exhaustivo, he entresacado una serie de frases que, considero, valen su peso en oro; seguro que hay más, pero no me he dado cuenta de ellas. Ahí van:

“Las cosas que no me gustan son tan realidad como las cosas que me gustan”.

“No miro su colada; es de mala educación mirar la colada de una mujer porque puede haber ropa interior. A algunas mujeres no les gusta que los hombres miren su ropa interior. A algunas sí, y eso es confuso, pero la señorita Kimberly es vieja y no creo que quiera que vea la ropa rosa de encajitos que hay entre las sábanas y las toallas. Yo no quiero verla, de todas formas.”

“… la segunda lavadora empieza a centrifugar. … establecí la relación entre la fuerza de fricción que detiene la rotación y la frecuencia del sonido que produce. Lo hice yo solo, sin ningún ordenador, y por eso fue más divertido.”

“-¿Cómo piensa el señor Crenshaw que perdemos el tiempo? -pregunto yo.
Bailey asiente.
-No perdemos tanto tiempo como pierde él andando por ahí con cara de enfadado -dice Chuy.”

“Todo es saber por dónde empezar. Si empiezas por el lugar adecuado y sigues todos los pasos, llegarás hasta el final adecuado.”

“No comprendo las reglas para interrumpir. Siempre me parece de mala educación interrumpir a otras personas, pero las otras personas no parecen pensar que sea de mala educación interrumpirme a mí en circunstancias en que yo no debería interrumpirlas a ellas.”

Cierro el comentario recomendando encarecidamente la lectura del mismo, y aprovecho para citar una parte del texto de la contraportada que pertenece al periódico St. Lauderdale Sun-Sentinel: “Muy de tarde en tarde, uno se encuentra con un libro que es a la vez un importante logro literario y una experiencia de lectura que absorbe por completo; un libro con ideas provocadoras y una historia igualmente apasionante.”

February 20, 2006

Neal Stephenson: La era del diamante

Bajado de Internet.

Lectura número 009/2006

Ya un clásico del cyberpunk, la historia se sitúa en un futuro no muy lejano en el que los avances nanotecnológicos han solucionado en cierta medida la vida a la humanidad. Los países como tales no existen, sino que el mundo se encuentra dividido en una especie de gremios o naciones en la definición de Stuart Mill; los habitantes son libres de asociarse a cualquiera de ellas, pero existen reglas que no deben ser violadas.

Los problemas ecológicos han sido solucionados por la nanotecnología, pero ésta crea nuevos peligros y variaciones: desde un ataque con nanobacterias hasta la modificación del propio cuerpo con dispositivos potenciadores o metamórficos.

Citemos la contraportada del libro para dar una idea del argumento: “En un sorprendente Shanghai del futuro, un acaudalado neovictoriano hace fabricar un manual informatizado para la educación de su nieta Elizabeth. El manual es completamente interactivo y se adapta automáticamente a las necesidades de su lector. Hackworth, el ingeniero que lo fábrica, decide sacar una copia de ese prodigio de la nanotecnología para usarlo en la educación de su hija Flona. Lo hará con la ayuda del Dr. X, un hacker chino que parece tener otras ideas para el posible uso de ese manual tan especial. De retorno a su enclave neovictoriano, Hackwotth es atacado por una pandilla de “tetes” desharrapados y el manual original acabará educando a la pequeña Nell, una niña china pobre.”

Lo cierto es que el libro no me ha gustado mucho y no sé especificar el motivo; lo encuentro demasiado blando, demasiado fácil quizás debido a la introducción realizada por Miquel Barceló, mala donde las haya. Mala por mencionar la tontería del lector hembra y del lector macho, mala por desvelar un final que no es tal, y mala porque, dentro de lo que intenta explicar, se equivoca, pues no se trata de un libro difícil de entender, aunque sí quizás algo complicadillo. No obstante, y en relación a los neologismos empleados, dichos términos son directamente entendibles o su definición se encuentra a una muy corta distancia del texto. Al parecer el señor Barceló no ha leído ni Dune ni Mundos en el Abismo para poder realizar una comparación con conocimiento de causa.

