Cosas mías

November 1, 2006

Daniel J. Boorstin: Los descubridores (Boorstin, I)

Filed under: Lecturas, Literatura, Ciencia

Editorial Crítica, 1986
The Discoverers, 1983
84-7423-296-1

Apología
He leído este libro al menos seis veces, posiblemente hayan sido 8 las lecturas realizadas, y en todas ellas preside el aspecto maravilla, la emoción de la lectura y el placer de lo bueno. No me canso de releerlo. Cada tres años una morriña, unas ganas locas de volver a cogerlo, llenan mi espíritu y la compulsión es de tal fuerza que no hay más remedio que satisfacerla. Por desgracia el libro sufrió un accidente, fue vícitma de una gotera en mi anterior vivienda, pero me da igual, esas lagunas onduladas que le cambian el color, y ese lateral manchado de aceite -jodidas visitas con críos a los que no vigilan-, todavía lo cubren de más gloria y explendor, porque un libro sobado, manchado, anotado, es síntoma de que se trata de un buen libro.

Debo dar gracias públicamente a la librera que me lo ofreció; no recuerdo su nombre, pero gracias. En mi época adolescente, plenamete capturado por la ciencia ficción, este libro supuso un remanso entre tanta nave espacial y tantos rayos láser, entre tanto vaquero del espacio y, por qué no decirlo, tanta obra mesíanica y de culto, como la serie de Dune y algunas obras de Verne.

Este libro abrió mis ojos a la maravilla de la ciencia, más incluso que otros asimovianos; tras leer a Boorstin, Asimov queda demasiado simple, demasiado sencillo, demasiado pobre. Y no es que Asimov sea malo, sino que Boorstin es mejor, mucho mejor. Cada párrafo, cada frase, está llena de esa magia indescriptible, de ese efecto maravilla por el que un mono un poco más adelantado que sus congéneres ha conseguido llegar a donde está.

Este libro cuenta la aventura del hombre como descubridor, del hombre insatisfecho que busca ir más allá, llegar a la terra incognita, cruzarla, y descubrir en ese momento que lo que antes era incógnito se ha convertido en algo mundano y carente de toda excitación, para vislumbrar más allá una nueva terra, todavía más incognita. O como no dijo Aldrin (y a su vez parafraseando a otros), un pequeño paso para mi, un pequeño paso para la humanidad, un paso que nos acerca infinitésimamente al océano cósmico, a este mono que siempre se encuentra en esa interminable orilla llena de granitos de arena que para nosotros son piedras casi infranqueables pero que, con el tesón que nos caracteriza, es capaz de sortearlas, subirlas, romperlas y descubrir la perla que hay en su interior.

Son 700 páginas de apretado texto en formato cuartilla, y cuando terminas de leerlo descubres que querías siete mil, setenta mil. Es impsible resumirlo, su resumen es el libro mismo. Cada párrafo está lleno de conceptos, de ideas. No hay desperdicio. No hay momento de pausa. Y quieres más, siempre quieres más. Y tras casi veinticinco años, sigue siendo igual de actual e igual de intersante, continua vivo y no creo que muera nunca.

Contenidos
Tras la nota personal al lector, en el Libro Primero, Boorstin nos habla del tiempo, pero del tiempo no como concepto físico, sino del tiempo como elemento a controlar por el hombre. La historia de los calendarios, de los relojes de arena, de agua, de sol, mecánicos. Por qué el hombre occidental quiso medir el tiempo, y cómo no lo medía el oriental. Misioneros en la China Celestial, autómatas mecánicos, gremios, el invento del péndulo, del mecanismo de escape. Los grandes relojes catedralicios, cómo al principio sólo dividían el día en cuatro partes, luego le pusieron números y más tarde llegaron a los minutos y segundos. Los monjes debían rezar a ciertas horas, los barcos debían conocer su longitud y su latitud. El invento del cronómetro y de la bitácora. Por qué el sistema sexagesimal, por qué se cometieron los errores de cálculo a la hora de confeccionar calendarios. Desde la más antigua mesopotamia hasta la pre-modernidad medieval, pasando por Egipto, Grecia, Roma, China, África…

En el libro segundo podemos intuir a los primeros navegantes, a sus preocupaciones y sus problmeas para hacerse a la mar y llegar a destino. Y a los cruzados a Tierra Santa, a la búsqueda del paso a China bordeando África, de Marco Polo y sus viajes, de la Ruta de la Seda, podremos ver a los chinos expandiéndose por el mar y luego retirarse, veremos a Ptolomeo y su sistema cartográfico, veremos los errores de los cristianos a la hora de trazar los mapas en forma de T, veremos cómo los portulanos ayudaban a los marinos, y a Enrique "el Navegante" financiar y forzar el rodeo de Africa. Concoceremos a Eric el Rojo y su llegada a América antes de que fuera descubierta, y asistiremos a Colón y sus descubrimientos en todo su explendor y fuerza, así como a Magallanes y sus formidables penalidades, amén de otros muchos.

