Cosas mías

March 25, 2007

Charles Dickens: Oliver Twist

Quizás sea esta la novela más conocida de Dickens, más que nada por las películas que se han hecho de ella, aunque nunca, nunca, podrán hacer justicia al texto original, plagado de segundas intenciones, escrito con una fina (y a veces no tan fina) ironía y un humor muchas veces ácido.

Un chico de inclusa escapa del oficio al que estaba destinado (ayudante de enterrador y plañidera) y se dirige a Londres, en donde le contacta un chaval que lo lleva a un judío que se encarga de gestionar una red de ladrones e intenta hacer de él uno de ellos, pero la bondad innata del chico imposibilita que lo consiga.

En uno de los robos es capturado y apadrinado por el propio robado, que comienza su educación, pero mientras está haciendo un recado es vuelto a capturar por sus antiguos compañeros, que lo llevarán a una casa para que entre por un ventanuco y les abra la puerta principal. Pero son sorprendidos por los dueños y el chico es herido. Retenido y curado por la familia, enseguida se hace de querer por ellos.

Una de las mujeres del grupo de ladrones, amancebada con el peor de ellos, y que en el fondo no es tan mala como podría suponerse, se entera de la verdadera historia del chico y escapa para contársela a los que lo están cuidando.

En ese momento los acontecimientos van acelerándose hasta el final, en el que los malos son apresados y muertos por la justicia y el chico vindicado.

Se ha acusado a Dickens de basar su obra en las coincidencias más inverosímiles, como el hecho de que el primer hombre que acoge a Oliver sea… bueno, lo que sea, así como otros elementos todavía más rebuscados y coincidentes, pero lo bueno de una trama así es que todos los personajes son conocidos del lector, y éste sabe de qué pie cojea cada uno, de forma que la narración tiene un tono intimista y la novela no adolece de un tamaño excesivo, ya que el modo de presentar a los personajes en las novelas de la época era poco menos que hacer una biografía completa…

Lo cierto es que se trata de una novela interesante, muy bien escrita y mejor desarrollada, una obra que todo lector no debería dejar de conocer.

Comentar que circula por Internet una versión en formato electrónico (creo que de LibroDot) que no es la novela original, sino una versión bastante infantilizada y burdamente resumida y que desde luego no hace justicia a la obra original.

March 24, 2007

Propiedades automáticas en C# 3.0: Reinventando la rueda… poligonal

Filed under: Programación

La nueva versión de C# trae una característica que se conoce como propiedades automáticas, que no es otra cosa que el hecho de poder definir propiedades elementales (es decir, aquellas propiedades sin efectos laterales que solamente son una representación de una variable miembro interna) de forma mucho más sencilla y teniendo que teclear menos código.

La característica la he visto en el blog de Wriju, en concreto esta entrada recientemente colocada. También creo que esto haya sido comentado por aquí, pero no puedo evitar la tentación de decir algo al respecto.

Usando los mismos ejemplos que aparecen en el citado blog, y resumiendo un poco, lo que en C# 2.0 se expresa como:

public class Customer

{

public Customer() { }

 

private int _CustID;

 

public int CustID

{

get { return _CustID; }

set { _CustID = value; }

}    

 

}

En C# 3.0 podría escribirse así:

public int CustID

{

get;

set;

}

Casi nada, la gente de Microsoft ha inventado una rueda poligonal, ya que dicha característica a mi modo de ver viola los conceptos de un lenguaje sintético (igual que lo violaba el C# original) y no hace más que enredar lo que otros chicos, también de Microsoft, han resuelto más que satisfactoriamente con la introducción de una palabra reservada en el lenguaje, y es que en C++/CLI existe lo que se llaman propiedades triviales. Definir una propiedad al estilo C++/CLI es tan sencillo como teclear:

property int CustID;

 

Personalmente pienso que el hecho de no introducir la palabra reservada property dentro del lenguaje C# es un defecto de diseño bastante serio, máxime cuando el lenguaje fue creado en su momento desde cero. De todos modos ignoro si existe alguna limitación o razón para no utilizar dicha palabra en el lenguaje, pero creo que no.