Aparte de lo anterior, y sin ser excesivamente rigurosos con el texto, éste adolece de ciertas contradicciones, entre las que vamos a destacar dos; la primera es bastante evidente en cuanto se llega a cierto punto del texto, y es que Hackworth no puede ser el mismo personaje de su búsqueda, puesto que, una vez conseguido el libro, ¿para qué necesita continuar buscando de la forma en que lo hace? Podría ser más específico explicando esto, pero entonces desvelaría elementos de la trama que es mejor dejar quietos.

La otra inconsistencia tiene relación con los avances tecnológicos. Si a fecha de hoy existen sistemas que leen casi perfectamente, ¿cómo es que en ese futuro la lectura es un problema, habiéndose realizado enormes avances en la inteligencia artificial, demostrables en la forma en que el libro de Nell desarrolla sus narraciones?

Corramos un tupido velo, pero las obras de Stephenson me gustan cada vez menos por la forma que tiene de cerrar ciertas partes de sus libros y por las divagaciones e inconsistencias de los mismos. No entiendo la, en mi opinión, inmerecida fama que se le atribuye.

Comentando en el grupo de noticias es.rec.ficcion.misc, uno de los habituales del lugar, Ignacio, ha hecho un comentario que a mi se me ha olvidado por completo, y eso que lo tenía anotado en la chuletilla, pero dada mi mala letra, lo he pasado por alto. Como su dicción es superior a la mía, lo dejo tal cual él lo ha puesto:

Stephenson es como los centollos: tiene partes que son sublimes y partes que no merecen el muy considerable esfuerzo al que obligan; pero hay que tomarlo entero.

En este caso, las relaciones que establece entre realidad y ficción (considerando ficción el contenido del libro inteligente), entre alegoría y cifrado, entre juego y formación, entre educación y reto, son senicllamente geniales (y cuando quiero decir geniales, quiero decir geniales). El resto, una chapuza, que decepciona, que no tiene la grandeza instintiva que te hacía perdonar las muchas chapuzas del Cryptonomicon, que chorreaban vitalidad y fuerza narrativa.

February 9, 2006

John Gribbin: Historia de la ciencia (1543-2001)

Filed under: Lecturas, Ciencia

Editorial Crítica, Serie Mayor, 2005
84-8432-607-1
Science. A History, 1543 – 2001, pub. 2002
Rústica, 548 páginas.

Lectura número 008/2006

Junto a Los Descubridores y quizás a Una breve historia de casi todo, este ha sido, con diferencia, el mejor libro sobre historia de la ciencia que recuerdo haber leído. Aunque es tremendamente largo, es enormemente ameno porque mezcla retazos biográficos con los descubrimientos en sí, balanceándolos con gran habilidad.

Gribbin comienza a contarnos la historia desde la época de Copérnico, con su teoría heliocéntrica, para ir avanzando gradualmente hasta la actualidad. El libro está centrado casi en la física y la astronomía, pero no se descartan temas como las ciencias naturales o la medicina cuando los avances son lo suficientemente importantes.

Y como ya hizo Bryson en Una breve historia de casi todo, John nos muestra también las facetas menos agradables y más comprometidas de la investigación, como puede ser la intolerancia de Newton frente a otros grandes personajes de la época o el chanchullo con el asunto de la investigación sobre el ADN que hicieron Watson y Crick.

Cabría destacar dos elementos que se encuentran flotando sobre toda la obra; en el primero de ellos nos damos cuenta de que en tan sólo 400 años hemos pasado de entender la ciencia como algo mágico a dominarla y aplicarla a la tecnología (aunque todavía estemos en la orilla del océano cósmico por parafrasear a un importante científico). ¿Qué no habremos hecho dentro de otros 400?

El segundo punto a tener en cuenta son los conceptos de continuidad, simultaneidad y repetición. La ciencia, aunque aparentemente avanza a trompicones, realmente va realizando las innovaciones pasito a pasito, y muchos científicos están en el lugar correcto en el momento adecuado para realizar el descubrimiento; asimismo, los descubrimientos sólo se realizan cuando es el momento oportuno. Además, el avance es simultáneo en muchas áreas de la ciencia, que luego se mezclan y se dividen, Pero es necesario leer el libro para hacerse una idea clara de esto.

