Albert Salvadó: La gran concubina de Amón
Originalmente escrita en catalán, si en este momento estuviera en mi vena crítica absolutista, diría que la novela es una mierda pinchada en un palo. No porque esté mal escrita, no porque sea de un español (recordemos que Cataluña pertenece a España, y encima su nombre se escribe con ñ), no por ningún motivo concreto; si bien quizás sea una obra bastante buena desde el punto de vista de la literatura en castellano sobre temas egipcios, como obra literaria de ficción deja mucho que desear, por lo menos en lo que respecta al argumento, previsible, carente de originalidad extrínseca (intrínsecamente es un buen argumento) ya que siempre se habla de faraones, grandes generales, etc, exactamente igual que en otras miles de obras. Lo único un poco destacable, y que le da el título, es la preponderancia de las esposas y concubinas en las tramas políticas, tema que ya otros escritores también han explotado hasta la saciedad.
La historia no está mal narrada… si no es por una serie de saltos en el tiempo hacia adelante y atrás bastante pobremente conseguidos, pues hasta que no has leído una buena cantidad de páginas no te enteras de que han pasado varios años… hacia adelante o hacia atrás. El peor salto de todos ocurre durante la muerte de Herihor; si la novela fue premiada en su momento, no quiero ni imaginarme los bodrios que se presentaron simultáneamente… por no pensar otra cosa.
El argumento es uno más de entre los argumentos de las novelas sobre el Egipto faraónico: Ramsés XI hace como que reina pero son sus lugartenientes y su esposa quienes lo hacen, ya que el faraón no brilla ni por su inteligencia ni por su fortaleza; hasta tal punto llega su decadencia que un enviado a Tebas se erige en rey de esa ciudad y de todo el sur. Allí es enviado Herihor para que controle el levantamiento… y se levanta él mismo junto a otro general, Smenedes, que se reparten el primero el poder religioso y el segundo el poder político, a espaldas del faraón. Transcurren los años en uno de esos saltos tan mal traídos y Herihor muere y su cuerpo desaparece… convirtiendo las últimas páginas de la novela en algo medianamente interesante y que revela una trama inteligentemente urdida por el propio Herihor para evitar una nueva guerra cuando él muera. Como es habitual, el autor niega al lector cualquier posible pista para que éste se acerque lo más mínimo a desvelar la trama, y es otro punto más en contra dentro de otros muchos puntos en contra respecto a la calidad de la novela.
Retomando el tema de las ediciones, me repatea mucho que un libro que podría ocupar unas cien páginas se desparrame a lo largo de casi trescientas con un tipo de letra enorme y un interlineado todavía más grande. Como estamos sobrados de papel y éste es barato, pues nada, que el lomo de la novela destaque en las estanterías. En fin, más de lo mismo.
Y es que el libro se lee en apenas dos horas (comenzó siendo una lectura para coger sueño y terminó siendo un aperitivo, continuado con el primer capítulo de Dombey e Hijo –eso sí que es soporífero, por lo menos el primer capítulo).
Como siempre en este tipo de obras, una lectura para pasar el rato sin mayor preocupación.