March 20, 2007

José Méndez Herrera: Ensayo biográfico sobre Charles Dickens

Filed under: Lecturas, Chatarrillas

De verdad que no lo entiendo. Me vais a perdonar pero sigo sin entender las ínfulas literarias mal llevadas del autor de la biografía de Dickens que, como el biógrafo de Galdós, convierte lo ameno en casi insufrible. En este caso no hay párrafos de cuatro páginas, pero sí de dos, y, al igual que ocurre con Sainz de Robles, convierte la lectura de una biografía en algo bastante cargante.

Dickens, al que al parecer no le gustaba mucho el mar pues se mareaba –son palabras del propio Méndez- tiene que soportar ser biografiado como si de un barco se tratara, ya que la genial idea del biógrafo es dividir la vida del autor en términos marineros y a partir de ellos ir desgranando los hechos.

Pero por si eso fuera poco, encima se nos va más allá de los Cerros de Úbeda en cada inicio de sección, trayendo y llevando al pobre Dickens, arrimándolo a una tempestad o a una costa, generalmente empleando metáforas muchas veces sin sentido alguno.

Y lo peor no es eso, lo peor de todo es un párrafo contando algo de su vida y doce desvariando, aparte de ir revelando, sin aviso previo, elementos de la trama de casi todas las novelas…

Añadamos que no trae ni bibliografía ni listado de obras y fechas ni referencias ni nada de eso.

Y como botón de cierre, esa jodida manía de traducir los nombres de pila… Carlos por Charles, Oliverio por Oliver… En fin.

 

Dickens es el Galdós británico, o mejor dicho, Galdós es el Dickens español, los paralelismos son evidentes tanto desde el punto de vista literario como personal. Galdós escribió sobre los españoles y Dickens sobre los británicos, etc.

Ambos de clase media, a Dickens el éxito le vino pronto aunque su juventud fue bastante difícil económicamente hablando, ya que tuvo que trabajar en esas empresas explotadoras de niños que luego supo describir con tanto acierto en sus obras.

La mayoría de las novelas de Dickens están basadas en lo que ve y lo que recuerda, y muchas escenas son autobiográficas así como muchos personajes son gente de su alrededor, caricaturizada o exagerada.

Viajó a Estados Unidos dos veces, en su primer viaje comenzó a defender el tema de los derechos de autor, el segundo fue para realizar lecturas de sus propias obras, que le granjeaban más éxito y dinero que las propias novelas, y de hecho dichas lecturas tuvieron una parte importante en su fulminante muerte, pues pese a los consejos médicos en contra, siguió realizándolas a pesar de sus problemas de salud.

Fundó dos revistas, aunque la primera creo que sólo estuvo en la calle unos pocos números; con la segunda le fue mucho mejor, y era el lugar en donde habitualmente publicaba sus obras por entregas, porque Dickens publica casi siempre por entregas y va componiendo sus novelas al vuelo, manteniendo y respondiendo a la opinión de sus lectores, lo que si a veces es una ventaja, otras no lo es, ya que hechos pasados pueden forzarle a no poder realizar acciones futuras, mientras que si se escribe todo antes de publicarlo siempre se pueden corregir los inicios; aunque al final optó por tener los argumentos fijados de antemano, muchas de sus novelas, sobre todo las primeras, contienen esas vueltas algo extrañas al lector moderno por los motivos citados.

Dickens, igual que Galdós, cosechó en vida un enorme éxito, tanto que a veces se vio abrumado por él. Le gustaba viajar –aunque al parecer no por mar-, recorrió toda Europa y los Estados Unidos, y llegó a vivir por temporadas en Italia, Francia y Suiza (o Alemania, no lo tengo claro).

