Cosas mías

April 27, 2008

Plagio, plagio, plagio

Hace un tiempo recibí un mensaje de alguien que vio un texto idéntico a uno mío publicado aquí… Tras agradecérselo, me acerqué al lugar en cuestión y puse una notificación de abuso.

Pues que si quieres arroz Catalina, el texto sigue publicado y la gente de Yahoo (sí, Yahoo) no me han hecho ni puto caso…

Así que aparte de hacerlo público aquí, no descarto la opción de denunciar al interfecto y al propio Yahoo por omisión…

Pero vamos con los datos.

El plagio está en Yahoo respuestas, en la URL: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20080329200618AAPzmEN, y el texto copiado procede de aquí: http://rfog.blogsome.com/2006/12/01/jules-verne-el-chancellor/, y está copiado línea a línea.

El plagiador es un tal Fernando H que se puede localizar aquí.

Bueno, pues que lo sepas, Fernando H, eres un plagiador como una casa, y todos los puntos que hayas podido ganar con tus respuestas los acabas de perder de golpe, al menos moralmente, ya que ahora surge la duda de cuántas de tus respuestas son copias de otros sitios…

No me molesta que mis textos se reproduzcan por ahí, pero siempre, siempre, siempre, citando al autor con al menos su Nick.

March 4, 2008

Cierro el chringuito

Pues eso, que estoy algo cansado de forzarme a escribir una entrada válida para poner aquí (y no es que las que pongo sean de mucha calidad), así que de momento voy a dejar estar un poco el tema.

No es un cierre absoluto, sino más bien cautelar, ya que iré haciendo eco de mis entradas en Geeks y quizás ponga alguna otra cosa, pero no con la frecuencia habitual…

Pues eso, que hasta luego.

February 24, 2008

Cybook Gen3 y el botón que avanza las páginas

Hace como tres semanas que pudo más mi capricho que el sentido común y volví a caer en la trampa: adquirí un nuevo lector de libros electrónicos, en este caso el Cybook Gen3, y encima lo hice por la puerta grande, comprando el kit más caro de todos, que trae unos auriculares, una funda de supuesto cuero –y digo supuesto porque no tengo muy claro que lo sea-, un cargador de 220, y una batería extra.

Realmente ignoro qué equipo de ingenieros diseña estos aparatos, pero no tienen ni idea de ergonomía ni de robustez. Si en el caso del iLiad todas las operaciones se realizan desde un molesto pinganillo que cuelga de la parte inferior del aparato y que seguro iba a durar poco si se lee con él conectado, en el Gen3 tenemos casi el mismo problema, ya que la conexión para cargar el aparato se realiza a través de un cable USB normal y corriente… que se engancha en la parte inferior del aparato, igual que con el iLiad, aunque aquí la ventaja está en que si rompemos el cable podemos cambiarlo sin más problema que comprando un nuevo, y, si somos tan zarpas que también rompemos el conector del aparato, supongo que también se podrá cambiar con maña ya que se trata de un elemento estándar.

Pero lo más estúpido que uno pueda echarse a la cara es la conexión con los auriculares, que se realiza con un conector micro-jack situado al lado del USB (es decir, debajo del aparato); encima, los chicos listos del Gen3 te suministran unos auriculares con el cable recto (sin acodar), con lo que a poco que leamos tumbados vamos a tardar a romper los auriculares y el conector menos de lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio.

Quiero creer que esta gente no es muy espabilada (tanto la del iLiad como la del Cybook) y que simplemente se trata de desconocimiento, porque la otra opción no me gusta nada, y es que sería de mucha desvergüenza que lo hagan así para que se rompa pronto. Aparte de ilegal.

En mi caso, en cuanto se acabe la garantía del iLiad lo primero que haré es abrirlo y hacerme un conector de carga en un lateral, ya pondré fotos. Quizás también le ponga una batería de mayor capacidad si la encuentro. En el caso del Gen3 es un poco estúpido ya que el aparato no se puede utilizar si se está cargando…

Otra cosa que no me mola mucho del Gen3 es la duración de la batería. Ni de lejos eso soporta 8000 cambios de pantalla. Pongamos 4000 y quizás nos quedemos largos. En fin, otra mentira más. Y volvemos a lo de antes. ¿Es que no se dan cuenta que se pilla antes a un mentirosos que a un cojo? Aquí también quiero pensar que es por desconocimiento o por pruebas mal realizadas…

Pero por lo que sí que no paso es por la posible violación de la GPL por parte del Cybook, cosa que estoy en proceso de averiguar. Al menos el núcleo del aparato es un Linux, y no hay código fuente publicado. Ignoro si el visor PDF lo es, imagino que sí. Del menú principal y del Mobipocket me imagino que será algo propietario. Aunque IREX no va muy detrás, ya que todavía no han publicado el fuente de su última actualización…

De lo que debería aprender la gente del iLiad es de la velocidad del lector de Mobipocket integrado en el Gen3. Y de las personalizaciones posibles. Se ve que en el iLiad el formato PRC ha sido metido a martillazos, en el Gen3 está perfectamente integrado y funciona fluido, suave y rápido, de hecho es paso de página es rápido, mucho más rápido que en el iLiad. Por el contrario, el paso de página del visor de PDF es algo más lento, aunque con una velocidad más que aceptable.

