Santillana Ediciones Generales, 2005
84-473-4038-4
Obras Completas, Vol VII, pp. 1-108
Lectura número 0078/2006
Diez son los cuentos que Galdós escribió (o al menos los que obran en mi poder). Desde mi punto de vista, son bastante peores que su obra novelada, aunque algunos tienen su “cosa”.
Celín. A una chica se le muere el novio y decide suicidarse. Cuando va por la calle pregunta a un chiquillo la ruta a un cementerio para despedirse de su amado –pues en esa ciudad las casas cambian de sitio durante la noche-; éste la acompaña de acá para allá y la convence de que no debe morir, que la vida es bella… La chica despierta en su cama sin saber si ha soñado o no.
Tropiquillos. Un chico es recogido en una masía y ayuda en las labores del campo. Al final se casa con la hija del dueño. Más cutre imposible, aunque tiene algunos pasajes bellos.
Theros. Un viajero de tren descubre en su compartimento a una extraña mujer, que le acompaña toda la temporada y de la que se enamora… para descubrir que es la personificación del verano… Si no fuera por los bellos pasajes…
El artículo de fondo. Debe ser muy difícil escribir un artículo irónico y satírico sin emplear la sátira dentro de él, y es lo que Galdós consigue en este… El tema del artículo que el personaje está escribiendo varía de contenido e intención según las noticias que el articulista recibe y que nada tienen que ver con el tema del escrito.
La pluma en el viento o el viaje de la vida. Metáfora o como se llame. Una plumita es arrastrada por el viento a muchos lugares y en ninguno está feliz y siempre quiere cambiar de aires. Como el alma humana. Muy dulce, muy etéreo y metafórico.
La conjuración de las palabras. El diccionario se revela por el mal uso que hacen de él los literatos y escritores, pero lo cierto es que ni siquiera las propias palabras del mismo pueden ponerse de acuerdo entre ellas. Bella alegoría.
Un tribunal literario Esta vez le toca a un jurado de escritores. El protagonista les lee su novela, y ellos critican a su modo, variando el argumento a su gusto. Pro ello, el escritor pone un poco de cada uno y termina con un libro infumable que termina vendiendo al peso para envolver. Toda una gozada sobre la crítica literaria.
La mula y el buey. Triste canción de navidad; una niña en su lecho de muerte pide a los padres una mula y un buey del belén, que estos le niegan. Al final la niña muere y va al cielo, de donde baja junto a otros niños para jugar con los belenes, y cuando vuelve a subir lleva en sus manos una mula y un buey. Reconvenida por otras almas, vuelve al mundo de los vivos… y deja las dos figuritas en sus propias manos muertas. Tierno y estremecedor.
La princesa y el granuja. Bello cuento en el que un niño sin hogar se enamora de un maniquí de exposición y cuando este es retirado del escaparate y vendido a una casa de señores, el niño entra en ella, descubre a la maniquí rota y la roba. Se duerme y sueña con que su figura es una princesa viva… y tan intenso es el sueño que pide ser un maniquí y se le concede… para descubrir entonces que ahora está vacío, sin nada por dentro. Quizás un canto a la engañosa belleza vacía de contenidos.
Junio. Entrada en un calendario de la época. Galdós cuenta las cosas que ocurren en junio, en el campo, en la granja, en la cocina y las efemérides más destacadas.
La novela en el tranvía. Un viaje del autor en el tranvía le sirve para que a partir de unos comentarios de un amigo plasta con el que coincide, la lectura de un pedazo de periódico y algunas conversaciones cogidas al vuelo dentro del mismo, se monte él solo una película que termina llevándolo a los juzgados por acusar de asesino a un viajero cualquiera. Simplemente entretenida y original.