Si en el libro primero Boorstin nos trae al hombre descubridor y medidor del tiempo, y en el segundo al descubridor de nuevas tierras, en el tercero nos lo presenta como inventor y desentrañador de los misterios de la naturaleza. Asistiremos al invento del telescopio y del microscopio. Asistiremos a la investigación del interior humano, al nacimiento de la medicina y de la muerte de las creencias tradicionales. Veremos a Newton, a Leibniz, a otros muchos investigadores de la física; asistiremos al nacimiento de la comunidad científica moderna y de cómo uno de sus padres (Oldenburg) es hoy en día un completo desconocido. También veremos el nacimiento de las ciencia naturales, y las modernas técnicas de clasificación taxonómica, así como de la teoría sobre el origen de las especies…

En el último libro Boorstin nos cuenta el origen de la historia y de la arqueología, de la economía moderna, de la estadística y, finalmente, de la teoría atómica.

Pero no piense el lector que he resumido todo lo que el autor nos cuenta, no. Tan sólo he hecho un breve repaso completamente superficial sobre los temas que trata, nada más que un simple bosquejo del contenido del libro; ya lo he dicho más arriba: no se trata de una obra resumible ni fácilmente abarcable. Es tanto de lo que habla que resulta prácticamente imposible citar todos los temas. La única solución es leerlo, pero te aviso que si lo haces, repetirás.

Marginalia
Un libro como estre ha de ser anotado por el lector. Es imposible que una lectura de este calibre no despierte inquietudes e ideas en el lector y, como tal, mi tomo está profusamente anotado, con una ingente cantidad de subrayados y comentarios al margen, de los que voy a hacer una pequeña selección.

Subrayado, en la página 71, para público escarnio y befa de la iglesia católica mundial: "En el mismo momento en que Galileo estaba siendo juzgado en Roma por el papa a causa de sus supuestas herejías, los jesuítas predicaban en Pekín el evangelio galileano."

Página 163, Boorstin dice: "… y se cree que fueron navegantes embarcados en errabundos barcos de vela quienes dejaron antiguas monedas romanas en Venezuela." Yo más bien pienso que fueron puestas allí con posterioridad, quizás sea un buen punto a investigar, aunque seguro que alguien lo ha hecho ya…

Página 284, Boorstin habla de que los viajes de Cook fueron los primeros viajes financiados por un gobierno con el único fin de la investigación, lo que evidentemente no es cierto, puesto que todas las tierras descubiertas debían ser reclamadas por el gobierno inglés, de modo que primeramente fue un viaje de descubrimiento de nuevos territorios (el famoso e inexistente "continente sur", tan goloso para todas las naciones en aquella época) y luego de investigación (ya que se iba, si no se encontraba nada, al menos se aprovechaba el viaje).

Página 331. Se termina de discutir el tema de la condena de Galileo por la iglesia. A Boorstin se le olvida el caso de Giordano Bruno, que fue quemado en la hoguera y que, junto al caso de Galileo, ha hecho perder a la Iglesia Católica cualquier credibilidad y seriedad a la hora de tratar temas científicos. Cuando todo el mundo creía a Galileo, a Kepler y a Copérnico, y sus descubrimientos eran casi evidentes por sí mismos hasta en la época en la que fueron hechos, los curas se dedicaban a tensar hasta lo imposible la cuerda de su control político y social… Y perdieron, como era de rigor.

Página 518, Boorstin dice: "En el siglo XX, la tecnología del sonido grabado ha hecho posible los "libros parlantes", que se encontraban entre los objetivos de Edison cuando inventó el fonógrafo. Sin embargo, no se ha encontrado todavía sustituto al invento de Braille." Qué razón tienes, jodío, y 25 años después, con todo el despliegue tecnológico actual, seguimos igual. A ver si alguien se apunta.

En la página 565 y siguiente, nos cuenta la historia de Schliemann como inventor de la arqueología moderna y descubridor de Troya y otros hallazgos similares; quizás el Indiana Jones del cine sea un homenaje a este señor, los paralelismos son evidentes.

2 Comments »

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  1. One of the most intelligent and rich authors I ever read.I am Mexican,therfore I read in Spanish and his books are of teaching and learning.Thanks for your job of investigating for us.

    Comment by Salvador G.Zertuche — July 6, 2007 @ 7:34 pm

  2. Los Descubridores y el 2º tomo, Los Creadores, son autenticos lujos al alcance de cualquiera. Faciles de leer e indispensables para tener una ligera idea del mundo en el que vivimos. Deberia ser obligatoria su lectura.

    Comment by Jose Oluz — September 9, 2007 @ 9:55 pm

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