Y no hablemos de los tiempos de carga, tanto durante el encendido como en la apertura del un documento. Los libros en formato Mobipocket se cargan casi instantáneamente, y los PDF con algo menos de velocidad, pero no a la desesperante lentitud del iLiad.

La presentación de los libros es algo más cutre en el Gen3 que en el iLiad, pero sin embargo permite mostrar más libros en pantalla, y no usa el formato barroco en xml, sino que extrae los metadatos del propio documento, de haberlos.

La funda de cuero es demasiado gruesa y los agujeros están un poco desplazados, de tal manera que si ya es un poco complicado pasar página con el aparato en sí, metido en la funda resulta un tanto doloroso. Imagino que con el tiempo las teclas se vayan soltando. Otro potencial problema son las teclas laterales, al estar en el canto del aparato y ser éste tan delgado, lo habitual es que pulses alguna sin darte cuenta. Y sacar la tapilla de goma para ponerlo a cargar, conectarlo al PC o enchufar los auriculares es toda una odisea con la funda puesta. Casi un trabajo de Hércules.

La SD de 2GB que viene con el kit está de origen formateada con FAT… y nada más insertarla el aparato arma de las suyas, corrompiendo el contenido y dejándolo inútil excepto para un formateo. Ahora la tengo en FAT32 y parece que funciona bien. Lo dicho, esta gente no se entera mucho.

Bugs. Bugs. Bugs.
Unos cuantos. El botón de borrar no funciona, en este caso es un “by design”, ya que lo pone en el manual.

Está el tema de la corrupción de la SD, que se produce si está formateada en FAT o si apagamos el aparato (o se apaga solo) mientras tenemos un libro abierto que esté situado en ella. En ese momento perdemos por dónde íbamos y la solución pasa por hacer un chkdsk de la tarjeta en un PC (y seguiremos habiendo perdido la posición). Aunque este problema no se presenta siempre, sí lo hace con la suficiente frecuencia como para resultar frustrante, ya que si en el caso del visor PDF tenemos la página por la que vamos, en el PRC sólo hay una barra analógica. Y anda que no cuesta volver al sitio en donde estábamos. Si el libro está situado en la memoria del aparato, este problema también se presenta, pero con menos frecuencia. Así que mejor será que salgas a la biblioteca antes de apagar el aparato.

No avisa de que se está quedando sin batería, es decir, si estás leyendo y el aparato decide que ya no le queda carga, se apagará y perderás el punto de lectura y posiblemente dejes corrupta la SD, y es que la pantalla de lectura no lleva indicador de batería. O lo uno o lo otro. Es decir, o ponen el indicador o avisan y cierran bien (más o menos como en el iLiad, que te avisa y si ignoras, al final se apaga bien).

Parece ser que el medidor de batería es bastante más impreciso que el del iLiad (que ya lo es de por sí).

También tiene problemas de conexión, o más bien a veces Windows (lo he probado en un XP y en un Vista x64) lo reconoce como una cámara… y cuando “la enciendes” o te sale un fondo azul como lo que ve la cámara o se activa la que tengas en el ordenador. Ya sabemos qué era originalmente el SDK y la placa de evaluación con la que hicieron el aparato.

La calidad de la pantalla, pese a ser una generación superior a la del iLiad, es mucho peor, y no me refiero al nivel de grises, sino a que un tamaño de letra que se ve estupendamente en el iLiad apenas se puede distinguir en el Gen3, aunque aquí supongo que también tendrá culpa el software.

Si leemos con el iLiad a plena luz del sol, la pantalla semeja ser papel de periódico un poco agrisado, sin embargo la del Gen3 tiene una especie de gránulo multicolor que por lo menos a mi me da la impresión de ser similar a lo que vemos cuando nos restregamos los ojos…

El servicio técnico es inexistente, es decir, no hay una dirección de correo electrónico clara a donde preguntar, ni un teléfono de asistencia, y según he podido leer por ahí, en general no suelen hacerte mucho caso con la excusa de que los correos son filtrados por su sistema de antispam… Mi experiencia es la de enviar dos consultas sin respuesta desde la dirección de correo desde la que se compró el aparato… y solucionar los problemas gracias a los foros de MobileRead.

Resumiendo
Para finalizar diré que el aparato me gusta pese a todas las pegas que he comentado, me gusta más que el iLiad aunque ahora valoro las características únicas de éste, como el mayor tamaño y calidad de la pantalla, la forma de trabajar con documentos PDF y la pantalla táctil.

Otra cosa a tener en cuenta es que el iLiad no resulta tan caro comparado con el Gen3. El primero vale 650 euros, el segundo, 350. Con el primero tienes una pantalla casi del doble de tamaño, de mejor resolución y calidad, así como la posibilidad de dibujar sobre ella.