Como anotación personal, diré que ahora iba a leer Los descubridores, pero he quedado tan empachado del tema que lo voy a dejar por un tiempo, y es que el libro es denso y largo, aunque entretenido.

February 8, 2006

Timothy Ferris: La aventura del universo

Filed under: Lecturas, Ciencia

Editorial Crítica, Colección Drakontos, 1999
84-8432-005-7
Comming of Age in the Milky Way, 1988

Lectura número 007/2006

Con más de 17 años, el libro no ha envejecido lo más mínimo ni siquiera teniendo en cuenta el tema del mismo: un pequeño recorrido por varios aspectos de la historia de la física (tanto clásica como cuántica), de la astronomía y de la cosmología. Lo único que puede achacársele, obviamente, es la ausencia de los últimos avances, sobre todo en cosmología.

Por otro lado, no es un libro típico ni tópico. Comienza con un recorrido por la historia de la física y la astronomía conjuntamente, desde los griegos hasta Newton, Halley y algunos más posteriores, avanzando a trompicones y deteniéndose en algunas partes y narrándonos hechos interesantes, y explicando directamente otros temas. Luego nos cuenta algo de la física de partículas, de la teoría cuántica –con breves pinceladas históricas- y finaliza con algo de cosmología, repasando y entremezclando los hechos históricos con los conocimientos actuales, y combinando las dos disciplinas (me refiero a la cosmología y a la teoría cuántica). Y por fin cierra el libro con dos capítulos, uno orientado al principio antrópico y el otro a la aventura –de ahí el título- que supone la investigación y lo lejos que estamos de saberlo todo.

Otra característica del libro son ciertos comentarios vertidos a lo largo del mismo sobre la personalidad de los científicos que han llevado a cabo los descubrimientos; como personas que son, han tenido –y tienen- sus particularidades, y Timothy no se corta en contarlas. Con esto no quiero decir que ésta sea una obra de cotilleos, nada más lejos de la verdad, sino hacer notar los breves detalles que la amenizan.

Por lo demás, otra obra de divulgación más.

February 2, 2006

Effinger: Cuando falla la gravedad

Bajado de Internet
When Gravity Fails, 1987

Lectura número 006/2006

Primera novela perteneciente a una trilogía, el autor mezcla los géneros del Cyberpunk, el negro y el “gonzo” (al más puro estilo de “Miedo y asco en Las Vegas”) en una desenfrenada narración policíaca llena de violencia, drogas, sexo y caciquismo, ambientada en un barrio de los bajos fondos de una cuidad musulmana y situada en un futuro cercano en el que los implantes cerebrales para potenciarse uno mismo o cambiar de personalidad (las prostitutas se insertan chips a gusto del cliente para comportarse como su amante de turno desee) están a la orden del día, así como las drogas sintéticas y las aberraciones de ello derivadas.

Es un desarrollo fluido pero lleno de tropezones, de giros argumentales imprevistos y de comportamiento anti y asocial; nuestro detective, directamente apoyado por el dueño de todo y de todos al más puro estilo caciquil, ha de buscar a un asesino. Y el protagonista se verá envuelto en una investigación violenta y sin sentido, con el típico final imprevisto y sorprendente.

Y la trama no es más que un mero vehículo que el autor nos pone delante para que veamos la locura sin sentido de un mundo apocalíptico, que no por estar en el futuro nos resulta lejano; si retiramos los elementos de ciencia ficción nos queda la triste y aterradora historia de la gente de un barrio cualquiera de un suburbio cualquiera, en el que la violencia y la droga son los dioses imperantes (y por desgracia sé de qué hablo). Y el fin de Effinger está claro, porque fuera de donde investiga nuestro personaje, existe un mundo normal en el que vive gente normal, que aprovecha los avances técnicos para mejorar su vida.

