Benito Pérez Galdós: Nazarín
Santillana Ediciones Generales, 2004
84-473-3906-8
Obras Completas, Vol V, pp. 73-166
Lectura número 0066/2006
Sin ser una obra muy mayor de Galdós, me ha gustado sobremanera, no por el contenido temático, sino por la forma en la que se ha detallado.
Comenzamos con un principio típico del autor, largas descripciones y poca acción, para rápidamente pasar a un gran incendio y a sus consecuencias indirectas (de las directas apenas cuenta nada si no es que mucha gente se ha quedado sin casa).
Nazarín, perseguido por la justicia -se le acusa de ser el causante del incendio y de alojar a una fujitiva (con un acierto del 50%)-, cura extraño pero fiel a su dogma, sale a los campos de dios -más bien de las cercanías meseteras madrileñas-, a pedir limosna y ganarse la gloria divina predicando.
En su devenir se asocia con dos mujerucas que lo idolatran y lo siguen igual que otros siguieron a Jesús; una de ellas es la alojada y que provoca el incendio, la otra es una pobre deshonrada a cuya hermana nuestro Nazarín le salva el hijo.
Lo que pudiera ser evidente para la sociedad, que así lo cree, no es cierto. Este trío se dedica a rezar y a ayudar todo lo que puede, viviendo en plena armonía y en perfecta honestidad y recato.
Curiosos son los parelismos por un lado con la versión consuetudinaria de Jesucristo y María Magdalena; nuestro cura sale a predicar asqueado de la sociedad. Hay gente que le sigue porque a sus ojos ha obrado milagros. Finalmente es preso por la justicia y llevado de vuelta a Madrid.
Pero ahí no terminan los paralelismos, puesto que Nazarín es Don Quijote y a falta de un Sancho, tiene dos. Él es la sabiduría caballeresca, sus mujeres son el pueblo, con sus concimentos bajos y soeces.
Depende de qué lectura nos tomemos, la cosa, en su momento, podría haberle metido en problemas, pero al parecer ni siquiera el señor Sainz de Robles se da cuenta (o prefier no dársela).