En cuanto al software de lectura, el Gen3 gana al iLiad por goleada, pero cuando la gente de IREX se espabile los va a dejar a la altura de los talones, porque se trata de una máquina más rápida –con la paradoja de que ejecuta el software a menor velocidad- y con más posibilidades.

Finalmente, y espero que sea por mucho tiempo, he aquí mi resumen de gadgets con los que leo (con algunos hago otras cosas, pero todos me sirven para leer):

1. Dell x51v (PDA): Mi vieja, entrañable y venerable PDA, por la que han pasado más de un centenar de libros; todavía la uso para leer en inglés libros en formato Mobipocket, ya que es la que mejor uso hace del diccionario. Como hecho anecdótico, la batería dura más que la del iLiad.

2. iRex iLiad (eBook): Genial para leer PDF incluso en A4 si no van a doble columna. Lo uso cuando viajo para llevarme la documentación técnica en lugar de los tochos de manuales. Para Mobipocket no sirve dada la poca velocidad del paso de hojas y del diccionario.

3. Cybook Gen3 (eBook): Genial para leer Mobipocket y PDF, este último siempre que esté adecuadamente formateado. Aunque el diccionario funciona bien, la selección de la palabra resulta dificultosa porque al no ser la pantalla táctil, hay que ir con los cursores.

4. Q1Ultra (UMPC): Para leer PDF a todo color en A4, con la programación de las teclas rápidas es una gozada. La duración de la batería pasa de las tres horas, arranca y funciona muy rápido para ser un PC de estas características, y también se puede leer Mobipocket. No lo uso mucho porque cuando me doy cuenta, en lugar de leer estoy haciendo Sudokus o jugando al Hexic. Este me sirve para leer libros técnicos online.

5. PC: Sin comentarios. Con la pantalla TFT de 24 pulgadas que tengo es una gozada leer el Scientific American y otras revistas electrónicas, pero como soy un gandulazo, eso de leer sentado en una silla no es lo mío.

6. Mi biblioteca. Sin comentarios. Mi fuente principal. Unos 3000 volúmenes. Un 20% de ella todavía por leer, y aumentando. 1/3 de libros de ciencia ficción (una Ultramar casi completa, una espuerta de Martínez Roca negros…), 1/3 de libros de ciencia (mates, física, electrónica, informática…), 1/3 de otras cosas (novela histórica, best sellers, clásicos…).

January 16, 2008

Tom Clancy: El oso y el dragón

Filed under: Literatura

Otra gran obra de nuestro amigo, ambientada en Rusia y China. Ryan sigue siendo presidente de los Estados Unidos, esta vez electo, y se enfrenta a un serio problema: China va a atacar a Rusia para conseguir ciertos recursos recién descubiertos en Siberia. Pero Rusia no es lo que era, así que finalmente tienen que pedir la colaboración de los Estados Unidos.

Aunque la obra comienza con un atentado en Moscú, y sigue con la muerte de un diplomático del Vaticano en China, el eje central de la misma es el narrado en el párrafo superior, y como ya es habitual en Clancy, el texto se alarga demasiado aunque a simple vista no le sobra nada si no son esas introspecciones bastante absurdas de los personajes, y las no menos absurdas explicaciones técnicas.

Por lo demás resulta una novela entretenida aunque de desarrollo un poco lento, lo que a veces hace que te aburras un tanto.

Si no me equivoco, con esta termina la serie Jack Ryan, y aunque en otras series como OP-Center aparezcan personajes relacionados, nuestro personaje desaparece como personaje central. Y es que no podía ser de otra manera: Tom Clancy ha tratado todo lo tratable en cuanto a política ficción. Ha luchado contra todos los países, se ha aliado con todos los aliables… y como no haya un cambio político global dentro de poco, se ha quedado sin enemigos si no quiere repetirse… Aunque podría faltarle la lucha contra una invasión extraterrestre.

Me gustaría resaltar la evidente diferencia entre las acciones de guerra llevadas a cabo por Estados Unidos en la novela y las que hace en la realidad. En la novela nunca se equivocan, nunca hacen nada malo y siempre ganan… En fin.

January 4, 2008

Roger Penrose: Lo grande, lo pequeño y la mente humana

Filed under: Literatura, Ciencia

Un libro un tanto atípico, consta de tres capítulos escritos por el autor en los que explica su visión de la física cosmológica actual, de la teoría cuántica, y su controvertida teoría sobre la indecibilidad de la consciencia, esta última ampliamente criticada por casi todo el mundo. Luego le siguen tres comentarios de tres científicos (Abner Shimoni, Nancy Cartwright y Stephen Hawking) contrarrestando dichas opiniones y, finalmente, la respuesta de Penrose, seguida de dos apéndices del autor.