Dickens, aunque en un principio pueda parecer inusitado, ejerció la ironía y la crítica social más radical, aunque de forma solapada, y es que muchas de sus obras no son más que vehículos para mostrar toda la miseria y maldad que había en la época…

March 17, 2007

Antonio Cabanas: El ladrón de tumbas

Filed under: Lecturas

Aunque demasiado lento para mi gusto el libro es enormemente interesante por presentar, no como el autor dice, ” que los protagonistas pertenezcan a los estratos más bajos de la sociedad de su tiempo”, sino que los personajes pertenecen a una supuesta clase media ascendidos, eso sí, de unos vulgares ladrones. Y es que el título apenas tiene relación con el contenido real de la obra si no es por el hecho de que los protagonistas consiguen ascender en la escala social gracias al botín de una tumba.

No es, pues, una novela centrada en el robo de tumbas y sus ladrones, sino en la estructura social del Egipto de Ramsés III cubriendo casi todos los aspectos sociales y políticos gracias a las a veces metidas con calzador descripciones al estilo de Julio Verne que el autor nos inserta en el momento más inoportuno como queriendo instruirnos. Otra cuestión que me ha resultado bastante pesado es la enorme cantidad de citas a pie de página explicando los nombres propios y ciertas acciones de los personajes, elementos que muchas veces son completamente innecesarios ya que rompen la continuidad del texto.

Pero por otro lado es un libro muy bello e inteligente; cuando iba por la mitad de su lectura estaba bastante mosqueado porque parecía que el autor se había olvidado de ciertos hechos y éstos habían quedado colgando a medio desarrollar sin mucho sentido. Pero lo cierto es que el autor juega con nosotros en ese aspecto y en las cien últimas páginas nos da un golpe de efecto que personalmente me parece demasiado brusco pero que tampoco está mal. Lo único achacable es, aparte de lo ya citado, la lentitud en el desarrollo del centro de la novela, aunque si se piensa bien dicho desarrollo ha de ser así.

Como anécdota comentar que el autor parece ser que desconoce que la madera se desbasta en lugar de devastarla (pobrecita), y no es una errata porque la expresión aparece al menos dos veces. También hay una curiosa errata, ya que “banalidades” se escribe con b y no con v.

March 12, 2007

El caso de los bytes perdidos

    Hola, ínclito lector. Espero que seas paciente conmigo, ya que tengo que hablarte de algo bastante importante y que seguro te afecta en la misma medida que lo hace a mí. Pero antes de entrar en materia tengo que justificar y explicar algunas cosas, así que espero que leas lo que viene si no con interés porque te resulte ya conocido, sí al menos con cierta condescendencia hacia este penitente del teclado. En fin, vamos allá.

    La unidad básica de información es el bit, que es un uno o un cero, aunque la representación real pueda ser diferente, como un flanco de subida para el uno y uno de bajada para el cero. O al revés. O incluso mediante lógica negativa se puede representar un 1 como ausencia de tensión y un cero como presencia. A nivel lógico no nos importa mucho, ya que de la forma que se represente el contenido de información es el mismo.

    Históricamente los bits se agrupan en bytes, que son 8 bits juntos. No vamos a entrar en muchos detalles en por qué se implementó de esta forma y no, por ejemplo, que 10 bits formaran 1 byte. El hecho, igual que antes, es que a un grupo de 8 bits se le asigna el nombre de byte y dicho byte se trata como la unidad básica de información en informática.

    Con 1 byte podemos representar hasta 255 valores diferentes aparte del cero mediante combinaciones de ceros y unos. Empezando con 00000000b para el cero, siguiendo con 00000001b para el número 1, 00000010b para el 2, 00000011b para el tres hasta 11111111b, que representa el número 255 (o -127, según se mire, pero de nuevo no vamos a entrar en detalles).

    Otra forma de representar un byte es mediante números hexadecimales, es decir, números en base 16, en los que por convención los dígitos válidos son 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, A, B, C, D, E, F. Si nos fijamos un poco observamos que el número binario 11111111b se puede representar como FF en hexadecimal. O como nos gusta a los informáticos: 0xFF.

