Orson Scott Card: La Sombra de Ender
Con muchos spoilers.
Volvemos a ver a Ender de nuevo en la Escuela de Batalla, pero esta vez desde el punto de vista de Bean, ya que de éste es de lo que habla el libro. Desde su más tierna infancia, criado como experimento genético ilegal para aumentar la inteligencia humana y soltado en las calles de Rotterdam cuando dicho experimento termina abruptamente, pasando por su integración en las bandas callejeras, la protección de sor Carlotta y la siguiente ascensión a la Escuela de Batalla. Allí será el chico más pequeño y más listo de todos con amplia diferencia, más inteligente que Ender, más que cualquier profesor (llega a introducirse en el sistema informático de la escuela, coger cuentas de los profesores e incluso espiar conversaciones metido en los conductos de ventilación), pero que, pese a ello, carece del carisma que sí tiene Ender.
Consigue adivinar lo que Ender en su momento no pudo, de hecho la inteligencia de este chico es pasmosa y asombrosa, y así nos lo hace ver Card con su prosa. Aunque se ve un poco el truquillo, resulta enormemente instructivo cómo el enano de Bean deduce a partir de un simple gesto o una pequeña frase todo un entramado de verdad.
Finalmente es Bean (y no Ender) quien gana a los insectores, suministrando al Wiggin la idea básica para destruir el mundo original de los insectores. También, a lo largo de la obra, se justifican ciertos fallos que aparecen en El juego de Ender, como el hecho de por qué no había reinas en los planetas conquistados…
Y el título también queda explicado: Bean es la sombra de Ender, su alter ego, su sustituto y su vigilante, de hecho los profesores lo utilizan para contrastar las ideas de uno con el otro (dado el hecho de que ambos son mucho más inteligentes que los profesores).