En primer lugar, el libro resulta excesivamente difícil debido a que las explicaciones están demasiado condensadas y son en exceso difíciles para un lego. Las respuestas de los otros científicos no es que sean más clarificadoras, más bien todo lo contrario, aunque la de Hawking se libra. Y la contraofensiva final de Penrose digamos que, simplemente, no se entiende y encima se va por los Cerros de Úbeda.

Bastante malo, demasiado difícil, y no es que los libros de Penrose sean fáciles, pero este se lleva la palma (excepción hecha, claro está, de su Camino a la realidad), realmente pienso que no vale la pena leerlo, ya que no aporta nada nuevo si se han leído sus dos obras anteriores: La nueva mente del emperador y Las sombras de la mente.

November 1, 2006

Daniel J. Boorstin: Los descubridores (Boorstin, I)

Filed under: Lecturas, Literatura, Ciencia

Editorial Crítica, 1986
The Discoverers, 1983
84-7423-296-1

Apología
He leído este libro al menos seis veces, posiblemente hayan sido 8 las lecturas realizadas, y en todas ellas preside el aspecto maravilla, la emoción de la lectura y el placer de lo bueno. No me canso de releerlo. Cada tres años una morriña, unas ganas locas de volver a cogerlo, llenan mi espíritu y la compulsión es de tal fuerza que no hay más remedio que satisfacerla. Por desgracia el libro sufrió un accidente, fue vícitma de una gotera en mi anterior vivienda, pero me da igual, esas lagunas onduladas que le cambian el color, y ese lateral manchado de aceite -jodidas visitas con críos a los que no vigilan-, todavía lo cubren de más gloria y explendor, porque un libro sobado, manchado, anotado, es síntoma de que se trata de un buen libro.

Debo dar gracias públicamente a la librera que me lo ofreció; no recuerdo su nombre, pero gracias. En mi época adolescente, plenamete capturado por la ciencia ficción, este libro supuso un remanso entre tanta nave espacial y tantos rayos láser, entre tanto vaquero del espacio y, por qué no decirlo, tanta obra mesíanica y de culto, como la serie de Dune y algunas obras de Verne.

Este libro abrió mis ojos a la maravilla de la ciencia, más incluso que otros asimovianos; tras leer a Boorstin, Asimov queda demasiado simple, demasiado sencillo, demasiado pobre. Y no es que Asimov sea malo, sino que Boorstin es mejor, mucho mejor. Cada párrafo, cada frase, está llena de esa magia indescriptible, de ese efecto maravilla por el que un mono un poco más adelantado que sus congéneres ha conseguido llegar a donde está.

Este libro cuenta la aventura del hombre como descubridor, del hombre insatisfecho que busca ir más allá, llegar a la terra incognita, cruzarla, y descubrir en ese momento que lo que antes era incógnito se ha convertido en algo mundano y carente de toda excitación, para vislumbrar más allá una nueva terra, todavía más incognita. O como no dijo Aldrin (y a su vez parafraseando a otros), un pequeño paso para mi, un pequeño paso para la humanidad, un paso que nos acerca infinitésimamente al océano cósmico, a este mono que siempre se encuentra en esa interminable orilla llena de granitos de arena que para nosotros son piedras casi infranqueables pero que, con el tesón que nos caracteriza, es capaz de sortearlas, subirlas, romperlas y descubrir la perla que hay en su interior.

Son 700 páginas de apretado texto en formato cuartilla, y cuando terminas de leerlo descubres que querías siete mil, setenta mil. Es impsible resumirlo, su resumen es el libro mismo. Cada párrafo está lleno de conceptos, de ideas. No hay desperdicio. No hay momento de pausa. Y quieres más, siempre quieres más. Y tras casi veinticinco años, sigue siendo igual de actual e igual de intersante, continua vivo y no creo que muera nunca.

Contenidos
Tras la nota personal al lector, en el Libro Primero, Boorstin nos habla del tiempo, pero del tiempo no como concepto físico, sino del tiempo como elemento a controlar por el hombre. La historia de los calendarios, de los relojes de arena, de agua, de sol, mecánicos. Por qué el hombre occidental quiso medir el tiempo, y cómo no lo medía el oriental. Misioneros en la China Celestial, autómatas mecánicos, gremios, el invento del péndulo, del mecanismo de escape. Los grandes relojes catedralicios, cómo al principio sólo dividían el día en cuatro partes, luego le pusieron números y más tarde llegaron a los minutos y segundos. Los monjes debían rezar a ciertas horas, los barcos debían conocer su longitud y su latitud. El invento del cronómetro y de la bitácora. Por qué el sistema sexagesimal, por qué se cometieron los errores de cálculo a la hora de confeccionar calendarios. Desde la más antigua mesopotamia hasta la pre-modernidad medieval, pasando por Egipto, Grecia, Roma, China, África…

En el libro segundo podemos intuir a los primeros navegantes, a sus preocupaciones y sus problmeas para hacerse a la mar y llegar a destino. Y a los cruzados a Tierra Santa, a la búsqueda del paso a China bordeando África, de Marco Polo y sus viajes, de la Ruta de la Seda, podremos ver a los chinos expandiéndose por el mar y luego retirarse, veremos a Ptolomeo y su sistema cartográfico, veremos los errores de los cristianos a la hora de trazar los mapas en forma de T, veremos cómo los portulanos ayudaban a los marinos, y a Enrique "el Navegante" financiar y forzar el rodeo de Africa. Concoceremos a Eric el Rojo y su llegada a América antes de que fuera descubierta, y asistiremos a Colón y sus descubrimientos en todo su explendor y fuerza, así como a Magallanes y sus formidables penalidades, amén de otros muchos.