    Pero lo más curioso del tema es que 28 es el número de valores posibles que caben en un byte, es decir, 28=256 (o sea, 255 más el cero). Si nos damos cuenta el número es 256 y no 250, porque estamos trabajando en números binarios y al hacer la conversión matemática y real es lo que nos da. Y no podemos modificar la matemática porque es así. Lo que sí podríamos hacer es crearnos un sistema numérico en el que 28 fuera 250. Pero no valdría para nuestro universo.

    Siguiendo con el tema, si juntamos dos bytes uno al lado del otro, obtenemos un número que se puede representar con 0xFFFF en hexadecimal o bbbb bbbb bbbb bbbb en binario, en donde cada b representa un uno o un cero. Y su valor máximo, o el máximo número de valores que podemos guardar ahí son 28x28, es decir 28+8=216=65536. Y no 65000. Y son matemáticas casi de escuela primaria.

    Pero adelantemos un poco. ¿Qué ocurre si medimos en cantidad de miles de bytes en lugar de en bytes, subiendo la escala tres órdenes? A poco que uno sea riguroso pensando, deducirá que un kilo-byte son 1024 bytes. Es decir, 1KByte=1024Byte. Veamos por qué.

    Si trabajamos en metros y queremos pasar una cantidad a kilómetros, multiplicamos por 1000, es decir, por 103. En otras palabras, elevamos al cubo la base numérica. Pero lo que en base decimal es fácil, en base binaria no lo es tanto. Y tenemos que sumergirnos en razones históricas sobre el diseño y la arquitectura de los ordenadores. Intentaremos ser breves.

    Tradicionalmente la construcción de computadores ha sido muy cara, y más cara todavía la construcción de memoria. Toda la informática está basada en lo que se conoce como báscula (latch en inglés) lógica, generalmente de tipo D. Una báscula representa 1 bit. 10 básculas, 10 bits. Pero con 10 básculas podemos guardar 210 números diferentes, que son 1024 valores. No 1000 ni 1100. Y en la época en la que se diseñaron los primeros ordenadores, desperdiciar 24 números de cada 1000 era un derroche impensable, aparte de que calculando así obtenemos más ventajas que no son observables a simple vista, pero que están ahí. Como evitarnos lógica física (o sea, electrónica) para evitar esos 24 números que nos sobran.

    ¿Qué ocurre si juntamos un grupo de 8 básculas y las optimizamos para que sean 1 byte (que llamaremos por simplicidad báscula-8) y luego juntamos grupos de 10 básculas-8? Pues que tenemos 1024 formas de almacenar 1 byte. No 1000 ni 1100. Y volvemos al tema anterior del desperdicio de esos 24 números posibles.

    Quizás no sea la combinación perfecta, pero es la que hay. En su momento se decidió por agrupar los bits en atados de 8 para que cupieran exactamente dos dígitos hexadecimales, y luego agrupar dichos atados de 8 bits en atados de 10. Podrían haber agrupado dichas básculas-8 en grupos de 8, pero entonces habría que trabajar en números octales, y estos no presentan las ventajas de los hexadecimales (de hecho en un tiempo se trabajó con ellos, pero rápidamente fueron descartados). También podrían haber agrupado los bits de 10 en 10, pero ocurría lo mismo, los números no cuadraban de forma “mágica”.

    Y si agrupamos 10 grupos de 10 básculas-8 por cada báscula-8 en una especie de matriz de dos dimensiones obtendremos 210x210 bytes, es decir, 1024x1024 o lo que es lo mismo, 1.048.576. Y si lo ajustáramos a nuestro formato decimal, ahora estamos perdiendo 48.576 “celdillas mágicas” por un quítame allá esas pajas.

    Hay más razones para estos agrupamientos, como el hecho de que 210 es un número natural dentro del sistema de numeración en base 2, mientras que el número 103 no tiene representación directa. También está el hecho del direccionamiento físico de las líneas de datos y direcciones dentro de un microprocesador y de una memoria, pero vamos a detenernos aquí.