February 1, 2006

César Vidal: Los masones

Filed under: Lecturas

Editorial Planeta, SA 2005
84-674-2018-9
César Vidal, 2005

Lectura número 005/2006

César Vidal, en un estilo francamente sencillo, ameno y fluente, nos cuenta la historia de la masonería, pero la historia real, dejando de lado –o tocando superficialmente- todas esas tonterías místicas e iniciáticas, fruto de la imaginación de lelos desvelados.

Comienza explicándonos los supuestos orígenes que la propia sociedad se inventa para parecer más y mejor de lo que realmente es. No hay nada de cierto en que existiera en el antiguo Egipto, ni que Pitágoras fuera un iniciado, ni nada que tenga que ver con templarios, secretos místico-religiosos y otras zarandajas. Las logias masónicas evolucionan de las logias –corporaciones o gremios, como queramos llamarlas- medievales de albañiles y constructores, instauradas en secreto para mantener ocultos sus procedimientos y técnicas.

No es hasta el siglo XVIII cuando dichas logias dejan de estar compuestas por albañiles y pasan a estarlo por caballeros y gentes de mayor o menor condición social. Son los inicios, y como medio para atraer más acólitos o, simplemente, por mero afán de sentirse mejores o especiales, inventan sus orígenes y secretos.

Famosos personajes han pertenecido a la masonería: Casanova, Cagliostro y otros pueden actuar y cometer atrocidades impunemente gracias a estar cubiertos –y encubiertos- por estas sociedades. A veces son iniciados por sus supuestos conocimientos místicos, a veces los crean por pertenecer a la masonería.

Siempre según César Vidal, los masones han sido los causantes de la pérdida de las colonias españolas en América, la Guerra de Secesión americana, la Revolución Francesa y otros conflictos de gran calibre. En una lectura rápida puede entenderse que la causa de todo ello fue únicamente esa, pero en ciertas partes afirma que esos acontecimientos se debieron en gran medida, nunca que fueran la causa absoluta y directa. Otros conflictos han sido la Guerra Civil Española –o al menos los hechos que llevaron a Franco y socios a sublevarse- y ciertas revoluciones y hechos anteriores ocurridos en España.

En su momento apoyaron y ocultaron a asesinos nazis, y lo que más me ha sorprendido de todo, es que fueron los causantes de bastantes de las religiones modernas, como los mormones, los testigos de Jehová o los adventistas del séptimo día o como se llamen.

Estas partes (las que hablan de Casanova, Cagliostro y las religiones) son con mucho las más entretenidas y divertidas; sólo por ellas vale la pena leer el libro, aunque el resto tampoco desmerece nada si no son algunos pasajes densamente cargados de hechos históricos que si no conoces –como me pasa a mi-, hacen que te sientas un tanto perdido.

El libro finaliza con lo que yo considero que sobra, no por estar fuera de tema, sino por mear fuera de tiesto. Y es que parece ser que al señor César Vidal le sobran los mormones, pero no la iglesia católica; a mi modo de ver sobran ambos –y de hecho cualquier religión que intente imponernos un estilo y una forma de vivir-; por otro lado –y pueden ser imaginaciones mías-, en el libro se respira un cierto tufillo de retorcimiento político, que va aumentando conforme se avanza en el libro y se vuelve apoteósicamente insoportable en las valoraciones finales.

Sólo por eso ya pongo en duda al menos otros juicios emitidos por César; no dudo de la seriedad del estudio, ni de su documentación, pero sí del tono en que han sido expresadas ciertas partes, sobre todo las que tienen relación con la España cercana o con temas de ideología política. Sinceramente me considero apolítico, y no tolero la imposición de nadie, y desde mi punto de vista, se nota un poco.

Y desde luego, eso de vaticinar en el pasado ha quedado muy pero que muy bien. Que un libro publicado en el 2005 diga que si de perder la derecha de Aznar, ganaría la izquierda y que su líder iba a ser Zapatero, nieto de masón, queda, cuando menos, absurdamente ridículo.

Por otro lado, dejando solo los hechos, me parece a mí que los masones no son trigo muy limpio que digamos y, desde luego, desde ahora merecen mi repulsa –antes, con mi limitadísimo conocimiento del tema, me gustaban-, que quizás sea el objetivo del libro

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