Si en el libro primero Boorstin nos trae al hombre descubridor y medidor del tiempo, y en el segundo al descubridor de nuevas tierras, en el tercero nos lo presenta como inventor y desentrañador de los misterios de la naturaleza. Asistiremos al invento del telescopio y del microscopio. Asistiremos a la investigación del interior humano, al nacimiento de la medicina y de la muerte de las creencias tradicionales. Veremos a Newton, a Leibniz, a otros muchos investigadores de la física; asistiremos al nacimiento de la comunidad científica moderna y de cómo uno de sus padres (Oldenburg) es hoy en día un completo desconocido. También veremos el nacimiento de las ciencia naturales, y las modernas técnicas de clasificación taxonómica, así como de la teoría sobre el origen de las especies…

En el último libro Boorstin nos cuenta el origen de la historia y de la arqueología, de la economía moderna, de la estadística y, finalmente, de la teoría atómica.

Pero no piense el lector que he resumido todo lo que el autor nos cuenta, no. Tan sólo he hecho un breve repaso completamente superficial sobre los temas que trata, nada más que un simple bosquejo del contenido del libro; ya lo he dicho más arriba: no se trata de una obra resumible ni fácilmente abarcable. Es tanto de lo que habla que resulta prácticamente imposible citar todos los temas. La única solución es leerlo, pero te aviso que si lo haces, repetirás.

Marginalia
Un libro como estre ha de ser anotado por el lector. Es imposible que una lectura de este calibre no despierte inquietudes e ideas en el lector y, como tal, mi tomo está profusamente anotado, con una ingente cantidad de subrayados y comentarios al margen, de los que voy a hacer una pequeña selección.

Subrayado, en la página 71, para público escarnio y befa de la iglesia católica mundial: "En el mismo momento en que Galileo estaba siendo juzgado en Roma por el papa a causa de sus supuestas herejías, los jesuítas predicaban en Pekín el evangelio galileano."

Página 163, Boorstin dice: "… y se cree que fueron navegantes embarcados en errabundos barcos de vela quienes dejaron antiguas monedas romanas en Venezuela." Yo más bien pienso que fueron puestas allí con posterioridad, quizás sea un buen punto a investigar, aunque seguro que alguien lo ha hecho ya…

Página 284, Boorstin habla de que los viajes de Cook fueron los primeros viajes financiados por un gobierno con el único fin de la investigación, lo que evidentemente no es cierto, puesto que todas las tierras descubiertas debían ser reclamadas por el gobierno inglés, de modo que primeramente fue un viaje de descubrimiento de nuevos territorios (el famoso e inexistente "continente sur", tan goloso para todas las naciones en aquella época) y luego de investigación (ya que se iba, si no se encontraba nada, al menos se aprovechaba el viaje).

Página 331. Se termina de discutir el tema de la condena de Galileo por la iglesia. A Boorstin se le olvida el caso de Giordano Bruno, que fue quemado en la hoguera y que, junto al caso de Galileo, ha hecho perder a la Iglesia Católica cualquier credibilidad y seriedad a la hora de tratar temas científicos. Cuando todo el mundo creía a Galileo, a Kepler y a Copérnico, y sus descubrimientos eran casi evidentes por sí mismos hasta en la época en la que fueron hechos, los curas se dedicaban a tensar hasta lo imposible la cuerda de su control político y social… Y perdieron, como era de rigor.

Página 518, Boorstin dice: "En el siglo XX, la tecnología del sonido grabado ha hecho posible los "libros parlantes", que se encontraban entre los objetivos de Edison cuando inventó el fonógrafo. Sin embargo, no se ha encontrado todavía sustituto al invento de Braille." Qué razón tienes, jodío, y 25 años después, con todo el despliegue tecnológico actual, seguimos igual. A ver si alguien se apunta.

En la página 565 y siguiente, nos cuenta la historia de Schliemann como inventor de la arqueología moderna y descubridor de Troya y otros hallazgos similares; quizás el Indiana Jones del cine sea un homenaje a este señor, los paralelismos son evidentes.

September 22, 2006

Galdós, otra opinión

Dicen que los enlaces están para algo, y aquí demostramos esa veracidad. Como consecuencia de mi decisión de leer a Proust y el hecho de poner un comentario en el grupo de literatura (ver mi anterior entrada del blog), Juan Carlos decidió hacer clic en el enlace que habitualmente aparece en mi firma en los mensajes de correo y noticias… Lo que le llevó a descubrir que compartimos una afición común, aunque él con mucha más intensidad que yo: Benito Pérez Galdós.