    Así que ocurrió lo que tenía que pasar: 1KByte pasó a ser 1024Bytes, la correlación era instantánea y prácticamente irresistible. Y 1Mbyte = 1024 Kbyte. Y así subiendo de escala.

    Trabajando así tenemos dos ventajas a la hora de fabricar chips de memoria: tenemos una cantidad de celdas extra (y gratis) y encima el proceso de fabricación es más sencillo. El Sistema Internacional de Pesas y Medidas ha protestado, pero no ha regularizado porque es absurdo forzar la escala decimal, absurdo y muy caro en implementación física. Y a fecha de hoy, hablando dentro del mundo de la informática, un kilobytes son 210=1024 bytes, por mucho que algunos rabien.

    ¿Pero qué ocurre cuando vas a una tienda a comprar un chip de memoria para tu ordenador? Llegas al mostrador y pides un módulo de “un giga”. ¿Y qué te venden, medido en bytes? Pues 1 GByte = 1024 MByte = 1024x1024 Kbyte = 1024x1024x1024 Byte. O 1 GByte = 210 MByte = 220 Kbyte = 230 Byte. A fin de cuentas, te están vendiendo 1.073.741.824 bytes. Y desde luego si ese módulo llevara 1.000.000.000 seguro que reclamarías esos setenta y tres mil y pico bytes que faltan. Además, fíjate que podrías comprar 512 “megas”, no 500, sino 512. O 256, pero no 250.

    Sin embargo, veamos qué ocurre cuando vas a comprarte un disco duro. Llegas a la tienda y pides uno de 120 “gigas”. Vas todo contento, lo montas y… descubres que ¡sólo tiene 111,79! ¿Y eso? Te faltan 8,21 GB. ¿Se perdieron por el camino? No, porque cuando lo instalas y lo formateas en una sola partición descubres tus 120 GB. Pero 120 justitos, justitos.

    Vaya. Haciendo cálculos descubres que 120 GB son 128.849.018.880 bytes. Sin embargo tu disco duro sólo tiene 120.000.000.000 bytes. Imagina que compras un módulo de memoria de un “giga” que solo tuviera 1.000.000.000 bytes. Pues es lo mismo.

    ¿Qué está pasando aquí?, te preguntas. La respuesta es fácil: los fabricantes de discos duros han decidido por su cuenta y riesgo que 1 KB son 1000 bytes. Y que 1 MB son 1000 KB. Y ellos te venden un disco duro de 120 de “sus gigas”, no de los “gigas” que todos conocemos.

    Si uno va a una tienda y compra una cinta métrica de 1 kilómetro (suponiendo que las haya) le venden una tira de tela que mide 1000 metros. No mide 1024 metros. Porque hablamos de metros, no de bytes. Si las cintas métricas se midieran en bytes, de seguro que los tendría. Y para muestra, los módulos de memoria, que también se miden en bytes.

    Desde luego que yo me siento no solo insultado, sino también robado. Me están vendiendo algo que no es lo que ofrecen. Porque me están vendiendo un disco duro de 111 Gigabytes como si fuera de 120. Y la pérdida aumenta considerablemente conforme aumentan las capacidades. Los 320 “gigas” comprados son en realidad apenas un poco más de 298. ¡Joder, me han quitado casi 22 “gigas”! Por su cara bonita.

    Y esto no sólo ocurre en España, el país de los “pobrecitos habladores”, sino que es algo completamente generalizado a nivel mundial. Se aprovechan de nosotros. Y encima nosotros tragamos como tontos. ¿Has comprado un disco duro recientemente? ¿Sí? Pues hala, otro tonto más al bote. Yo la última compra que hice fue de cincuenta. Y pagué sin rechistar (bueno, pagó mi empresa). Y la próxima será de por lo menos cien unidades. Cien veces tonto y cien veces robado. Y los fabricantes de discos duros partiéndose el culo de risa a nuestra costa.

