Charles Dickens: Martin Chuzzlewit
Mentes más preclaras que la mía comentan que esta fue la última de sus novelas picarescas y que, a medio publicar, cambió el argumento y metió a Martin Chuzzlewit hijo en un viaje a América para aumentar el decayente interés; lo cierto es que si lo hizo no se nota nada en el argumento, y sí que sirve para dar un satírico varapalo al american way of life de la época… De hecho en toda la novela abundan los retruécanos y los juegos de palabras que seguro en la época resultarían harto hilarantes y que en la actualidad se quedan en meras anécdotas divertidas.
Pero lo cierto es que, junto al Copperfield y al Twist, resulta una obra amena (desde luego no es una Casa Desolada), entretenida y, aunque sobrepase el millar de páginas en edición impresa de apretada letra, ligera, ya que nos enfrentamos a varias líneas argumentales que se rozan y entrecruzan para terminar en el apoteosis final, cuando el viejo Martin Chuzzlewit estira de todos los hilos y los atrae hasta un final justo y coherente. Pero debemos tener en cuenta que es un novela de Dickens, y que por ello vamos a encontrarnos con densas descripciones, larguísimas parrafadas de los personales y un ritmo bastante lento para lo que se estila ahora, pero aun así, la novela resulta interesante y entretenida. De hecho, al no tener edición electrónica en castellano, me decidí empezar por la original en inglés (que se puede obtener de forma legal aquí), pero rápidamente decidí tomar el libro en castellano ya que me pareció un inglés excesivamente difícil.
Aquí ya no hay personajes miserrímos, aunque sí miserables; Jonás Chuzzlewit es uno de ellos, Pecksniff, el arquitecto, otro, aunque de menor calaña. También hay grandes héroes, como el señor Tom Pinch, pero todos son gente más o menos normal y no esos atípicos y extraños individuos a los que nos tiene acostumbrados.