Y me puso un correo que no tiene desperdicio alguno, así que con su permiso lo publico aquí, para conocimiento general:

Como he visto que lo lees, quería comentar solamente que descubrí una curiosa errata en La Fontana de Oro, hacia el cap. XL o XLI, cuando se habla de Fernando VII. Por un error del texto hacia el final de un párrafo pone "1823", cuando debería poner "1833", que es el año en que murió Fernando VII. Este error está en todas las ediciones. Aguilar, Alianza, Cabildo de Canarias… (porque parten de las mismas ediciones antiguas). Escribí a la casa de Pérez Galdós y a la editorial del Cabildo (ejemplar donde lo vi por vez primera) para decirlo, y que cotejando el manuscrito (que se converva) saber si es un error de Galdós o una errata de edición que ha perdurado hasta hoy (ésa es mi teoría). Por supuesto, ni se han molestado en contestar, tal como yo esperaba. Finalmente, lo pondré en una entrada de mi blog cuando me quepa.

Sobre el teatro de Galdós: Las obreas basadas en novelas, como Casandra, El Abuelo, La loca de la casa, no son mejores que la novela (aunque Casandra es casi tan buena). De todas maneras, deben leerse Electra y La de San Quintín, las dos más interesantes (hay edición en Cátedra en un volumen, por si no tienes el tomo d eAguilar). El resto, vamos, no pasa nada si uno se lo pierde (de todas maneras, yo me he leído todo Galdós, todo…)

Sobre Halma: este es un descubrimiento que hice tras su lectura hará un año y medio: resulta que Buñuel se inspiró en ella para su Viridiana, y nadie se ha dado cuenta, sin duda porque es una novela muy poco leída y divulgada. Buñuel ya había adaptado unos años antes Nazarín, y era buen lector de Galdós, con lo que es evidente que le quedó el recuerdo de Halma cuando se puso a buscar tema para rodar una película en España, que sería Viridiana. Sin embargo, nadie lo ha advertido nunca (aunque algunos creen que Viridiana es una novela de Galdós, sin duda por su parecido fonético con Tristana y su ignorancia supina…). Finalmente, lo comuniqwuñé a una web cinematográfica americana, para que quedara constancia, y cuando abrí mi blog, lo puse en una de las entradas, para más constancia (el día de mañana saldrán 300 personas atribuyéndose el descubrimiento).

Finalmente, para no cansar, Gregorio Morán escribió hace unos años en un artículo que Ortega Munilla "escribió novelas mucho mejores que las de Galdós". A propósito de esto escribí sobre Ortega Munilla un artículo en mi serie "Autores olvidados" del blog, tras leer la única novela disponible de este autor "que escribió novelas mucho mejores que cualquier de las de Galdós".

Ver que hay galdosianos me anima a poner algún día algo sobre Galdós en el blog, aunque no es lo mío tratar estos temas. Por cierto, Cátedra hizo una edición horrible de La familia de León Roch,  con un estudio vergonzoso en que erratas del texto eran tomadas y estudiadas buscando su significado (el autor del estudio no se dio cuenta de que eran erratas de la edición), aparte de que viene ofrecita con toda una colección de erratas propias inmensas…

Respecto a la errata, en mi edición de Aguilar no lo he mirado -estoy perro-, pero en el Proyecto Cervantes Virtual, sí. Apuntad el navegador a esta dirección, buscad 1823 y e voilà, ahí está el error. Pero mi opinión es la contraria a la de Juan Carlos, y se trata de un error del propio Galdós, porque las digitalizaciones de las obras aquí citadas se han hecho de los documentos originales, aunque podría estar, claro, equivocado.

Literatura de altura… demasiado alta

Filed under: Lecturas, Literatura

Decidí leer En busca del tiempo perdido, de Proust, un tocho que Alianza publicó en siete volúmenes de muchas páginas y yo tengo en dos tomos a doble columna y letra minúscula…

Pues sintiéndolo mucho, no pude llegar a la mitad de la segunda parte del primer libro. Es superior a mi. En un principio fueron esas frases largas, encadenadas a veces sin mucho sentido, y esos párrafos enormes de varias páginas, con cambios de contexto en el centro de los mismos, hasta en medio de una frase.

Añadamos que se trata de una autobiografía encubierta y novelada, pero de una densidad enorme, con vueltas y vueltas sobre un mismo tema, pasar de uno a otro y volver al anterior, con una precisión quirúrgica, una intensidad que si al principio me resultó pesada, luego más o menos interesante -cuando me acostumbré a las frases largas-, al final se volvió de una pesantez soporífera…

En fin, que abanadono, no pienso leer tamaño libro. Y eso que lo he intentado hasta en formato elecrónico, mucho más digerible para mi. Lo siento por los forofos de Proust, y porque será una gran obra, pero a mi me resulta insulsa, pesada, lenta y obsesiva. Sinceramente, no le veo el asunto, para mi Proust muestra que es un indivíduo demasiado obsesivo, demasiado dentro de sí mismo.