    Pero todavía hay más, al menos en España. Si vas a una tienda y compras un rollo de 5 metros de papel de aluminio que realmente tiene 4,99 el fabricante está cometiendo un delito. Está estipulado en la ley. Los fabricantes de discos duros también la están violando. Te están vendiendo algo de un supuesto tamaño que realmente tiene menos. Y estás pagando por el tamaño total. Delito con todas las palabras de la ley.

    Y no se trata de 10 milímetros. Se trata de magnitudes mayores. Y sin embargo nadie hace nada. Bueno, algunos tontos nos dedicamos a patalear, pero con eso nos quedamos. Aunque al menos no tragamos, por lo que quizás seamos menos tontos que los que compran sin rechistar. O más. Porque encima de tragar, dedicamos dos horas a escribir cosas como estas.

    Además, los fabricantes no pueden excusarse en que siempre ha sido así en los discos duros. Hace unos años los tamaños eran los reales, no como ahora. Simplemente se juntaron y decidieron cambiar las normas unilateralmente. Y creo que eso también es delito. Y nosotros sentados en nuestra silla, felizmente ignorantes de que nos roban nuestra energía (el dinero es trabajo, que al final es un gasto de energía), mientras que ellos se van al Caribe con la modelo de turno con el dinero extra que nos han sacado.

    En fin, que ahí queda dicho. Para quien quiera escuchar.

March 7, 2007

Benito Pérez Galdós – EN-IV-10: La de los tristes destinos

Tras los pertinentes fusilamientos por la revolución fallida, tenemos noticias de que Santiago Ibero y Leoncio Ansúrez (El hermano de Lucila que aparece en la toma de Tetuán) están presos como partícipes de la revolución. Tras muchas influencias (que de nuevo sirven para ponernos al día de la situación) son puestos en libertad.

Pero al poco de estar libre, vuelven a por Santiago, que huye a Francia. Por el camino se cruza con Teresa, que está enamorada de él pero se ha visto obligada a casarse con un vejestorio por dinero.

Posteriormente la susodicha Teresa abandona a su marido recién muerto y va a unirse con Santiago en Francia.

Tras un intermedio en el que junto al Marqués que dio origen a esta serie y su hijo visitamos a la Reina y al rey hijo, volvemos con Ibero, que se aburre en Francia mientras vive felizmente con su Teresa y trabaja en lo que sale.

Por eso realiza un viaje a España para entablar una escaramuza y llevar unas cartas a Sagasta, pero es la época de la Exposición Universal y recibe noticia de que sus padres andan cerca de él, por lo que se separa de su mujer y se dirige a Inglaterra, para estar junto a su General y a otros exiliados famosos.

Allí se emborracha y se pelea con un irlandés, por lo que es encarcelado. Finalmente consigue embarcarse junto a Prim, que se dirige hacia España enarbolando un nuevo levantamiento.

Esta vez sí que resulta victorioso, y la reina huye, haciéndose con el poder los liberales, quedando el rey Alfonso a cargo de Espartero como regente. Santiago, finalizado su cometido y satisfechas sus ansias guerreras, vuelve a Francia con su esposa.

Benito Pérez Galdós - EN-IV-9: Prim

Galdós nos presenta a Santiago Ibero, hijo del Ibero de la serie anterior, que escapa de sus padres para tener aventuras y poder formar parte del ejército del General Prim, pero llega tarde porque éste ha ido a México a poner orden en dicho país ayudado de otras naciones europeas.

En Madrid entra en contacto, entre otros muchos conocidos del lector, con Leoncio Ansúrez (hermano de la Lucila del Episodio 3 de esta misma serie). Sin comerlo ni beberlo es hecho preso y desparece de escena.

La búsqueda de Santiago por parte de sus padres da pábilo a hacernos un recorrido de la política actual, pues dicha búsqueda se realiza mediante influencias.

