Benito Pérez Galdós: Doña Perfecta (1876)
Santillana Ediciones Generales, 2003
84-03-09472-8
Del Fondo Editorial Aguilar, Obras completas de Benito Pérez Galdós, Vol. II, pp. 401-498
Lectura número 0017/2006
Otra insigne novela del ínclito Galdós, perfecta en todo su contenido si no es en un final un tanto desconcertante por lo duro del mismo; no me gusta citar opiniones de otros en estos comentarios, pero lo cierto es que Sainz de Robles, en la introducción a la novela, borda, en un solo párrafo, el libro entero (y en otros, por desgracia, desvela más de lo que debe, por lo que pienso que éstos deberían ir al final y no al principio de las novelas). Citaré, pues, dicho párrafo:
En Doña Perfecta… todo es perfecto. La tesis. Los personajes. Las descripciones. Los diálogos. Las dimensiones. Doña Perfecta se lee, igualmente que escrita, de un tirón. Y sabe a poco. Y, sin embargo, no podía ser más.
En medio de otro párrafo, dice: … saca a la luz la influencia en un ambiente, en un ámbito y en un medio de los representantes de una religión que se muestran inexorables con quienes no piensan como ellos, y, lo que es peor, hombres al fin, se valen de un imperio de espiritualidad para medrar en mezquinos y menudos intereses de tejas abajo; de los intereses repudiados por Jesús y por su Iglesia.
Contrariando la opinión de Sainz de Robles, pienso que la religión de Galdós no es la de la iglesia de su época, dominante y dominadora, abrumadora con sus fieles, organizativa e imperativa, sino aquella de la sencillez original; por ello es por lo que el genial autor despotrica contra todo lo constituido y que tenga que ver con la Iglesia.
Y ya para terminar, citaré el último párrafo de la novela: Esto se acabó. Es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son.