Y eso que en el grupo de literaruta (es.humanidades.literatura) me han puesto comentarios tan sabrosos como éstos:

Amelie me dice

Llegará Proust a ser un gran escritor o morirá en su mediocridad…Al final muere; no obstante, la grandeza de su búsqueda…

PS: Después del séptimo volumen me dieron ganas de empezar de nuevo.

Leo dice

Proust te puede gustar o no.  Y eso dependerá de ciertas variables que te afectan como lector en un sentido u otro.

A mí no me gusta Proust porque me parece una ociosa charla pequeño burguesa.  Su estilo, de apariencia culta y refinada, me hace bostezar.

Frozenjourney comenta:

Proust es lo opuesto a Joyce. De hecho, Joyce y Proust señalan los dos caminos de la literatura moderna, pero son caminos opuestos. Generalmente, a quien le gusta Joyce no traga a Proust, y viceversa. Son demasiado opuestos.

Tony Jobim Brazil rescata para mi la opinión de otros contertulios, que cito:

1. Francisco Rodriguez Fecha: Mié 14 ago 2002 18:54

Estoy intentando leer el segundo tomo de En busca del tiempo perdido, llamado A la sombra de las muchachas en flor. Ya leí el primero: Por el camino de Swan.
Con Proust ocurre algo curioso: es un escritor que existe y no existe. Quiero decir: aparece citado en todos los manuales de literatura del siglo XX como uno de sus tres grandes exponentes (junto a Kafka y Joyce), pero aparte esos libros enciclopédicos no existe demasiado para el lector común (y me atrevería decir para el que no es tan común). O me lo parece a mí. Es algo como así como Montaigne, al que todos citan pero nadie lee. Yo llevo cuatro años conectado a estas news y si tuviera que señalar con el dedo a algún amigo patiense como "forofo" de Proust, no podría hacerlo. ¿Hay alguien aquí que tenga a Proust como uno de sus escritores preferidos, que lo lea con placer una y otra vez?

Lo pregunto más que nada (de ahí mi post) para ratificar o confrontar mi opinión sobre Proust, que es la anteriormente escrita (no es un autor muy leído). Lo poco que he leído suyo me parece anacrónico. Personajes pedantes dentro de situaciones sobredimensionadas, frases hiperlargas a veces (por las que se ha hecho famoso), una sociedad meliflua (que uno no sabe muy bien si es una crítica o no; se sabe que Proust frecuentaba mucho los círculos sociales)… Lo confieso: me aburre este hombre, no hay nada en su obra para mí. No soy quien para hacer una crítica sobre su obra pero da la sensación de que no ha envejecido muy bien.

Nadie se ofenda si le gusta mucho Proust, en el fondo doy por hecho que es un gran escritor (aunque a mí no me agrade). Más que nada quería saber si hay algún seguidor incodicional por aquí que pueda señalar por qué le gusta tanto. (No vale ir al Encarta antes, un poco de seriedad, jaja)

Saludos
P.D: Leopoldo, y tú no digas nada, que te conozco…  :) ))

2. De: Ivan Emmler Fecha: Mié 14 ago 2002 20:11

Hola.
Yo he leído el primer tomo de "En busca del tiempo perdido". Ciertamente no andas desencaminado en la descripción formal que haces de su obra: él mismo era un snob de la sociedad francesa de su tiempo y ello está perfectamente reflejado en la primera parte de la obra. Al igual que Joyce y que Kafka, no se puede a leer a Proust con los ojos
de un lector de novela tradicional, puesto que la composición, forma y trama de sus respectivas novelas difiere mucho de la supesta norma establecida. Recuerdo una cita de Albert Camus que decía algo así como "a Kafka hay que releerlo", frase en la que creo que se resume todo.

Luego pienso que es imposible leer de corrido  "Ulises", "El castillo" o "En busca del tiempo perdido" sin aburrirse. Se necesita una especial atención a las situaciones, los diálogos, las expresiones utilizadas por el narrador y los personajes, una predisposición que muchas de las novelas contemporáneas no requieren, y que a pesar de ello resultan entretenidas. Un modo de lectura diferente.

En un prólogo de la edición de Salvat a las tres partes del primer tomo se decía que "En busca del tiempo perdido" "[…] no es una novela, sino un manual de sentimientos […]", y no me parece desacertada la opinión.

En "Combray", por ejemplo, Proust dedica más de una decena de páginas a describir cómo su madre le arrullaba por las noches y cuando crece empieza a abandonar esa costumbre. Es una escena tiernísima, en la que el pequeño Proust sufre una tremenda angustia mientras espera en vano que su madre suba a su habitación a contarle un cuento o a acariciarle
la mano. Esto puede parecer una tontería en la teoría de la novela actual, pero emotivamente lo veo mucho más sólido que algunas descripciones en dos líneas. Hay otros pasajes memorables en "Combray": el desfile de los soldados por la puerta de su casa, la relación entre su tía y la sirvienta y los sentimientos que genera en ésta la muerte de aquélla… son pequeñas perlas sin unidad narrativa dentro de la historia, pero trazadas de una manera magistral, limpia, brillante.