De repente nos encontramos a Santiago camino de Valencia para unirse a Prim. Fue apresado y encarcelado creo recordar que en Melilla, pero es escapa y pasa una temporada de contrabandista marítimo hasta que decide unirse al General.

Justo antes del fracaso del levantamiento, Santiago es enviado a Madrid con cartas para gente de la capital, y todavía se intenta producir un nuevo levantamiento.

Benito Pérez Galdós - EN-IV-8: La vuelta al mundo en Numancia

Diego Ansúrez es el armador del barco del episodio anterior… Diego navega con su mujer y su hija, y tras contar cómo encontró a su mujer (literalmente le cayó del cielo cuando ésta escapaba de un convento), se separan y Galdós prosigue contando las aventuras del armador, que se dirige a Cádiz, unas veces viajando por mar, otras por tierra. En su devenir pierde a su mujer, que muere, y ayuda a un tal Belisario, negro peruano que al final sabrá es un rico prohombre, pero después de que le robe a la hija, ya en Cádiz.

Diego se siente tan mal que se enrola como segundo en La Numancia, que parte de Cádiz. Primero pasan por las Canarias, y luego por Montevideo, y después sufren varias adversidades entre averías y accidentes de la marinería, hasta que finalmente arriban a Perú.

Diego recibe informaciones variadas sobre su hija, pero nada concluyente y, antes de que tenga tiempo de investigar más, por un quítame allá esas pajas, se arma la guerra entre Chile y España, seguida de ataques a varios puertos peruanos y chilenos, hasta que al final todo se soluciona (más que nada cuando España, engañada por el afán imperialista y colonialista internacional, descubre lo que vale una guerra).

Vuelven rodeando el Pacífico (y Diego sin haber encontrado a su hija), pero las averías de la Numancia hace que pasen bastantes penalidades hasta que son atendidos en varias islas. Cuando llegan a Cádiz de nuevo Diego descubre que su hija lo está esperando en el puerto junto a su rico marido…

Benito Pérez Galdós - EN-IV-7: Carlos VI en la Rápita

Al final Santiuste se lia con la mora amada, pero la felicidad le dura poco, pues ésta lo abandona sin motivo aparente. Uno de sus amigos moros le pide que lo acompañe a Tánger, a donde llegan tras una serie de peripecias que casi más parecen de novela de aventuras que realista; allí se empeña en conocer a las tres mujeres del harén de su amigo, pero éste se lo quita de encima antes de que lo consiga (bueno, en el intento hay varias escenas humorísticas y otras que casi te hacen pensar que se lo van a cargar, toda una gozada), enviándolo de vuelta a España.

En Madrid es encomendado para que realice unas investigaciones por la mitad noreste de la península, ocultada su identidad como "Confusio", con cartas de recomendación para aquí y allí. En Tortosa, Donata, una de las sobrinas de un cura se enamora de él y posteriormente, se fugan, pero al final es capturado por el cura, que no es cura sino arcipreste, y se embarcan. Mientras asisten a la captura de Carlos VI.

Benito Pérez Galdós - EN-IV-6: Aita Tettauen

Volvemos con Halconero, que ha tenido 4 hijos con Lucila, y como a uno de ellos no el sienta bien el campo se vuelven a Madrid, en donde los chiquillos pueden gozar a sus anchas de las aficiones militares.

Un día al padre le da un jamacuco y se muere, y el hermano de Lucila (Santiuste) junto a un amigo (Leoncio) se van a la lucha que se ha entablado en África con Marruecos por quítame allá esas pajas. Asisten a toda la conquista hasta casi la toma de Tetuán, en la cual los amigos se separan y Santiuste, herido, queda al cuidado de unas moras que lo llevan a la propia Tetuán.

Entonces cambia la narración y pasa a ser contada por un historiador moro; una vez conquistada la cuidad, y de nuevo con voz galdosina, volvemos a econtrarnos dentro a Santiuste, enamorado de una morisca.

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