Donald Kingsbury: Crisis psicohistórica
Una patada en los bajos a Asimov y a su serie de la psicohistoria, con profundo hincapié en el mismo concepto central de su ciencia imaginada; no voy a entrar en detalles sobre cuál es el fallo que cometió Hari Seldon y que todos sus sucesores han sido incapaces de ver. Si quieres conocer el final, léete el libro.
La novela es lenta, pausada, demasiado diría yo. Juntemos todos los desvaríos del autor sobre la psicohistoria, ese análisis pseudocientífico con el mismo sinsentido que las otras novelas escritas por terceros dentro de lo que se ha convertido en una franquicia fabrica dólares, y obtendremos el meollo del libro. Lo cierto es que las disgresiones son demasiado largas, demasiado densas y con un aire de cientifismo decimonónico bastante pasado de vueltas, uno se imagina que está leyendo una novela de las más pesadas de Verne pero sustituyendo el submarino por el “fam”.
Acción hay poca, más bien se trata de un lento fluir hacia la conclusión final, que se resuelve gracias al uso de un simulador, evitando muertes innecesarias pero que desmejora en demasía la novela.
Nos encontramos a más de treinta mil años desde que los sucesores de Seldon fundaron el Segundo Imperio, un imperio en el que no hay guerras ni maldad, un imperio que está a punto de caer… Y entonces aparece Eron Osa y todo debe cambiar…