"Combray" es mucho más descriptivo que "Unos amores de Swann". En éste último se cuenta la relación del amigo de la familia, Swann, con una joven chica pertenciente a la alta sociedad, Odette. No ocurre nada más. Sin embargo, uno no puede quedar impasible ante las escenas que se suceden en el "cogollito" (que a veces me recuerda un poco al comportamiento del Patio, sin ánimo de ofender). Los personajes de la alta esfera son representados con una hipocresía que parece natural, con los clásicos chistes snobs típicos de personas engreídas, superficiales, mientras Swann tiene que enfrentarse a todos ellos por el amor de Odette. A medida que avanza la relación entre Odette y Swann, los celos toman las riendas de la vida del hombre, haciéndo insufrible su amor. Hay un pasaje referente a esto de una fuerza impresionante, Swann se dirige completamente cegado por los celos a casa de Odette, esperando encontrarla allí con otro hombre. El sufrimiento, el dolor de descubrir el engaño es tan poderoso, tan sumamente real, que el lector atento sufre cuando Swann descubre la luz de la habitación de Odette encendida, ¡sólo con ese detalle minúsculo!. El gusto de Swann por un tema de Vinteuil, el desencanto posterior, la doble vida de Odette… todo ello es un delirio. Por supuesto, es aburrido a los ojos rápidos. Por eso creo que hay tomar conciencia de que se va a leer a Proust, como se toma conciencia cuando se lee a Joyce o a Kafka (exceptuando quizá, "Dublineses" o "La metamorfosis").

Si se termina la lectura de forma natural, es decir, sin verse obligado, me atrevería a decir que motiva y enseña mucho más que la lectura frenética de un autor moderno.

Ivan Emmler.

Y el propio Tony me dice:

Eso, pasito a pasito, sin prisas como dice una de las opiniones que te he puesto. Si con un libro de este tipo lees veinte páginas un día y dos páginas el siguiente, no pasa nada. Como ya dije aquí o en el foro de ficción no hay que tener prisa para terminar los libros (excepto cuando eres un profesional del ramo agobiado por los plazos de entrega). Si Proust ha sobrevivido hasta nuestros días como un clásico es que sigue siendo leído en mayor o menor medida, aunque ello no significa que tenga que gustar a la fuerza.

O’Flaherty, me da también una referencia para entender a Proust:

No me cansaré de recomendar a todo el que quiera meterle mano a ‘En busca del tiempo perdido’, el capítulo que Nabokov le dedica en su ‘Curso de literatura europea’. En él nos desentraña el sentido de esa obra: nada ocurre en realidad, absolutamente nada, solo son juegos de la memoria de Marcel, que unas veces avanza, retrocede, o da vueltas sobre si misma.

Alguien comenta algo más en el hilo, en Google aquí, pero creo que lo puesto es lo más importante. Lo siento, a todos os lo digo, por las molestias que os habéis tomando, pero no puedo con él.

:-(

August 4, 2006

Nunca llueve a gusto de todos

Acabo de leer en Microsiervos una entrada escrita por Wicho sobre La misteriosa llama de la reina Loana. Yo también puse una aquí cuando leí el libro.

Lo curioso del tema es que Wicho critica lo que a mi justamente me ha gustado del mismo, y yo critico lo que a Wicho le ha parecido bien. Bueno, justamente no es así. A Wicho le gusta el inicio de la novela, yo lo veo como una mera introducción para lo que a Wicho no le gusta y a mi sí. En lo que estamos de acuerdo es en el final, que ambos consideramos pobre pero por motivos diferentes, así que imagino que será pobre de verdad.

Es curioso esto de los gustos, yo no leería un libro que tratara el tema de la memoria y su papel en quienes somos y sí uno en el que durante unas 180 páginas se convierte en una especie de catálogo de anticuario en la que Eco va contándonos lo que el protagonista de la novela va encontrando el las estanterías o guardado en cajas en el ático. La cursiva son palabras textuales del blog, y no sólo leería 180 páginas sobre ello, sino muchas más.

Si el libro sólo me hubiera gustado a mi, o a Wicho, Eco habría vendido sólo un ejemplar… ¿Será por eso por lo cual ningún libro nos llena del todo, sobre todo libros modernos? Quizás Eco (y otros) hayan descubierto la Piedra Filosofal.

May 14, 2006

Benito Pérez Galdós: El amigo Manso (1882)

Santillana Ediciones Generales, 2003
84-03-09479-5
Del Fondo Editorial Aguilar, Obras completas de Benito Pérez Galdós, Vol. III, pp. 207-336

Lectura número 0042/2006

Aquí un buen artículo sobre la novela.

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