Cosas mías

March 13, 2006

Jules Verne: El testamento de un excéntrico (1899)

Filed under: Lecturas, Verne, Jules

RBA Coleccionables, 2002
84-473-3009-5
Le Testament dún excentrique
Traducción de E. M. A.

Lectura número 0017/2006

Dos son las ediciones que poseo de esta novela, y ambas contienen el mismo texto, la consultada y la de Editorial Molino, Textos Íntegros número 18, de 1983.

Lo cierto es que esta es una novela un tanto atípica de Verne, pero no por ello de menor interés. Nos encontramos con un tal Hipperbone (qué parecido con la palabra hipérbole) que al morir deja su herencia a quien gane una partida del juego de la oca, pero sustituyendo las casillas tradicionales por los diferentes estados que conforman los Estados Unidos de Norteamérica; los jugadores deberán, pues, saltar de estado en estado, viajando por su cuenta, en base al azar de dos dados tirados por un notario.

Este es el camino con el cual Verne justifica las detalladas descripciones de algunas ciudades, pero sobre todo de las líneas de ferrocarril, tan caras al autor. Y si no, recordemos La vuelta al mundo en ochenta días, o La Casa de Vapor. Considero que éste es el tema central del libro, siendo accesorio todo lo demás, pues aunque sin poner mucho énfasis en el tema, casi de lo único que se habla en el libro es de los ferrocarriles, sus avatares y sus horarios.

También hay, claro está, una deslavazada trama amorosa, una pareja de avaros que gastan más por el mero hecho de serlo, y otros personajes también un tanto atípicos. Ya se ha dicho muchas veces en otros sitios: los personajes vernianos son un mero vehículo para las descripciones geográficas, para la aventura concebida por sí misma o para la descripción de la máquina; sin embargo, aquí, ciertos personajes tienen cierta viveza extra, aunque ignoramos el por qué.

De comienzo un tanto lento, el libro se deja leer pese a lo prolijo de algunas descripciones, aumentando la tensión y el interés conforme nos vamos adentrando en la partida, para acabar, como casi siempre, con un final un tanto original e imprevisto, aunque el sagaz lector, conociendo a nuestro Verne, quizás haya intuido.

“… a esos hombres que iban a recorrer por el mundo durante muchos meses, ligados a extraordinarias aventuras de las que ni siquiera hubiera podido formarse idea el novelista francés de más viva imaginación:”

“Conducir a una sola mujer es más difícil que guiar a cincuenta.”

“Respecto al famoso Tabernáculo, no es, a decir verdad, sino una enorme tapa de caldera colocada sobre el suelo.” [Comentario sobre el Tabernáculo de los Mormones].

“… ¡qué escasa belleza natural! ¡Siempre la huella de la mano humana! Llegará el día en que los árboles sean de metal, las praderas de pelote y las plantas de limaduras de hierro. Ése es el progreso.”

“… donde encuentran su alimento gran número de animales, y donde se crían algunos caballos de hermosa raza, que la bicicleta acabará de dispersar un día, …” [Posiblemente un error del traductor, porque queda un tanto extraña la expresión].

“… acompañado del clerigman Hug Hunter, gran vendedor de Biblias, a la vez antisépticas y antiescépticas.”

“¿No es el número de los brazos del candelabro bíblico… el de los días de la semana, el de las Pléyades (no se atrevió a decir el de los pecados capitales), el de los jugadores que corréis tras la herencia?”

“… propietaria de fabulosos pozos de petróleo, lo que vale tanto como decir minas de dólares.”

“Y para terminar, después de leer los sucesos tal vez inverosímiles que este relato contiene, no debe olvidar el lector la circunstancia atenuante de que todo esto ocurrió en Norteamérica.”

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